La oficina de facturación de mercancías de la antigua estación de Mediodía , en el Cerro de la Plata, era un centro neurálgico donde se realizaban numerosas operaciones dinerarias, por varios miles de pesetas, que luego ingresaba un operario en la caja central. Algún amigo de lo ajeno se fijó en ese trasiego diario y decidió que tenía la ocasión ante sus ojos. Y eso dio lugar a un robo de película, aunque con final trágico, que recogieron los periódicos de la época.La estación de Mediodía surgió en 1851 como un simple apeadero casi a las afueras de Madrid. Poco a poco, la demanda fue creciendo, y la instalación ampliándose hasta convertirse en la conocida como estación de Mediodía en 1892, propiedad entonces de la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante. La estación no dejó de crecer y terminó convirtiéndose en la actual de Atocha.En octubre de 1933, los periódicos recogieron este trágico suceso, que tuvo como escenario la popular estación donde se movían a diario muchos viajeros, muchas mercancías y también mucho dinero. Fue una jornada como cualquier otra, que se tornó en una tragedia humana por la acción de un grupo de desaprensivos.Noticia Relacionada Historias capitales estandar Si La rebaja de impuestos que inundó de vino las estaciones de tren madrileñas Sara Medialdea Los madrileños de principios del siglo XX consumían en torno a 48 millones de litros anuales de este productoEl primer día de aquel mes, el ordenanza Casto Domínguez Mera se disponía a realizar el traslado de los fondos a la caja central, como cada día. Eran las ocho de la tarde, y todo estaba ya oscuro en el otoño madrileño.Casto cogió un saquito con 22.000 pesetas y se dirigió a la caja. Le acompañaban un factor y dos escopeteros, según recogía El Progreso. Pero aquel día iba a ser diferente: al pasar por el depósito de vagones, les salieron al paso siete personas enmascaradas, pistola en mano. El que parecía el jefe de la partida dio la orden clásica de ‘manos arriba’.En el cruce de disparos que se produjeron entre atracadores y vigilantes, resultaron varios heridos y un fallecidoLos ladrones lo habían calculado todo: el momento con menos vigilancia, donde mayor podía ser su botín, y las vías de salida. Todo, menos una cosa: la determinación de Casto de cumplir con su cometido y defender a toda costa el saco con el dinero. Incluso al más alto precio que alguien puede pagar: su propia vida. Uno de los enmascarados disparó contra él, hiriéndole en el pecho, y se apoderó del dinero. Al mismo tiempo, otro de ellos golpeó con la culata de su arma al factor.Los escopeteros y otros tres empleados que acudieron al oír los disparos, persiguieron a los atracadores a tiro limpio, lo que les hizo retroceder a la carrera. Eso sí, lo hicieron también utilizando sus armas, hasta que llegaron a un vehículo que les estaba esperando para emprender la huida.Tío y sobrino En el cruce de disparos, varias personas resultaron heridas: uno de los escopeteros, que respondía al nombre de Agapito Mera, y que era además tío del ordenanza Casto. Ambos fueron trasladados lo más rápido posible a la Casa de Socorro. No se llegó a tiempo para Casto Domínguez, que ya era cadáver cuando ingresó al recinto porque presentaba un balazo en el corazón. Agapito entró con dos heridas calificadas por los médicos de gravísimas. Y el factor, también herido, presentaba lesiones de pronóstico reservado.madrid_dia_0703Poco después fue localizado, abandonado, el vehículo en el que había huido la partida de ladrones. Estaba en la calle de Torrijos, donde es de imaginar que cambiaran de transporte para seguir su escapada. No se supo más de ellos.
Fuente ABC




