Un panel de especialistas analizó en Buenos Aires el avance de las estrategias híbridas sobre América Latina y advirtió sobre la convergencia entre intereses estatales, narcotráfico, desinformación, tecnología y circuitos financieros clandestinos. Durante las preguntas de la prensa, Alejandro Casaglia abordó el caso de los casi 400 kilos de cocaína hallados en dependencias vinculadas con la Embajada rusa y la participación de un policía argentino, además de advertir sobre el ingreso a la región de sustancias y precursores vinculados al fentanilo procedentes de China.
Buenos Aires – 15 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA-La penetración de China, Rusia e Irán en América Latina, las nuevas formas de guerra híbrida y la creciente capacidad del crimen organizado para convertirse en proveedor de servicios de actores estatales fueron los ejes de una conferencia en la que especialistas argentinos analizaron el informe Alianzas en las sombras: China, Rusia e Irán y el nexo entre guerra híbrida y crimen organizado en América Latina, elaborado por el Center for the Study of Democracy (CSD).
Durante el encuentro, Ricardo Ferrer Picado sostuvo que la geopolítica volvió a ocupar el centro del sistema internacional y cuestionó la incorporación automática de América Latina dentro del denominado “Sur Global”. Planteó que la región forma parte de Occidente por su tradición histórica, jurídica y política y advirtió que las decisiones sobre infraestructura, tecnología y recursos estratégicos ya no pueden analizarse exclusivamente desde su rentabilidad comercial.
Uno de los puntos centrales de su exposición fue la necesidad de construir una arquitectura de seguridad que permita a los países latinoamericanos evitar quedar subordinados a agendas externas. Ferrer Picado señaló particularmente los riesgos derivados de la dependencia tecnológica y puso como ejemplo los sistemas digitales chinos, desde BeiDou hasta vehículos conectados capaces de transmitir grandes cantidades de información sobre sus usuarios. Su planteo fue que el precio de una tecnología o una inversión no puede constituir el único criterio cuando existen implicancias sobre soberanía, información e infraestructura estratégica.
Edgardo Glavinich concentró parte de su intervención en la dimensión digital de los conflictos contemporáneos y en la utilización de proxies, operaciones de desinformación e inteligencia artificial. Recordó los atentados sufridos por la Argentina y atribuidos judicialmente a estructuras vinculadas al régimen iraní, mientras diferenció expresamente al pueblo de Irán de su gobierno. Advirtió además que las operaciones contemporáneas buscan erosionar un activo mucho más profundo que una infraestructura física: la confianza de una sociedad en sí misma y en sus instituciones.
Para Glavinich, los agentes digitales y los sistemas de inteligencia artificial plantean un desafío que las estructuras estatales todavía no comprenden completamente. Datos sobre preferencias, movimientos, relaciones, salud, expectativas o comportamientos pueden alimentar mecanismos capaces de identificar patrones individuales y colectivos, aumentando las posibilidades de manipulación y captación. Su conclusión fue que América Latina ya se encuentra dentro de un escenario conflictivo aunque éste no adopte necesariamente las características convencionales de una guerra.
Lourdes Puente Olivera introdujo un matiz al análisis al advertir que el crimen organizado latinoamericano no puede explicarse exclusivamente por la intervención de potencias extrarregionales. Señaló que la región presenta Estados débiles, burocracias insuficientes, corrupción, grandes desigualdades y estructuras públicas susceptibles de cooptación, condiciones que permiten a organizaciones criminales adquirir capacidades económicas e incluso armadas superiores a las que tuvieron décadas atrás.
Puente destacó particularmente la necesidad de recuperar capacidad estatal e inteligencia, pero advirtió que antes resulta indispensable definir cuáles son los intereses estratégicos nacionales. Señaló que puertos, inversiones tecnológicas y redes comerciales pueden cumplir simultáneamente funciones legítimas y clandestinas y que analizar separadamente política exterior, inteligencia financiera, seguridad y crimen organizado impide comprender la totalidad del fenómeno. También reclamó mayores mecanismos regionales de cooperación, dado que las organizaciones criminales explotan precisamente las diferencias regulatorias y la falta de coordinación entre los países.
