En un episodio que expone el colapso de la seguridad en los barrios calientes de Mar del Plata, Matías Peralta (27), el sujeto que saltó a los titulares por haber liderado un ataque de 197 disparos contra una vivienda en enero, fue ejecutado ayer en un presunto ajuste de cuentas, apenas 24 horas después de haber recuperado la libertad por orden judicial.
Peralta, quien se encontraba bajo investigación por el demencial ataque al barrio José Hernández, había sido beneficiado con la excarcelación por la jueza de Garantías Rosa Frende el martes pasado. La decisión, que ignoró las advertencias de la fiscalía sobre el peligro de represalias en un contexto de guerra narco, terminó siendo una sentencia de muerte para el imputado y un nuevo capítulo de violencia para la ciudad balnearia.
DETALLES DE LA EJECUCIÓN:
Emboscada Fatal: Peralta fue interceptado mientras circulaba en una camioneta Toyota Hilux por la intersección de las calles Carlos Gardel y Gaboto. Dos sicarios en moto le dispararon a quemarropa, impactando cuatro proyectiles en su cuerpo que le provocaron la muerte poco después de ingresar al Hospital Interzonal (HIGA).
Venganza Anunciada: Los investigadores consideran que el crimen es una respuesta directa al ataque de los “197 disparos” ocurrido el 11 de enero. Aquel incidente, donde se utilizó armamento de alto poder (presuntamente una metralleta), fue la culminación de una disputa territorial por la venta de estupefacientes que mantiene en vilo a los vecinos de la zona sur.
Escándalo Judicial: La muerte de Peralta ha desatado una ola de críticas hacia el sistema de garantías. Mientras el oficialismo local pide medidas más estrictas contra el crimen organizado, desde la justicia se defiende la excarcelación argumentando “falta de riesgos procesales”, una lectura que ha quedado trágicamente refutada por la realidad de las calles.
El caso de Matías Peralta es el ejemplo perfecto de la disfuncionalidad del sistema penal en zonas dominadas por bandas criminales. La “puerta giratoria” no solo frustra la labor policial, sino que en este caso sirvió de catalizador para una ejecución sumaria. El mensaje de las bandas es claro: donde la justicia no llega o libera, el plomo resuelve las cuentas pendientes.




