Por Redacción TNA
De servicios debilitados, infiltrados y todavía condicionados por su herencia soviética en 2014, Kiev pasó a desarrollar una estructura de inteligencia capaz de combinar agentes, sabotaje, drones de largo alcance y operaciones especiales a cientos o miles de kilómetros del frente. La eliminación de altos mandos rusos, la Operación Spiderweb y los recientes ataques contra bases, buques, refinerías y centros logísticos muestran una profesionalización que comenzó con asistencia occidental pero terminó generando procedimientos y capacidades propias.
KiIv – 24 de agosto de 2026 – Total News Agency – TNA – Mientras los grandes movimientos de tropas continúan ocupando los mapas de la guerra entre Rusia y Ucrania, otra campaña mucho menos visible está modificando el equilibrio del conflicto: los servicios ucranianos consiguieron llevar la amenaza hasta territorio ruso mediante operaciones prolongadamente preparadas, penetración humana, sabotaje, explosivos encubiertos y sistemas no tripulados, exhibiendo un grado de planificación que contrasta con el estado de extrema vulnerabilidad en que se encontraban después de la ocupación rusa de Crimea en 2014.
El fenómeno volvió a instalarse en el debate internacional a partir de un video del canal Solo Fonseca, titulado provocativamente “Los asesinos de Ucrania: ¿Mejores que el Mossad?”, que reconstruye algunos de los golpes atribuidos o reconocidos por los servicios de Kiev. La comparación con el Mossad israelí es inevitable como recurso periodístico, aunque resulta imposible establecer una equivalencia objetiva entre organizaciones con historias, dimensiones y escenarios operativos diferentes. El dato sustancial está en otro lugar: durante poco más de una década, Ucrania transformó radicalmente su aparato de inteligencia.
Después de la revolución del Maidán y la caída de Víktor Yanukóvich, los organismos de seguridad ucranianos aparecieron debilitados por años de penetración rusa. Documentos desaparecieron, agentes desertaron y numerosas posiciones sensibles habían quedado comprometidas. La reconstrucción posterior alcanzó principalmente al Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y a la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa (HUR), que recibieron entrenamiento, asistencia técnica e intercambio de información con agencias occidentales, especialmente la CIA estadounidense.
Ese apoyo produjo con el tiempo un resultado que superó la mera dependencia tecnológica. Oficiales formados durante los primeros años posteriores a 2014 pasaron a ocupar posiciones de conducción y desarrollaron doctrina propia para un enemigo al que conocían por idioma, cultura, estructuras administrativas y décadas de coexistencia. La ventaja ucraniana terminó combinando tecnología occidental con un conocimiento interno de la sociedad rusa difícil de reproducir desde otros países.
Uno de los ejemplos más notorios ocurrió el 17 de diciembre de 2024, cuando el teniente general Igor Kirillov, jefe de las tropas rusas de defensa nuclear, biológica y química, murió junto a su asistente al explotar un artefacto oculto en un monopatín eléctrico frente a un edificio de Moscú. Una fuente del SBU reivindicó la operación, ejecutada apenas un día después de que el propio organismo ucraniano acusara a Kirillov por el empleo de agentes químicos contra tropas ucranianas.
La operación mostró varios elementos característicos de la nueva capacidad de Kiev: selección de un objetivo de alto valor, vigilancia previa, infiltración logística, colocación encubierta del explosivo y detonación en el momento en que el blanco abandonaba el edificio. El golpe tuvo además un efecto psicológico: un general ruso podía ser alcanzado en la capital, lejos de cualquier frente convencional.
La sucesión continuó. En abril de 2025 murió en las cercanías de Moscú el general Yaroslav Moskalik, subjefe de la Dirección Principal de Operaciones del Estado Mayor ruso, mediante un explosivo instalado en un vehículo. El diputado ucraniano y ex oficial de fuerzas especiales Roman Kostenko, secretario de la comisión parlamentaria de Seguridad Nacional, calificó posteriormente el hecho como un “buen trabajo” de los servicios de inteligencia ucranianos y sostuvo que la persecución de quienes Kiev responsabiliza por ataques contra civiles podría prolongarse durante décadas.