Por su parte, Fabián Calle sostuvo que las organizaciones criminales latinoamericanas son fundamentalmente fenómenos generados dentro de la propia región y que sería un error atribuir su existencia a China, Rusia o Irán. Las potencias pueden utilizarlas, asociarse con ellas o aprovechar sus capacidades, explicó, pero narcotraficantes y organizaciones mafiosas poseen intereses y dinámicas propias.
Calle definió el escenario internacional actual como esencialmente bipolar, con Estados Unidos y China claramente por encima del resto de las potencias en capacidad económica, tecnológica, militar y de proyección. Sin embargo, rechazó que esa bipolaridad obligue a la Argentina a romper sus vínculos comerciales con Beijing. Según explicó, existe margen para mantener y profundizar el comercio con China siempre que se comprendan determinadas líneas estratégicas que Washington considera sensibles.
Entre esas áreas mencionó expresamente 5G y 6G, Hidrovía, puertos de la Patagonia con proyección hacia la Antártida, energía nuclear, armamento e inteligencia artificial. Fuera de esos sectores, sostuvo, Argentina dispone de un amplio espacio para comerciar soja, trigo, carnes, cobre, litio, petróleo y gas con China sin necesidad de transformar la competencia entre Washington y Beijing en una elección económica excluyente.
Tras las exposiciones, Alejandro Casaglia respondió preguntas de la prensa y uno de los intercambios colocó nuevamente a la Argentina en el centro de los casos concretos analizados. Allí quedó expuesta la participación de un integrante de una fuerza policial argentina en la operación destinada a trasladar cocaína desde dependencias vinculadas con la Embajada de Rusia en Buenos Aires, episodio conocido como el caso de las valijas diplomáticas rusas.
La investigación judicial estableció que se trataba de 12 valijas con 389,240 kilogramos de cocaína, descubiertas en 2016 en un edificio anexo de la representación rusa. La droga fue reemplazada durante una operación controlada antes de continuar el procedimiento que permitió desarticular la maniobra. Entre los condenados por la Justicia argentina estuvo Iván Blizniouk, oficial de la Policía de la Ciudad, junto con Alexander Chikalo. El episodio resulta particularmente significativo para la tesis discutida durante la conferencia porque muestra hasta qué punto pueden superponerse instalaciones diplomáticas, actores extranjeros, funcionarios locales y una operación internacional de narcotráfico.
También se abordo abordó otro frente que preocupa crecientemente a los especialistas: la llegada desde China a la región de sustancias y precursores químicos relacionados con la producción de fentanilo y otras drogas sintéticas. El fenómeno se inserta en una cadena transnacional en la que proveedores asiáticos, intermediarios financieros, organizaciones criminales y estructuras logísticas latinoamericanas pueden ocupar diferentes eslabones, dificultando establecer dónde termina una actividad comercial y comienza la estructura criminal.
Precisamente ésa fue una de las cuestiones que atravesó toda la conferencia. El informe del CSD describe modelos diferentes para las tres potencias analizadas: China construye influencia principalmente mediante comercio, inversiones, infraestructura y tecnología; Rusia privilegia operaciones informativas, estructuras financieras opacas e intermediarios; mientras que Irán recurre con mayor intensidad a redes clandestinas, mecanismos para eludir sanciones y organizaciones proxy, particularmente estructuras relacionadas con Hezbollah.
El desafío para la Argentina aparece así en una zona donde las categorías tradicionales comienzan a resultar insuficientes. Un puerto puede transportar exportaciones legítimas y simultáneamente servir a una red de narcotráfico; una empresa tecnológica puede aportar desarrollo y generar dependencia; una organización criminal puede perseguir exclusivamente ganancias y, en determinadas circunstancias, prestar servicios a intereses estatales extranjeros.
El informe propone por ello integrar inteligencia, organismos financieros, fuerzas de seguridad, agencias anticorrupción y política exterior, seguir las rutas del dinero, incrementar los controles sobre infraestructura crítica y mejorar el intercambio regional de información. La advertencia que quedó flotando tras las exposiciones fue que las vulnerabilidades aprovechadas por actores extranjeros no fueron creadas necesariamente en Moscú, Beijing o Teherán: corrupción, debilidad institucional, fronteras porosas y fragmentación de las capacidades de inteligencia son problemas latinoamericanos que proporcionan el terreno sobre el cual pueden desplegarse esas estrategias.
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