Pedro Sánchez llegó a Harvard para advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial y la concentración del poder tecnológico, pero terminó sometido a una batería de preguntas sobre las causas judiciales que afectan a su esposa Begoña Gómez, la condena de su hermano David Sánchez, el espionaje con Pegasus, el giro español sobre el Sáhara Occidental y la situación de Venezuela. El presidente defendió a su familia, admitió la existencia de casos de corrupción en su partido y negó que las investigaciones sobre su entorno constituyan escándalos de corrupción.
Cambridge, Massachusetts – 25 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA– El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, llegó a la Universidad de Harvard dispuesto a pronunciar un discurso sobre los peligros de la denominada “tecnooligarquía”, pero el turno de preguntas de los estudiantes alteró por completo el guion previsto y convirtió la prestigiosa universidad estadounidense en escenario de un incómodo examen sobre corrupción, procesos judiciales, espionaje y política exterior.
El encuentro se realizó en el John F. Kennedy Jr. Forum de la Harvard Kennedy School bajo el título The Technoligarch Threat to Democracy. Sánchez defendió allí una regulación mucho más estricta de la inteligencia artificial, cuestionó la concentración del poder en las grandes compañías tecnológicas y reclamó incluso ralentizar el desarrollo de determinados sistemas hasta establecer mecanismos de supervisión adecuados. Pero las preguntas de los alumnos desplazaron rápidamente la conversación hacia los problemas políticos que enfrenta en España.
El momento más tenso llegó cuando un estudiante le preguntó directamente por los casos judiciales relacionados con su esposa, Begoña Gómez, su hermano David Sánchez y el ex fiscal general del Estado Álvaro García Ortiz, y vinculó esas causas con el debate sobre corrupción en España. Sánchez respondió que su Gobierno y su partido efectivamente habían sufrido episodios de corrupción, pero rechazó colocar dentro de esa categoría los expedientes que afectan a sus familiares.
“Mi esposa y mi hermano no son culpables”, respondió Sánchez, quien sostuvo que las causas contra ambos forman parte de una dinámica distinta y acusó a sectores de la oposición y organizaciones de extrema derecha de haber atravesado “líneas rojas”. La respuesta adquirió especial relevancia porque los dos expedientes se encuentran hoy en situaciones jurídicas distintas y particularmente delicadas.
Begoña Gómez acaba de ser enviada a juicio con jurado popular por los presuntos delitos de tráfico de influencias y malversación. El juez instructor cerró esta semana una investigación iniciada en 2024 y remitió el expediente a la Audiencia Provincial de Madrid. La Fiscalía y la defensa reclaman su absolución, mientras las acusaciones populares sostienen que existen elementos suficientes para llevarla al banquillo. La causa gira, entre otros aspectos, sobre su actividad en la Universidad Complutense y la utilización de recursos vinculados a una asesora de La Moncloa.
La situación del hermano presidencial es aún más contundente desde el punto de vista procesal. David Sánchez fue condenado en julio por la Audiencia Provincial de Badajoz a nueve años de inhabilitación para empleo o cargo público como cooperador necesario de un delito de prevaricación administrativa relacionado con su contratación en la Diputación de Badajoz. El tribunal lo absolvió del delito de tráfico de influencias y la sentencia todavía admite recurso, por lo que no es firme.
La sentencia consideró que el puesto creado para David Sánchez había sido diseñado de manera irregular y que su contratación respondió a un procedimiento administrativo contrario a derecho. El propio presidente, sin embargo, continúa defendiendo públicamente la inocencia de su hermano y sostiene que tanto él como su esposa son víctimas de una estrategia política y judicial dirigida contra su Gobierno.
La segunda incomodidad llegó con Pegasus. Otro estudiante preguntó por el espionaje sufrido por el teléfono móvil de Sánchez y vinculó aquel episodio con el posterior cambio de posición española respecto del Sáhara Occidental y el acercamiento a Marruecos.
Sánchez reconoció que su teléfono había sido infectado con Pegasus y recordó que el caso fue denunciado ante la Audiencia Nacional. También insistió en que nunca se logró determinar quién estuvo detrás de la intrusión. “No sabemos quién lo hizo”, señaló ante los alumnos.
La investigación judicial respalda esa falta de atribución. El expediente sobre Pegasus fue archivado por segunda vez en enero de 2026 porque la Justicia española no consiguió identificar a los responsables y no obtuvo la cooperación necesaria de Israel, país donde tiene sede la empresa que desarrolló el programa. La causa había investigado las infecciones de los teléfonos de Sánchez y varios ministros producidas entre 2020 y 2021, precisamente durante uno de los períodos de mayor tensión política entre España y Marruecos.
La pregunta de Harvard apuntó precisamente hacia uno de los aspectos más controvertidos del caso: meses después del espionaje, el Gobierno español modificó su posición histórica sobre el Sáhara Occidental y respaldó el plan marroquí de autonomía bajo soberanía de Rabat.
Sánchez rechazó que ambas cuestiones estuvieran conectadas. Defendió su decisión como una elección basada en los intereses estratégicos de España y sostuvo que permitió superar una prolongada crisis con Marruecos. Frente a la insinuación de que Madrid habría cedido después del espionaje, respondió que no estaba dispuesto a aceptar lo que calificó como desinformación.
El intercambio fue particularmente incómodo porque el asunto continúa sin una explicación definitiva. Está acreditado que teléfonos de miembros del Gobierno español fueron infectados mediante Pegasus; también que el episodio ocurrió durante un período de extrema tensión con Marruecos; pero la investigación judicial no logró determinar la autoría y terminó archivada provisionalmente.
El cuestionario estudiantil continuó con Venezuela. Otro alumno preguntó a Sánchez si reclamaría elecciones libres y si tomaría distancia del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien mantiene una participación activa en los contactos políticos relacionados con Caracas.
Sánchez afirmó que nunca reconoció los resultados electorales de Nicolás Maduro y que siempre defendió elecciones libres, aunque sostuvo al mismo tiempo que el futuro político venezolano debe ser decidido por los propios venezolanos. Sobre Zapatero, evitó responder directamente, dejando sin contestar una parte central de la pregunta.
La jornada terminó así muy lejos del terreno elegido inicialmente por Sánchez. Su intención era presentarse ante uno de los centros académicos más influyentes del mundo como una voz crítica frente al poder de las grandes empresas tecnológicas y la expansión sin controles de la inteligencia artificial. En cambio, la parte más resonante del encuentro terminó concentrada en las preguntas sobre su esposa procesada rumbo a juicio, su hermano condenado, el teléfono presidencial infectado por Pegasus y el cambio de posición española sobre el Sáhara.
Harvard ofreció de ese modo una escena poco habitual para el jefe del Gobierno español: fuera del control de una conferencia oficial o de una comparecencia organizada por La Moncloa, estudiantes jóvenes utilizaron el turno abierto para llevarlo directamente hacia los asuntos que dominan buena parte del debate político interno español. Sánchez respondió con calma, defendió a su familia y reconoció la existencia de corrupción dentro de su espacio político, pero la visita destinada a hablar del futuro tecnológico terminó recordándole que los expedientes judiciales del presente continúan acompañándolo incluso a miles de kilómetros de Madrid.
Fuentes consultadas: Universidad de Harvard; Harvard Kennedy School; EFE; RTVE; El País; Audiencia Provincial de Madrid; Audiencia Provincial de Badajoz; Audiencia Nacional; antecedentes judiciales de los casos Begoña Gómez, David Sánchez y Pegasus.
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