Jerusalén-4 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA— El Ejército de Israel lanzó en la madrugada de este miércoles una nueva ola de ataques de gran escala contra objetivos que describió como “clave” del régimen de Irán, en una escalada que también impactó en Líbano con bombardeos sobre áreas vinculadas a Hezbollah y que volvió a poner en máxima tensión a toda la región. Un portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informó que “se ha iniciado una amplia ola de ataques” dirigida a “bases de lanzamiento, sistemas de defensa y otras infraestructuras” iraníes, en el marco de una ofensiva que, según cifras oficiales difundidas por las propias fuerzas, acumula miles de acciones aéreas y municiones empleadas en apenas cuatro días.
La nueva embestida se activó luego de que las autoridades israelíes detectaran un lanzamiento de misiles desde Irán y pusieran en funcionamiento sus sistemas defensivos para interceptar la amenaza. En paralelo, el Comando del Frente Interior envió alertas anticipadas a teléfonos móviles en las zonas bajo riesgo y pidió a los residentes permanecer en áreas protegidas “hasta nuevo aviso”, siguiendo instrucciones estrictas de seguridad. El mensaje buscó reducir víctimas civiles en un contexto en el que las alarmas y los traslados a refugios se convirtieron, otra vez, en parte de la rutina.
De acuerdo con un comunicado militar, las FDI atacaron “centros de mando” del Basij y de la seguridad interna en Teherán, a los que calificaron como parte del “régimen terrorista iraní”. La definición no es casual: Israel viene sosteniendo que su campaña apunta a desarticular el control interno y la capacidad de coordinación del aparato de seguridad de la República Islámica, debilitando la cadena de mando en un momento de alta inestabilidad política y militar.
En el tablero regional, los ataques también alcanzaron objetivos en Beirut, en particular un suburbio del sur considerado bastión de Hezbollah, además de un hotel en las afueras de la capital libanesa, según reportes sobre el terreno. La continuidad del fuego cruzado con el grupo chií elevó el riesgo de una expansión del conflicto hacia el frente libanés, en momentos en que Israel sostiene que enfrenta un “eje” coordinado por Irán con capacidad de operar en varios territorios a la vez.
En las últimas horas, el embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, afirmó que los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel dentro de la operación “Furia Épica” interrumpieron componentes críticos del programa iraní, al destruir centros de comando, lanzadores de misiles y estaciones de radar. En un mensaje público, el diplomático sostuvo que el objetivo fue impedir que Teherán pudiera combinar material nuclear enriquecido con sistemas de lanzamiento, un paso que Israel y Washington consideran determinante en la carrera hacia un arma nuclear.
Leiter también citó declaraciones atribuidas al enviado especial Steve Witkoff en el marco de contactos con representantes iraníes, según las cuales Irán habría reconocido disponer de 642 kilogramos de uranio enriquecido al 60%. En esa misma línea, el embajador sostuvo que el salto de ese nivel a material de grado armamentístico podría ser rápido, lo que —según su planteo— habría obligado a actuar antes de que ciertos sitios se volvieran “impenetrables” para una operación militar. Más allá de la disputa sobre cifras y verificaciones, el mensaje político fue directo: Israel busca presentar la ofensiva como una carrera contra el reloj.
Desde el plano estrictamente militar, el portavoz Nadav Shoshani indicó en una conferencia con prensa internacional que las fuerzas israelíes ya realizaron unas 1.600 incursiones aéreas y lanzaron más de 4.000 proyectiles desde el inicio de la ofensiva, además de destruir alrededor de 300 plataformas de lanzamiento de misiles en territorio iraní y ejecutar cientos de ataques tanto en Irán como en Líbano. La dimensión del operativo ilustra una campaña sostenida, con capacidad de repetición y profundidad, y no un golpe aislado de carácter simbólico.
Entre los blancos mencionados por Shoshani se destacó el ataque contra un edificio asociado a la Asamblea de Expertos en la ciudad de Qom, el organismo religioso integrado por 88 clérigos encargado de elegir al sucesor del líder supremo. El vocero afirmó que, al momento del impacto, los miembros no se encontraban reunidos allí. La explicación oficial fue que Israel procura mantener desorganizado al sistema de conducción iraní y dificultar que el régimen recupere coordinación para sostener su “maquinaria de guerra”.
En paralelo, Israel denunció una escalada por parte de Hezbollah: Shoshani señaló que el grupo lanzó cohetes hacia el centro de Israel por primera vez en varios meses, y no solo hacia el norte, lo que obligó a activar refugios antiaéreos en zonas densamente pobladas. El movimiento amplía el radio de amenaza sobre el territorio israelí y eleva la presión política sobre la conducción militar para responder sin abrir, al mismo tiempo, una guerra total en dos frentes.
Mientras el conflicto entra en una fase de desgaste y golpes de precisión sobre infraestructura crítica, el dato que atraviesa cada comunicado es el mismo: la región dejó de estar al borde de la tormenta y se encuentra, de lleno, en la tormenta. Y en ese escenario, cada misil interceptado y cada ataque sobre centros de mando acerca la crisis a un punto en el que el margen de error se vuelve mínimo.





