Por RR
La falla del Alpine que dejó al argentino fuera de la carrera sprint reavivó las bromas dentro de los servicios de inteligencia sobre aquella insólita excursión de funcionarios de la SIDE al Gran Premio de Azerbaiyán, revelada por Total News Agency en 2025. Entre ironías sobre maleficios y supuestas influencias satánicas, vuelve una pregunta bastante más terrenal: qué ocurrió con los fondos reservados utilizados en el viaje y por qué las responsabilidades administrativas nunca terminaron de esclarecerse.
Buenos Aires – 10 de octubre de 2026 – Total News Agency – TNA. El nuevo abandono de Franco Colapinto en la carrera sprint del Gran Premio de Singapur no solamente provocó frustración entre los aficionados argentinos a la Fórmula 1. También reactivó, en determinados pasillos de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), una historia que mezcla viajes oficiales, fondos reservados, funcionarios aficionados al automovilismo y una presunta maldición que algunos agentes, con evidente malicia, atribuyen a aquella extravagante excursión de sus superiores al Gran Premio de Azerbaiyán de 2025, cuya existencia fue revelada por Total News Agency (TNA).
La explicación deportiva del episodio de Singapur es bastante menos misteriosa que las bromas de los espías: el Alpine A526 del argentino perdió potencia cuando transitaba la cuarta vuelta del circuito urbano de Marina Bay, mientras la competencia se encontraba neutralizada por el automóvil de seguridad. Colapinto, que había largado undécimo y conservaba posibilidades de avanzar, quedó detenido en la curva 14 sin poder continuar. “Era una buena oportunidad. Una lástima, fue un problema del auto”, expresó el piloto, mientras su equipo intentaba determinar el origen de la falla.
La competencia, ganada por Max Verstappen, estuvo marcada por la lluvia, accidentes y numerosos abandonos. Pero en el singular universo de la inteligencia argentina, donde las coincidencias suelen despertar interpretaciones que harían sonrojar a cualquier especialista en probabilidades, algunos agentes encontraron una explicación alternativa para la mala fortuna del piloto: la denominada “maldición SIDE”.
La curiosidad tiene antecedentes concretos, aunque sus supuestos efectos sobrenaturales no podemos confirmarlos. Las brujas no existen, pero… El 3 de octubre de 2025, TNA publicó una investigación firmada por Darío Rosatti sobre el viaje de funcionarios del organismo de inteligencia argentino a Bakú, capital de Azerbaiyán, coincidiendo con la celebración de una fecha del campeonato mundial de Fórmula 1.
Aquella publicación describió una misión tan particular que parecía concebida por un guionista especializado en comedias de espionaje. Según la investigación, durante la gestión de Sergio Neiffert, entonces titular de la SIDE, funcionarios de alto rango viajaron a Azerbaiyán bajo una supuesta justificación oficial vinculada con actividades de seguridad e inteligencia, aunque la agenda incluía la asistencia al Gran Premio en el que participaba Colapinto.
Entre los funcionarios mencionados figuraban Alejandro Colombo, identificado como responsable del Servicio de Inteligencia Argentino (SIA), y José Lago Rodríguez, entonces vinculado con la administración de los recursos del organismo. La información original también señalaba la presencia de un integrante de la estructura de inteligencia cuya identidad se mantenía reservada.
La investigación de TNA describió alojamientos de alta categoría, habitaciones cuyos costos habrían alcanzado los 2.000 dólares por noche y la utilización de recursos provenientes de partidas reservadas. La supuesta misión asignada consistía en proteger al piloto argentino de maniobras de sus competidores, un argumento más cercano a una película de espionaje que a las funciones de un servicio de inteligencia. Resultaba difícil explicar por qué funcionarios especializados en seguridad nacional debían intervenir en una competencia regida por la Federación Internacional del Automóvil (FIA).
La ironía se completó cuando Colapinto terminó aquella carrera sin resultados destacados, mientras los funcionarios regresaban a Buenos Aires después de una misión cuya utilidad concreta para la seguridad nacional quedó sometida a interrogantes y solamente parecía encontrar justificación en el argumento hollywoodense que rodeó la excursión.
