Por Daniel Romero
Buenos Aires, 8 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La guerra en Medio Oriente abrió una grieta cada vez más visible dentro del propio sistema de poder de Irán. Mientras el presidente iraní Masud Pezeshkian anunció públicamente que su gobierno había decidido detener los ataques contra países vecinos y hasta pidió disculpas por los daños provocados, la ofensiva militar continuó pocas horas después con nuevos lanzamientos de misiles y drones. Para analistas internacionales, la secuencia revela una disociación cada vez más evidente entre la conducción política del país, las Fuerzas Armadas y la poderosa Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
El episodio se produjo en medio de la guerra regional desencadenada tras los bombardeos lanzados por Estados Unidos e Israel contra instalaciones estratégicas iraníes. En respuesta, Irán amplió su ofensiva aérea con misiles balísticos y drones contra distintos puntos del Golfo Pérsico, incluyendo territorios donde operan instalaciones militares estadounidenses.
En ese contexto, Masud Pezeshkian apareció en un mensaje televisado en el que intentó bajar la tensión con los países árabes de la región. El mandatario aseguró que el Consejo de Liderazgo iraní había decidido suspender los ataques contra los Estados vecinos, siempre que no se utilizaran sus territorios para lanzar operaciones contra la República Islámica.

“Personalmente pido disculpas a los países vecinos que se vieron afectados por las acciones de Irán”, afirmó Pezeshkian, en una declaración que sorprendió incluso a diplomáticos regionales. El presidente también instó a esos gobiernos a no sumarse a la ofensiva militar impulsada por Estados Unidos e Israel.
Sin embargo, pocas horas después de ese anuncio, la ofensiva iraní se reanudó.
Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos informaron que sus sistemas de defensa aérea interceptaron una nueva oleada de misiles y drones lanzados desde territorio iraní. Según el Ministerio de Defensa de Emiratos, se detectaron 17 misiles balísticos y 117 drones, de los cuales 16 misiles y 113 drones fueron interceptados antes de alcanzar objetivos en el país.
Uno de los misiles cayó en el mar y varios drones se estrellaron sin provocar daños significativos. No obstante, el ataque obligó a activar nuevamente los sistemas antiaéreos en Dubái y Abu Dabi, en una escena que evidenció la persistencia de la amenaza militar pese a las declaraciones conciliadoras del presidente iraní.
Las autoridades emiratíes señalaron además que desde el inicio de la ofensiva se detectaron 238 misiles balísticos y más de 1.400 drones lanzados por Irán, de los cuales la mayoría fueron interceptados por los sistemas defensivos.
Los ataques no se limitaron a objetivos militares. En las últimas jornadas se registraron impactos en áreas cercanas a infraestructuras civiles, incluidos los aeropuertos de Abu Dabi y Dubái, el puerto de Jebel Ali, zonas industriales y áreas hoteleras. Un dron también impactó cerca del consulado de Estados Unidos en Dubái, provocando un incendio sin víctimas.
Hasta el momento, los bombardeos iraníes en Emiratos Árabes Unidos dejaron al menos cuatro muertos y más de cien heridos, entre ellos ciudadanos de distintas nacionalidades, incluidos trabajadores provenientes de Pakistán, Nepal y Bangladesh.
Ante esa situación, el presidente de Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dabi, Mohamed bin Zayed Al Nahyan, lanzó una dura advertencia dirigida a quienes consideró enemigos del país.
“Emiratos es atractivo, es hermoso, es un modelo, pero no se engañen por las apariencias. Tiene una piel dura y carne amarga. No somos una presa fácil”, afirmó Bin Zayed en su primer mensaje público desde el inicio del conflicto.
El mandatario sostuvo que el país atraviesa un “tiempo de guerra” y prometió que las fuerzas armadas protegerán el territorio emiratí. También elogió el trabajo de las fuerzas de seguridad, los servicios de defensa civil y la respuesta de la población frente a los ataques.
Para varios especialistas en geopolítica de Medio Oriente, la contradicción entre el anuncio de Pezeshkian y la continuidad de los bombardeos refleja una característica estructural del sistema político iraní: la fragmentación real del poder.
En la práctica, la conducción del país se distribuye entre múltiples centros de decisión. Por un lado, el presidente y el gobierno civil manejan la política interna y parte de la diplomacia. Por otro, las Fuerzas Armadas regulares responden a estructuras propias de comando. Pero el actor más poderoso es la Guardia Revolucionaria Islámica, que controla grandes sectores del aparato militar, económico y de inteligencia del país.
A esa estructura se suma el papel de las organizaciones terroristas armadas aliadas de Irán en la región —como Hamas, Hezbollah y otras milicias— que operan con distintos grados de autonomía.
Analistas regionales señalan que esa multiplicidad de actores puede generar situaciones en las que las decisiones diplomáticas del gobierno civil no se traduzcan automáticamente en órdenes operativas para las fuerzas militares.
En otras palabras, mientras la política iraní intenta reducir la presión regional y evitar que los países del Golfo se sumen plenamente a la ofensiva occidental, la estructura militar del país continúa ejecutando operaciones que responden a lógicas estratégicas propias.
La consecuencia es un escenario de creciente incertidumbre. Las declaraciones conciliadoras de Pezeshkian contrastan con los ataques que siguen produciéndose en el terreno, lo que alimenta la percepción de que Irán atraviesa una etapa de mando fragmentado en plena guerra y muestra a donde se dirige un Irán fragmentado..
Para los gobiernos árabes de la región, esa falta de coordinación representa un factor de riesgo adicional. La posibilidad de que distintos centros de poder dentro del régimen iraní actúen sin un comando plenamente unificado vuelve más difícil prever la evolución del conflicto.
Mientras tanto, la guerra regional continúa escalando y los sistemas de defensa aérea del Golfo Pérsico permanecen en máxima alerta ante la posibilidad de nuevas oleadas de misiles y drones y el regimen irani muestra desorden en el mando y multiples comandos.




