Facundo Moyano salió a los medios para explicar el episodio protagonizado con Candela Arizaga, pero terminó abriendo otro frente cuando aseguró que lo que más le molestaba era que alguien pudiera creer que necesitaba “pagar” para estar con una mujer y agregó que sus parejas, incluida su ex esposa Eva Bargiela, siempre eran señaladas como “gatos”, “cartel” o “cortina”. Bargiela respondió que no quiere saber nada de él, que recordar aquella etapa incluso le resulta una falta de respeto hacia su actual familia y deslizó que durante ese período “la pasó mal”. La defensa elegida por Moyano deja una pregunta inevitable: si, como él mismo plantea, las mujeres con las que estuvo eran permanentemente calificadas de esa manera, ¿qué necesidad existe de demostrar públicamente que no pagaba por ellas? Sin pretender convertir una entrevista televisiva en un diván, hasta Freud habría encontrado material en semejante obsesión por probar algo que nadie estaba obligado a probar. Por otro lado, los memes como la imagen que ilustra esta publicacion, comenzaron a circular y este habla por si solo.
Buenos Aires – 12 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- Facundo Moyano pretendía explicar públicamente el episodio del 4 de agosto que terminó con Candela Arizaga corriendo semidesnuda por la avenida Del Libertador, un operativo policial, su detención durante algunas horas y posteriores declaraciones judiciales. Sin embargo, durante la sucesión de entrevistas televisivas eligió detenerse especialmente en una cuestión que parecía afectarlo incluso más que las repercusiones policiales: la posibilidad de que alguien creyera que debía pagar para relacionarse con una mujer.
En A la Barbarossa, por Telefe, Moyano lo expresó sin rodeos. “Las mujeres con las que estoy, incluida mi expareja, **mi exesposa… esposa queda grande, todas cuando están conmigo eran gatos **o estaban conmigo porque les pagaba, o las tenía de cartel o de cortina”. En realidad, Moyano se expreso muy mal. Si se hace un pequeño esfurerzo para comprenderlo, lo que quiso decir es que lo que más le molestaba era que no creyeran que podía mantener una relación “sin pagar” y, acto seguido, incluyó a sus anteriores parejas y a su ex esposa en una llamativa descripción: sostuvo que las mujeres que estaban con él siempre terminaban siendo calificadas como “gatos”, como personas a las que les pagaba o como figuras utilizadas “de cartel o de cortina”.
La frase consiguió lo que posiblemente Moyano menos buscaba: trasladó el foco desde Arizaga hacia su historia sentimental y llevó las cámaras directamente hasta Eva Bargiela, con quien estuvo casado entre 2021 y 2023 y cuyo divorcio terminó formalizándose posteriormente.
La modelo evitó ingresar en una discusión personal, pero su respuesta fue contundente precisamente porque eligió no discutir. “No me interesa hablar de eso”, manifestó cuando fue consultada por Intrusos, y agregó que la situación comienza a resultarle una falta de respeto hacia su familia, su actual pareja y su hijo. Bargiela está hoy en pareja con Gianluca Simeone y ambos son padres de Faustino, nacido en octubre de 2025.
Cuando los periodistas le preguntaron directamente si ya no le interesaba nada relacionado con Moyano, respondió reiteradamente que no y explicó que su ex marido dejó de formar parte de su vida hace mucho tiempo. Sin embargo, antes de finalizar introdujo una frase que agregó otro elemento al episodio: “Yo la pasé mal en un momento porque son etapas de la vida y gracias a Dios mi vida se acomodó, se encauzó”. No explicó a qué hechos concretos se refería y evitó vincular esa afirmación con las circunstancias actualmente investigadas alrededor de Arizaga.
La secuencia resulta curiosa porque Moyano había salido a televisión a explicar lo ocurrido con su actual pareja y negar situaciones de violencia o privación ilegítima de la libertad. También afirmó que Arizaga sufrió un paro cardiorrespiratorio, que él le practicó maniobras de reanimación y que decidió no realizarse un examen toxicológico porque sus abogados se lo recomendaron, aunque sostuvo que no consume drogas.
Pero entre todos los elementos potencialmente capaces de preocupar a alguien que acaba de quedar involucrado en un episodio policial de esa magnitud, el propio Moyano eligió subrayar que aquello que “más” le había molestado era la sospecha de que necesitara pagar para estar con una mujer.
Ahí aparece la pregunta que la entrevista dejó involuntariamente instalada.
Si el propio Moyano sostiene que prácticamente todas las mujeres que estuvieron a su lado fueron catalogadas como “gatos”, o que la sociedad suponía que recibían dinero, ¿por qué siente la necesidad de demostrar con tanta intensidad que no debía pagarles? ¿Qué se intenta acreditar frente al público: capacidad de seducción, masculinidad, poder, estatus, atractivo, o simplemente la certeza de que una mujer puede elegir estar con él sin una contraprestación económica?
La pregunta es más interesante que la respuesta porque fue Moyano, y no sus entrevistadores, quien colocó el dinero en el centro de su explicación.
Incluso utilizó a su ex esposa como parte de la argumentación, aunque segundos después rebajó aquella relación al señalar que “esposa queda grande”, una expresión particularmente llamativa teniendo en cuenta que hubo un matrimonio legal y una relación pública durante varios años.
¿Qué diría Sigmund Freud ante semejante construcción? Probablemente no sea necesario inventarle un diagnóstico al fundador del psicoanálisis, pero sí recuperar una de las preguntas clásicas de su disciplina: por qué una persona necesita insistir con tanta fuerza sobre aquello que asegura no representar ningún problema.
En términos menos académicos, alguien podría formularlo de manera bastante más sencilla: si no había nada que demostrar, ¿por qué demostrarlo?
La utilización de la palabra “gatos” tampoco resulta neutra. Moyano afirma que ese rótulo provenía de terceros, pero al repetirlo públicamente para referirse de manera colectiva a mujeres con las que mantuvo vínculos terminó convirtiendo una supuesta defensa personal en una frase que alcanzó a personas que ya no tenían relación alguna con el episodio de Arizaga.
Bargiela, precisamente, eligió colocarse fuera de esa discusión. No defendió a su ex marido, tampoco formuló acusaciones sobre el actual expediente y evitó transformar su experiencia matrimonial en material televisivo, aunque dejó asentado que hubo un período que recuerda como difícil y contrapuso aquel pasado con una vida que hoy describe como feliz, acompañada por Gianluca Simeone, su hijo y su trabajo.
La paradoja es que Moyano buscó reparar su imagen explicando que las mujeres podían relacionarse con él sin recibir dinero y terminó reabriendo públicamente su matrimonio, involucrando a una ex esposa que no quería hablar y dejando flotando una cuestión probablemente más incómoda que aquella que pretendía despejar: qué necesidad personal podía existir detrás de afirmar ante millones de espectadores que no necesitaba pagar para conseguir compañía femenina.
Después de una semana dominada por videos, testimonios, abogados, estudios toxicológicos, una detención y explicaciones sobre lo ocurrido con Candela Arizaga, fue finalmente una frase pronunciada por el propio Moyano la que produjo la derivación menos esperada: su ex esposa volvió a aparecer públicamente únicamente para dejar en claro que aquel capítulo está terminado y que no tiene intención de regresar a él.
Fuentes consultadas: Telefe, A la Barbarossa, Telefe Noticias, Infobae, La Nación, TN, declaraciones públicas de Facundo Moyano y Eva Bargiela, y antecedentes del episodio protagonizado por Candela Arizaga el 4 de agosto de 2026.