El episodio no desapareció con el cambio de autoridades. En diciembre de 2025, nuevas publicaciones sobre la reorganización de la SIDE volvieron a mencionar el viaje y aportaron un dato especialmente delicado: uno de los integrantes de la delegación habría sido hijo de Cristian Auguadra, quien posteriormente asumió la conducción del organismo en reemplazo de Neiffert.
Según las versiones que circulan entre agentes consultados en el ámbito de inteligencia, el joven conocido como “Lalo” Auguadra habría integrado la comitiva que asistió al Gran Premio. Los agentes lo identifican como colaborador y asesor de su padre, circunstancia que plantea interrogantes sobre las funciones que habría cumplido, las autorizaciones correspondientes y el origen de los recursos utilizados para financiar su presencia en Azerbaiyán.
Fuentes del ámbito de inteligencia sostienen que el episodio debió haber motivado un sumario administrativo para establecer quién autorizó el viaje, qué actividades oficiales lo justificaron y cómo se utilizaron los fondos. Sin embargo, las versiones recogidas por TNA indican que ni Sergio Neiffert durante su gestión ni Cristian Auguadra después de asumir impulsaron hasta una conclusión conocida un procedimiento disciplinario que esclareciera integralmente lo ocurrido. En ese momento, Auguadra era el inpsector general de Asuntos Internos, quien debería haber investigado el viaje.
En los pasillos del organismo, algunos agentes atribuyen esa falta de avances a las relaciones personales y familiares que rodearon la excursión. La versión sobre la presencia de “Lalo” Auguadra alimenta las sospechas de que una investigación exhaustiva podría haber resultado incómoda para la conducción posterior de la SIDE.

Es precisamente allí donde la historia abandona el terreno de los expedientes y entra en el de la sátira. Entre bromas de agentes y comentarios de pasillo, algunos comenzaron a atribuir la sucesión de contratiempos de Colapinto a una suerte de maleficio originado en Bakú. Los más imaginativos llegaron a incorporar referencias satánicas, como si la presencia de funcionarios de “inteligencia” en un circuito automovilístico hubiera desencadenado alguna fuerza oscura capaz de perseguir al piloto argentino hasta volvio a Singapur.
La explicación mecánica del abandono, naturalmente, descarta cualquier relación con semejantes fantasías. Pero la “jodita” revela un problema institucional menos divertido: mientras la SIDE atraviesa una nueva reorganización, persisten los cuestionamientos sobre la utilización de recursos reservados y el funcionamiento de sus mecanismos de control. En ese contexto, fuentes del ámbito de inteligencia mencionan la posibilidad de nuevos cambios de jefaturas y describen preocupación por la imagen que proyecta el organismo ante servicios extranjeros.
La participación de funcionarios en una actividad deportiva internacional, las versiones sobre el financiamiento del viaje y la eventual presencia de familiares de autoridades constituyen cuestiones que merecen una revisión administrativa precisa, especialmente porque el carácter reservado de los fondos de inteligencia no elimina las obligaciones legales de justificar su utilización.
Mientras tanto, Colapinto deberá concentrarse en problemas mucho más inmediatos. El argentino no necesita exorcistas, sino ingenieros capaces de devolverle confiabilidad al Alpine. Para la SIDE, en cambio, el desafío no exige conocimientos de mecánica ni investigaciones sobre fuerzas sobrenaturales, sino establecer qué ocurrió con un viaje que llevó a funcionarios argentinos hasta un circuito de Fórmula 1 y cuyo costo y resultados continúan bajo cuestionamiento.
La verdadera ironía es que una organización creada para descubrir secretos ajenos todavía tenga pendiente explicar los detalles de un viaje propio. Y mientras los técnicos de Alpine disponen de telemetría para reconstruir cada segundo de la falla del monoplaza, la investigación sobre Bakú depende de que las autoridades de inteligencia determinen quiénes integraron la delegación, qué gastos autorizaron y qué ocurrió con las actuaciones administrativas que, según las fuentes consultadas, nunca llegaron a una conclusión conocida.
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