Buenos Aires-4 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-— El presidente Javier Milei anunció este miércoles un cambio de alto impacto en el gabinete: el fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires, Juan Bautista Mahiques, asumirá como nuevo titular del Ministerio de Justicia en reemplazo de Mariano Cúneo Libarona, quien dejó el cargo tras insistir durante meses con su salida. La movida no sólo reconfigura la conducción del área encargada de la política judicial y penitenciaria, sino que también expone el tironeo interno en la Casa Rosada por el control de una cartera sensible, en un año en el que el Gobierno promete acelerar reformas y endurecer el enfoque penal.
El anuncio fue realizado por el propio Milei a través de su cuenta oficial en X, y llegó luego de una reunión con Cúneo Libarona para cerrar una “novela” que se estiró más de lo previsto, con idas y vueltas en torno a la continuidad del abogado mediático en el puesto. Distintas crónicas coinciden en que el ahora exministro alegó motivos personales para su salida, aunque el desgaste político y las tensiones dentro del oficialismo fueron creciendo con el correr de los meses. En la práctica, el cambio busca poner un nombre con perfil de gestión judicial y vínculos extendidos en tribunales, pero también con lectura política clara dentro del armado presidencial.
En un mensaje público posterior a su designación, Mahiques agradeció la confianza del Presidente y trazó una hoja de ruta que apunta directo al corazón del discurso libertario: “sin justicia no hay futuro posible”. En esa misma línea, sostuvo que el rumbo exige instituciones que funcionen dentro del Estado de Derecho y un sistema jurídico con reglas claras y estables, capaz de reconstruir la confianza pública, brindar seguridad real y ofrecer previsibilidad para quienes cumplen la ley. El tono buscó mostrarse institucional, con énfasis en seguridad jurídica e independencia, dos conceptos que el Gobierno usa como carta de presentación ante inversores y actores económicos.
La designación se produjo en un contexto particular: días atrás, durante su discurso ante el Congreso, Milei ratificó que este año irá por nuevas reformas del sistema penal y por un endurecimiento de penas, un terreno donde el Ministerio de Justicia se vuelve una pieza central. El cambio de ministro, en ese marco, es leído por analistas políticos como un intento de alinear la cartera con el tramo más “operativo” de la agenda oficial: reformas, reglamentaciones, negociación parlamentaria y coordinación con el resto del gabinete para que las iniciativas no se empantanen.
Además, el recambio llega luego de recientes victorias legislativas del Gobierno en el Congreso, que reforzaron la idea de que el oficialismo intentará sostener el impulso reformista. En ese escenario, Mahiques desembarca con una expectativa doble: acelerar la agenda judicial, y al mismo tiempo ordenar un ministerio que venía atravesado por ruidos internos y por una sensación de interinidad prolongada.
Un dato político que se subraya en la trastienda es el nombramiento del vice: Santiago Viola será el viceministro. Con vínculos estrechos con el círculo de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y con los armadores Eduardo Menem y Martín Menem, Viola aparece en varias lecturas periodísticas como un nombre que consolida el peso del karinismo en un área clave. En las últimas semanas, distintos medios registraron una interna dura por el control del Ministerio y por el manejo de la relación con el sistema judicial, un mundo donde cada decisión —nombramientos, reformas, interlocutores— suele tener consecuencias políticas inmediatas.
La llegada de Mahiques, por su parte, abre un debate inevitable sobre independencia y permeabilidad política. Hasta ahora, se desempeñaba como jefe de los fiscales porteños, y su figura ha sido observada con atención desde que fue propuesto y aprobado para ese cargo años atrás. En aquel proceso, sectores del ámbito judicial y organizaciones profesionales habían cuestionado si reunía o no las garantías de autonomía necesarias, por sus antecedentes de gestión y por su relación con distintos espacios de poder. El Gobierno apuesta a que su experiencia como fiscal y gestor lo convierta en un “ejecutor” eficiente; la oposición y actores críticos miran con desconfianza cualquier señal que pueda interpretarse como captura política de un área que debería cuidar equilibrios institucionales.
En el mismo paquete se suma el peso del apellido: Juan Bautista Mahiques es hijo de Carlos Mahiques, magistrado con trayectoria y con pasado en la política bonaerense. Para el oficialismo, es un dato biográfico que no debería eclipsar credenciales; para sus críticos, puede alimentar la sospecha de continuidad de redes de influencia y de una Justicia demasiado ligada a la rosca. Son discusiones que rara vez se quedan en lo técnico: en Argentina, la política judicial siempre se lee como poder.
En cuanto al rol que deja Cúneo Libarona, el cambio tiene un costado de cierre de etapa. Fue uno de los últimos ministros que quedaban del primer gabinete de Milei desde diciembre de 2023, y su salida reordena una mesa que, en el mundo real, combina tres planos: la gestión administrativa de un ministerio, la relación con el Congreso para impulsar leyes, y el vínculo con tribunales y organismos del sistema de Justicia. En todos esos frentes, el Gobierno ahora buscará una conducción con menos ruido interno y con una arquitectura política más clara.
La reacción del sistema judicial y de la dirigencia será clave. En el corto plazo, se espera que Mahiques defina sus equipos, revise prioridades y marque un estilo de conducción. También deberá administrar el delicado equilibrio entre el discurso de independencia y el hecho concreto de haber sido un actor central de la persecución penal en la Ciudad de Buenos Aires. En un país donde el debate sobre “justicia y política” vive en tensión permanente, el nuevo ministro arranca con un desafío fuerte: convencer de que su llegada fortalece instituciones y no las subordina.
Para el Gobierno, el mensaje es simple: cambio de conductor, continuidad de rumbo, y un Ministerio alineado con la etapa de reformas. Para los críticos, la pregunta es otra: si esta designación trae más institucionalidad o más control político sobre un engranaje que debería estar blindado. Entre una expectativa y la otra, lo cierto es que Justicia vuelve al centro del tablero, con nombres propios y una promesa de que lo que viene no será neutro.





