Toni Comín i Oliveres es el cuarto hijo (de cuatro) de Alfonso Carlos Comín y Maria Lluïsa Oliveres. Una familia politizada de tradición carlista que acabó defendiendo posiciones de izquierdas. Pero, sobre todo, fue una estirpe católica. Alfonso, activista antifranquista, formó parte de las listas del PSUC al Parlamento de Cataluña, en 1980, y obtuvo escaño, aunque no pudo tomar posesión del mismo porque falleció en el ‘impasse’. Toni tenía, entonces, 9 años. A pesar de su edad al perder a su progenitor, este asegura que su figura fue decisiva para comprender «la trayectoria intelectual» que ha desarrollado a lo largo de su carrera política . En realidad, la influencia cristiana de su padre se quedó en un ámbito muy reducido del socialismo catalán. Maria Lluïsa, fallecida en Bélgica en 2023 al agravarse su estado de salud en una visita a su hijo, fugado de la Justicia española desde 2017, estudió teología y artes plásticas. La madre de Toni fue una de las personas que le animaron a dejar España tras el referéndum ilegal del 1-O : «Le dije que sí, que tenía que irse al exilio porque no hacía nada en la prisión».La figura política de Toni Comín (Barcelona, 1971), ahora de nuevo bajo el foco mediático por pasar gastos personales de unas vacaciones al Consell de la República, está marcada por lo que algunos excompañeros de partidos (en plural) definen como «típico de los trepas». Hay base para sostenerlo. En su archivo personal tiene los carnets del PSC, ERC y Junts . Siempre con viento de cola. Y en su currículum figura la medalla de ser el primer consejero de Salud de la Generalitat sin conocimientos del gremio sanitario, si bien fue nombrado por Carles Puigdemont con otro objetivo: la independencia de Cataluña.Noticia Relacionada spectator in barcino opinion Si ¿Para qué sirven (hoy) Junts y Esquerra? Sergi Doria ¿Tiene algo que decir Junts en fiscalidad, reforma del sistema electoral catalán, reducción de la jornada laboral, modernización de la burocracia?Tras licenciarse en Filosofía y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Barcelona, en 1995, compaginó la docencia (primero en un colegio concertado y luego en Esade) con la creación de un perfil político «intelectual», siempre a la sombra de un apellido que le abrió las puertas del PSC de Pasqual Maragall , cuando este derrocó a Jordi Pujol , tras 23 años de gobiernos nacionalistas de CiU. Así, en 2003 entró en la política institucional por primera vez, como diputado autonómico, y se mantuvo hasta 2010. Lo hizo bajo el paraguas de una asociación, Ciutadans pel Canvi, que impulsó a Maragall hasta conseguir la Generalitat y tenía la idea de ‘fichar’ a sectores catalanistas para el PSC.Pero en las elecciones de 2010 se quedó fuera del Parlamento de Cataluña. Y empezó su acercamiento a ERC a través de una nueva asociación, Socialisme, Catalunya i Llibertat, que básicamente defendía posiciones independentistas. Su ruptura con el PSC, en 2014, se produjo al tiempo que salían del partido los principales líderes nacionalistas, al no alinearse con el órdago que Artur Mas (CiU) había lanzado al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy: o concierto económico para Cataluña o independencia. Comín aparcó sus posiciones de izquierdas, a pesar de seguir definiéndose como tal, para afianzar ideas democristianas, que años después acabarían encontrando acomodo en Junts.En 2015, ERC presentó a Toni Comín como «un buen ejemplo de lo que representa la nueva ERC, que es abierta y transversal». ERC formaba parte de Junts pel Sí, la lista única del independentismo (con permiso de la CUP) con el que este movimiento pretendía ganar un referéndum encubierto bajo el formato de elecciones autonómicas. No se ganó y se convocó el 1 de octubre. En 2017, tras huir del país para evitar la acción de la Justicia al formar parte del Govern que actuó ilegalmente y perder el cargo por el artículo 155, fue reelegido diputado autonómico en la lista de ERC. Y dos años después dio el salto como eurodiputado de Junts, como número dos de Puigdemont. Desde entonces, en Bélgica, está pendiente de las decisiones del juez Pablo Llarena del Tribunal Supremo.Pianista, pareja del escenógrafo Sergi Corbera y padre de una niña, Comín se convirtió en cómplice de Puigdemont cuando ambos se instalaron en Bélgica. En enero de 2018, se conocieron unos mensajes de móvil del expresidente autonómico a su escudero en los que le confesaba que se habían quedado solos y que dedicaría su vida «a la defensa propia». Algo que, con el paso del tiempo, la creación del Consell de la República, su influencia en el PSOE, los indultos, el cambio del Código Penal y la amnistía, puede considerarse con un balance positivo.Está por ver cómo reacciona Puigdemont ante las últimas acusaciones que recaen sobre Comín. A finales de septiembre de 2023, una treintena de representantes del Consell de la República, la entidad privada creada por Puigdemont en Bélgica tras su huida del país con la excusa de mantener «en el exilio» sin el control del Estado la Generalitat, firmaron una carta acusando a Comín –encargado de llevar el día a día del Consell– de gastos sin justificar, desviar dinero a empresas afines y obstaculizar el buen funcionamiento de la entidad. Hace unas semanas, la denuncia se concretó en que Comín pasó gastos personales al Consell. En concreto, unos 5.000 euros en unas vacaciones de 17 días de Semana Santa. Para Comín, estas acusaciones son «ánimo de venganza» del exgerente de la asociación, Sergi Miquel.Mientras tanto, Comín consiguió en las elecciones europeas del 9 de junio el único escaño obtenido por Junts. Pero no acató la Constitución el 1 de julio y su toma de posesión está en el aire. Le tocará pelear legalmente el asiento en Bruselas y poner unas velas al santo Job, aunque sus excompañeros de filas políticas lo asemejen a Judas Iscariote.
Fuente ABC




