Buenos aires-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — A contramano del relato de fortaleza política que el oficialismo buscó consolidar durante febrero —con avances legislativos y una agenda pública dominada por la ofensiva reformista—, un conjunto de encuestas detectó una señal que preocupa en la Casa Rosada: el apoyo a la gestión de Javier Milei empezó a erosionarse allí donde más duele y más explica humores sociales en la Argentina: el poder adquisitivo. Directores de consultoras de distinto perfil coinciden en un diagnóstico común, casi sin matices: la paciencia de una parte del electorado se está topando con el límite del “bolsillo”.
Los sondeos muestran una ampliación de la brecha entre aprobación y desaprobación, con caídas que, según la medición, oscilan entre cuatro y cinco puntos. Opinaia registró en febrero una baja del apoyo de cuatro puntos respecto de enero (de 54% a 50%) y un aumento simétrico de la desaprobación (de 46% a 50%). En la misma línea, Hugo Haime & Asociados midió desde diciembre un retroceso de cinco puntos en el respaldo (de 46% a 41%) y una suba de seis puntos en el rechazo (de 51% a 57%). En Synopsis Consultores, el balance también se tensó: la evaluación negativa alcanzó 54% en febrero, con un dato cualitativo que en política pesa tanto como el porcentaje: se debilitó la intensidad del apoyo, el “muy bueno”, que cayó con fuerza frente al crecimiento del “muy malo”.
El patrón que se repite en las distintas lecturas tiene un punto de partida concreto: la economía cotidiana no está transmitiendo alivio. El último dato oficial disponible del INDEC mostró una inflación mensual de 2,9% en enero y confirmó una tendencia alcista de varios meses, un movimiento que, aunque muy lejos de los picos de 2024, volvió a instalar la idea de que la baja sostenida del costo de vida —promesa central del programa libertario— aún no se traduce en una mejora palpable para amplios segmentos. En paralelo, el poder de compra de los salarios sigue sin recuperar plenamente el terreno perdido respecto de 2023, especialmente en sectores golpeados por tarifas, recortes de consumo y una recomposición salarial que llega tarde o fragmentada.
En los focus y preguntas abiertas, aparece una frase que se repite: “se ordena la macro, pero no llega a casa”. Lucas Romero, de Synopsis Consultores, sintetizó ese clima como un estado de expectativa más que de satisfacción: la gente “espera que las cosas cambien”, pero no ve todavía que la desaceleración inflacionaria —cuando ocurre— alcance para recomponer ingresos. El punto es sensible: muchos argentinos querían que bajara la inflación por una razón íntima y práctica, no estadística: recuperar calidad de vida. Si el salario no acompaña, la inflación deja de ser un número y vuelve a ser un límite.
El mapa de preocupaciones refuerza esa lectura. En Synopsis, los “salarios bajos” lideran con nitidez el ranking de inquietudes económicas, por encima del empleo y de la inflación. La encuesta de febrero de Proyección Consultores aportó otra señal dura: el 70,7% afirmó que su situación económica familiar “se mantuvo igual de mal” o empeoró, un salto de siete puntos respecto de diciembre. Y Opinaia detectó que el 56% evalúa negativamente la situación económica actual del país, con apenas un 15% que la considera positiva.
Sin embargo, el deterioro en el humor social convive con un fenómeno político que le da aire al oficialismo: la falta de una alternativa opositora ordenada y convincente. En varias mediciones se observa que, entre quienes desaprueban, predomina el “muy malo” por encima del “malo”, mientras que, entre quienes aprueban, el respaldo se reparte de manera más equilibrada. Esa asimetría indica una polarización intensa: crece un “antimileísmo” fuerte, pero el “mileísmo” conserva un núcleo duro, aunque algo menos entusiasta.
Allí aparece otra clave: la asignación de culpas. Parte de la sociedad sigue asociando la crisis económica al ciclo previo y sostiene, con resignación o esperanza, que el actual gobierno “intenta arreglar” más de lo que “provoca”. En esa lógica, mientras el recuerdo de Alberto Fernández opere como contraste y el fantasma del regreso del peronismo siga movilizando temores, muchos votantes no oficialistas podrían mantener una aprobación “a pesar de todo”, incluso cuando el bolsillo no mejora.
La pregunta de fondo, en la Casa Rosada, ya no es si el Gobierno puede ganar votaciones en el Congreso, sino cuánto tiempo puede sostener el capital político si la economía doméstica no ofrece un alivio verificable. Febrero dejó una advertencia: la política puede ordenar el tablero, pero el termómetro social lo sigue marcando el changuito.





