Buenos Aires – 30 junio 2026 – Total News Agency – TNA — Javier Milei le tomó juramento este martes a Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete, en una ceremonia que buscó mostrar orden político, respaldo de gobernadores y una transición controlada tras la salida de Manuel Adorni, pero que terminó dejando una imagen de fuerte impacto simbólico: el Presidente convocó con un gesto al funcionario saliente, investigado por presunto enriquecimiento ilícito, y los tres se fundieron en un abrazo prolongado que duró más de diez segundos.
La escena ocurrió en el Salón Blanco de la Casa Rosada, después de la lectura formal del decreto presidencial que oficializó el recambio. Santilli juró como ministro coordinador en reemplazo de Adorni, cuya renuncia fue aceptada mediante el Decreto 548/2026, publicado este martes en el Boletín Oficial. La norma también aceptó la renuncia de Santilli al Ministerio del Interior y lo designó formalmente como nuevo jefe de Gabinete de Ministros.

El acto, previsto como una señal de relanzamiento político, tuvo una fotografía que excedió el protocolo. Al finalizar el juramento, Milei saludó a Santilli y luego le hizo señas a Adorni, que estaba ubicado muy cerca, para que se acercara. El ex jefe de Gabinete respondió al gesto y se produjo un triple abrazo entre el Presidente, el funcionario entrante y el funcionario saliente. La duración del saludo, superior a los diez segundos, resultó llamativa para un ex ministro coordinador que no dejó el cargo por un simple desgaste administrativo, sino en medio de una investigación judicial por presunta corrupción.
La imagen no pasó inadvertida. En términos políticos, el abrazo buscó transmitir continuidad, respaldo humano y una despedida sin ruptura pública. Pero, al mismo tiempo, expuso una contradicción difícil de disimular: Milei despidió con afecto público a un jefe de Gabinete cuya situación patrimonial había erosionado el discurso anticasta del oficialismo y había provocado tensiones con aliados, gobernadores y legisladores. Reuters informó que Adorni renunció en medio de una investigación por presunto enriquecimiento ilícito, gastos personales cuestionados y controversias vinculadas a viajes y bienes.
El ex vocero presidencial y luego jefe de Gabinete había quedado bajo una presión creciente desde el Congreso. La oposición impulsaba pedidos de interpelación y sectores aliados comenzaban a advertir que su permanencia complicaba la agenda legislativa. El País señaló que la salida de Adorni respondió a una crisis política y judicial que había terminado por bloquear acuerdos parlamentarios y profundizar divisiones dentro de los espacios que acompañan al Gobierno.
La presencia de Adorni en la ceremonia generó lecturas encontradas dentro del propio oficialismo. Algunos funcionarios consideraban lógico que participara del traspaso, ya que estaba prevista una reunión de transición entre los equipos saliente y entrante. Otros, en cambio, evaluaban que su asistencia estiraba una exposición innecesaria y colocaba nuevamente en primer plano una causa que la Casa Rosada intenta dejar atrás.
El gesto de Milei fue todavía más significativo porque se produjo frente al gabinete en pleno, legisladores nacionales, autoridades parlamentarias y un número importante de gobernadores. Estuvieron presentes, entre otros, Karina Milei, Patricia Bullrich, Martín Menem, Cristian Ritondo y mandatarios provinciales que acudieron como señal de apoyo al nuevo jefe de Gabinete. La asistencia de los gobernadores fue interpretada por el Gobierno como un activo político de Santilli, quien desde el Ministerio del Interior había reconstruido vínculos con provincias después de meses de tironeos.
Entre los mandatarios presentes estuvieron Raúl Jalil, de Catamarca; Leandro Zdero, de Chaco; Juan Pablo Valdés, de Corrientes; Carlos Sadir, de Jujuy; Alfredo Cornejo, de Mendoza; Rolando Figueroa, de Neuquén; Alberto Weretilneck, de Río Negro; Marcelo Orrego, de San Juan; Claudio Vidal, de Santa Cruz; Osvaldo Jaldo, de Tucumán; Rogelio Frigerio, de Entre Ríos; Gustavo Sáenz, de Salta; Jorge Macri, de la Ciudad de Buenos Aires; y Martín Llaryora, de Córdoba.
La convocatoria a los gobernadores no fue casual. En la Casa Rosada explicaron que se trató de una deferencia institucional hacia quienes habían construido una relación más fluida con Santilli durante su paso por Interior. Ese vínculo será ahora uno de los principales capitales del nuevo jefe de Gabinete, porque el Gobierno necesita votos para avanzar con reformas estructurales y no cuenta con mayoría propia ni en Diputados ni en el Senado.
Santilli se convierte así en el cuarto jefe de Gabinete de la gestión Milei, después de Nicolás Posse, Guillermo Francos y Manuel Adorni. Esa rotación, en apenas dos años y medio de gobierno, expone las dificultades del Presidente para estabilizar el área encargada de coordinar ministros, ordenar la gestión y sostener la relación política con el Parlamento.
El nuevo ministro coordinador llega con oficio político, relación con mandatarios provinciales y vínculos con el PRO, pero también con una carga simbólica propia. Milei, que hoy lo presenta como una pieza clave para ordenar el Gobierno, lo había insultado durante la campaña y cuestionado por su estilo de vida. La frase que volvió a circular tras su designación fue contundente: “El Colorado hijo de puta de Santilli debería explicar cómo lleva el estilo de vida que tiene”. La paradoja es evidente: el Presidente designa ahora a un dirigente al que antes acusaba por cuestiones patrimoniales para reemplazar a un jefe de Gabinete que cayó, precisamente, por sospechas patrimoniales y judiciales.
La jura de este martes, por lo tanto, tuvo más de una lectura. Por un lado, exhibió poder político, presencia de gobernadores y un intento de recomposición tras semanas de crisis. Por otro, dejó la imagen incómoda de un Presidente abrazado durante largos segundos a un ex jefe de Gabinete investigado por corrupción, mientras consagraba como reemplazante a un dirigente del PRO al que en el pasado había atacado con extrema dureza.
El Gobierno pretende que la llegada de Santilli marque una etapa de “oxigenación” y mayor profesionalización política. El desafío será demostrar que el recambio no es apenas una salida de emergencia, sino el inicio de una conducción más ordenada. Sin embargo, la escena del triple abrazo dejó una señal ambigua: Milei quiso cerrar el ciclo Adorni sin soltarlo del todo.
En una administración que hizo de la superioridad moral una bandera de campaña, la foto del Presidente, el nuevo jefe de Gabinete y el funcionario saliente investigado por presunto enriquecimiento ilícito puede convertirse en una postal difícil de explicar. La política mostró unidad. La Justicia, en cambio, seguirá su propio camino.