Fue precisamente Kostenko quien introdujo abiertamente la comparación con Israel: afirmó que los organismos ucranianos podrían perseguir durante diez, veinte o treinta años a personas consideradas responsables de crímenes cometidos durante la invasión, evocando las operaciones israelíes contra criminales nazis y posteriormente contra responsables de ataques terroristas.
Pero el salto profesional ucraniano no se limita a eliminaciones selectivas. La llamada Operación Spiderweb, ejecutada por el SBU en junio de 2025 después de aproximadamente 18 meses de preparación, llevó pequeños drones al interior de territorio ruso ocultos en estructuras transportadas por carretera. Desde posiciones situadas cerca de bases aéreas estratégicas, los aparatos fueron lanzados contra bombarderos utilizados por Rusia para atacar territorio ucraniano.
La complejidad logística de aquella operación mostró una característica que se repite en los golpes posteriores: Ucrania procura sustituir masa por inteligencia. Frente a un adversario con mayor territorio, población y recursos militares, intenta detectar puntos vulnerables, acercar sistemas baratos al objetivo y reducir las distancias que normalmente protegerían instalaciones estratégicas.
Durante 2026 esa doctrina adquirió escala industrial. El SBU informó a comienzos de agosto que durante una campaña de 40 días había ejecutado más de un centenar de ataques contra instalaciones estratégicas situadas en Rusia o en territorios ocupados, entre ellas empresas militares, bases aéreas, sistemas antiaéreos, puestos de mando, refinerías, instalaciones logísticas y buques. En el mismo período, sus unidades afirmaron haber atacado más de 21.000 vehículos, sistemas de armas e instalaciones militares en el frente.
El 12 de agosto, además, el SBU, el Estado Mayor, el HUR, la Guardia Fronteriza y la Armada ucraniana participaron en una operación coordinada contra la base naval rusa de Novorossiysk. Kiev aseguró haber alcanzado las fragatas Admiral Essen y Admiral Makarov, capaces de lanzar misiles Kalibr, además del patrullero Vasily Bykov y objetivos de infraestructura portuaria y petrolera.
A esas operaciones se suma una creciente flota de drones de fabricación ucraniana capaz de recorrer más de 1.000 kilómetros. Unidades especializadas ya atacan centros logísticos, depósitos, refinerías y complejos industriales situados profundamente dentro de Rusia, obligando a Moscú a dispersar sistemas de defensa aérea que anteriormente podían concentrarse en el frente y en instalaciones militares prioritarias.
La profesionalización incluye asimismo la contrainteligencia. En las últimas semanas el SBU informó haber neutralizado redes reclutadas por el FSB ruso para proporcionar coordenadas de infraestructuras energéticas, posiciones antiaéreas y objetivos militares ucranianos. En julio frustró además un plan en Járkov en el que agentes rusos habrían preparado una falsa actividad benéfica destinada a reunir militares ucranianos en un mismo lugar antes de un atentado.
Esa combinación de defensa interna y capacidad ofensiva explica por qué los servicios ucranianos adquirieron un protagonismo que excede ampliamente las funciones tradicionales de espionaje. En una guerra caracterizada por drones, sensores, inteligencia satelital, teléfonos móviles, redes clandestinas y sistemas de ataque de bajo costo, Ucrania convirtió información precisa y creatividad operacional en multiplicadores de fuerza frente a un adversario significativamente superior en recursos convencionales.
El modelo ucraniano nació con apoyo estadounidense y europeo, pero después de más de cuatro años de invasión a gran escala presenta una característica decisiva: ya no consiste solamente en copiar procedimientos occidentales. La experiencia acumulada en combate, las operaciones realizadas dentro de territorio enemigo y la integración entre SBU, HUR, Fuerzas Armadas y unidades de drones están generando una doctrina propia que comienza a ser estudiada por otros servicios y fuerzas militares occidentales.
Fuentes consultadas: Center for European Policy Analysis (CEPA); Forbes; Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU); Interfax-Ukraine y documentación pública sobre las operaciones de inteligencia ucranianas.



