Buenos Aires-20 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- La aprobación en general de la reforma laboral en la Cámara de Diputados —con 135 votos afirmativos y 115 negativos— dejó algo más que un resultado legislativo: dibujó, con nitidez, el mapa de alianzas que sostiene al Gobierno de Javier Milei en el Congreso y reveló fisuras internas en bancadas provinciales que, hasta aquí, venían actuando como sostén táctico de la agenda oficialista. El conteo final confirmó que el oficialismo no llegó solo a la mayoría: necesitó una constelación de bloques y diputados sueltos, mientras la oposición concentró su rechazo en torno a Unión por la Patria y un núcleo de fuerzas provinciales y de izquierda.
Según la reconstrucción del voto, el proyecto se aprobó con el respaldo pleno de La Libertad Avanza y el acompañamiento de Fuerzas del Cambio —donde confluyen sectores de UCR, PRO y el MID— además de aportes de bancadas provinciales y espacios de perfil negociador como Innovación Federal, Producción y Trabajo e Independencia. A esa mayoría se sumó un segmento minoritario de Provincias Unidas y votos de monobloques que, por fuera de las coaliciones centrales, terminaron inclinando la balanza en una sesión que se anticipaba ajustada.
Del otro lado, el rechazo se estructuró en bloque: votó en contra la totalidad de Unión por la Patria y lo hizo también la mayor parte de Provincias Unidas, una bancada heterogénea en la que conviven perfiles de origen diverso y agendas provinciales a veces inconciliables. Se alinearon con el “no” los cuatro integrantes del Frente de Izquierda y los tres miembros de Elijo Catamarca, un dato que tomó relevancia política porque esos legisladores habían contribuido al quórum pero luego se desmarcaron en el momento decisivo. En el mismo carril opositor quedaron monobloques que, por decisión propia o por lectura política local, optaron por el rechazo: Marcela Pagano, la cordobesa Natalia de la Sota y el puntano Jorge Fernández.
La nota distintiva de la votación, sin embargo, estuvo en la fragmentación de Provincias Unidas, donde un grupo de diputados colaboró con el Gobierno pese a la postura mayoritaria del espacio. En ese lote aparece la jefa del bloque, la santafesina Gisela Scaglia, y otros legisladores de trayectoria previa en el PRO como el rionegrino Sergio Capozzi y el santafesino José Núñez. También se apartaron del rechazo general el radical jujeño Jorge “Colo” Rizzotti y dos cordobeses de extracción peronista, Carlos Gutiérrez y Carolina Basualdo, un comportamiento que subraya el papel decisivo de las identidades provinciales frente a la disciplina partidaria.
La sesión dejó, además, el capítulo silencioso de las ausencias, un recurso parlamentario frecuente cuando un sector busca ayudar a que prospere una votación sin quedar pegado al costo político del “sí”. Dentro de Provincias Unidas, quedaron fuera del recinto al momento de votar los cordobeses Juan Schiaretti, Ignacio García Aresca y Alejandra Torres, mientras que otros dos representantes de esa provincia dentro del mismo espacio sí votaron en contra. También se registró la ausencia del tucumano Javier Noguera del bloque Independencia, señalado en la previa como blanco de presiones. En Unión por la Patria, faltaron a la votación el riojano Sergio Casas y el fueguino Paulo Tita.
Con el tablero expuesto, el Gobierno lee el resultado como una señal de que, aun en un contexto de conflictividad sindical y callejera, puede articular mayorías con una ingeniería de acuerdos por bloques, provincias y monobloques. Para la oposición, en cambio, la radiografía confirma que la reforma salió por una suma de respaldos parciales y concesiones políticas, y anticipa que el próximo round —cuando el texto vuelva al Senado— se jugará tanto en el contenido de los artículos como en la capacidad del oficialismo de sostener, voto a voto, esa misma arquitectura de apoyos.
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