Buenos Aires, 14 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El INDEC dará a conocer este jueves a las 16 el dato de inflación de abril, una medición que llega con una expectativa casi unánime entre consultoras privadas: el índice habría perforado el 3% mensual y marcaría una desaceleración respecto del 3,4% registrado en marzo. Sin embargo, el alivio estadístico no significa, todavía, alivio pleno para los hogares, donde alimentos, transporte, combustibles, alquileres, salud y servicios siguen ordenando la economía real con más crudeza que cualquier planilla técnica.
El dato será leído con especial atención por el Gobierno de Javier Milei, que necesita mostrar que el proceso de desinflación vuelve a tomar fuerza luego de diez meses consecutivos de aceleración. Marzo había dejado una señal incómoda: 3,4% mensual, 9,4% acumulado en el primer trimestre y una presión marcada en rubros sensibles como Educación, que trepó 12,1%, y Transporte, que subió 4,1% por el impacto de combustibles, transporte público y pasajes aéreos.
Las proyecciones privadas coinciden en que abril habría sido mejor. EcoGo estimó una inflación de 2,5%; Libertad y Progreso calculó 2,4%; Orlando J. Ferreres proyectó 2,6%; Analytica ubicó su previsión en 2,8%; mientras que el REM del Banco Central de la República Argentina marcó una expectativa de 2,6% mensual. El rango, en síntesis, se mueve entre 2,4% y 2,8%, una zona que permitiría al oficialismo mostrar una baja, aunque todavía lejos de una normalidad inflacionaria comparable con países ordenados.
El anticipo más cercano llegó desde la Ciudad de Buenos Aires, donde el índice porteño marcó 2,5% en abril, contra el 3% de marzo. En los primeros cuatro meses del año, el acumulado porteño llegó al 11,6%, mientras que la variación interanual se ubicó en 32,4%. Según el informe de la Dirección General de Estadística y Censos porteña, las divisiones que más empujaron el nivel general fueron Transporte, Vivienda, Alimentos, Restaurantes y hoteles y Salud, que explicaron en conjunto el 70,2% del aumento mensual.
El corazón del problema sigue en la persistencia de precios clave. Aunque las consultoras advierten que se habría agotado buena parte del traslado a precios de la devaluación preelectoral y también parte del shock transitorio en combustibles por la tensión en Medio Oriente, la economía argentina continúa expuesta a factores externos que no dependen de la voluntad local. Si el petróleo vuelve a presionar, el surtidor argentino puede transformarse otra vez en una correa de transmisión directa hacia góndolas, logística y tarifas.
En alimentos, las mediciones también muestran una baja relativa, aunque sin una mejora contundente para el consumidor. LCG relevó una suba de alimentos de 1,3% en la última semana de abril y un promedio de 1,7% en las últimas cuatro semanas. Analytica, por su parte, informó una variación semanal de 0,9% en alimentos y bebidas vendidos en supermercados, con un promedio de cuatro semanas de 1,3%. Son números menores, pero todavía positivos: los precios no bajan, suben menos.
El REM también anticipó una desaceleración gradual para los próximos meses: 2,3% en mayo, 2,1% en junio, 2% en julio y recién una perforación del 2% en agosto, con una previsión de 1,8%. Para todo 2026, el relevamiento elevó su estimación anual a 30,5%, un dato que muestra que el mercado acompaña la idea de desaceleración, pero no compra todavía una película de inflación definitivamente derrotada.
Para el Ministerio de Economía, el número de abril puede ser una bocanada de oxígeno político. Si el INDEC confirma un registro cercano al 2,5%, el oficialismo podrá presentar el dato como una señal de recomposición del programa económico y como una prueba de que la política de orden fiscal empieza a imponerse sobre la inercia inflacionaria. Pero el desafío será más difícil que celebrar una décima menos: deberá lograr que la baja del índice se transforme en recuperación del salario real, crédito, consumo e inversión.
La Argentina ya conoce demasiado bien la diferencia entre desacelerar y estabilizar. Abril puede traer una buena noticia técnica, pero el examen verdadero seguirá en la calle: supermercados, estaciones de servicio, prepagas, expensas, alquileres y tarifas. Allí, donde la estadística se vuelve bolsillo, el Gobierno tendrá que demostrar que el descenso de la inflación no es apenas una pausa, sino el inicio de un cambio más profundo.





