Buenos Aires, 1 de mayo de 2026 – Total News Agency – TNA-. El Gobierno de Javier Milei tomó distancia de una iniciativa impulsada por Estados Unidos contra China en el marco del conflicto geoestratégico por el control del Canal de Panamá, en una decisión que sorprendió a aliados regionales y generó incomodidad en el Departamento de Estado.
Se trató de un comunicado conjunto promovido por la administración de Donald Trump, en el que se acusaba a la República Popular China de “socavar la soberanía” de países del hemisferio mediante presiones económicas y acciones sobre el comercio marítimo. El texto fue respaldado por Panamá, Paraguay, Bolivia, Costa Rica, Guyana y Trinidad y Tobago, pero no contó con la firma de la Argentina.
El documento advertía sobre supuestas maniobras de China contra buques con bandera panameña, en el contexto de la decisión de la Corte Suprema de Panamá de anular concesiones portuarias vinculadas a empresas de Hong Kong, lo que escaló el conflicto hacia instancias de arbitraje internacional. Además, reafirmaba el compromiso hemisférico de defender la soberanía regional frente a presiones externas.
La ausencia argentina en la firma marcó un giro llamativo en la política exterior del Gobierno libertario, que hasta ahora había mantenido un fuerte alineamiento con Washington y Israel. Fuentes diplomáticas indicaron que la Argentina fue convocada formalmente a través de su embajada en Estados Unidos, encabezada por Alec Oxenford, pero el texto nunca fue respondido por la Cancillería.
También trascendió que la iniciativa pudo haber sido canalizada por el embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, sin obtener respuesta positiva. En el entorno diplomático se manejan distintas hipótesis: desde una decisión directa de no firmar hasta una estrategia de dilación para evitar quedar expuesto en un conflicto de alto voltaje internacional.
Pragmatismo económico frente al alineamiento político
La decisión de Milei refleja un delicado equilibrio entre alineamiento ideológico y necesidad económica. A pesar de su cercanía con Trump, el Gobierno argentino mantiene una relación pragmática con China, principal socio comercial en sectores clave como infraestructura, energía y minería.
Las inversiones chinas en la Argentina superan los 23.000 millones de dólares, mientras que el swap de monedas con el Banco Popular de China —clave para sostener las reservas del Banco Central— alcanza unos 18.000 millones de dólares. En ese contexto, una confrontación directa con Beijing podría generar consecuencias financieras inmediatas.
Desde el oficialismo evitan declaraciones públicas sobre el episodio, en una señal clara de cautela. La prioridad parece ser preservar el flujo de financiamiento y comercio con China, sin romper al mismo tiempo el vínculo estratégico con Estados Unidos.
Presión global y disputa en ascenso
El conflicto por el Canal de Panamá se convirtió en uno de los principales escenarios de la disputa global entre Washington y Beijing. Para Estados Unidos, el control de las rutas marítimas es un asunto de seguridad estratégica. Para China, su expansión comercial y logística en la región es parte de su proyección global.
En ese marco, el Gobierno panameño denunció presiones tras la anulación de concesiones portuarias, incluyendo un aumento en las inspecciones a buques en puertos chinos, lo que interpretan como una respuesta indirecta de Beijing.
Señales mixtas hacia Washington
Pese a la decisión de no firmar el documento, la administración de Milei buscó mantener gestos hacia Estados Unidos. Durante la semana, el Presidente, junto a Karina Milei y funcionarios del gabinete, visitó el portaaviones USS Nimitz, en una clara señal de alineamiento militar y estratégico.
El embajador Lamelas destacó la visita como parte de una “nueva era” en la relación bilateral, con una cooperación que avanza hacia una asociación más profunda frente a los desafíos globales.
Sin embargo, el episodio deja una señal ambigua: mientras el Gobierno reafirma su cercanía con Washington, evita involucrarse en un conflicto directo con China, evidenciando los límites del alineamiento automático en un mundo cada vez más polarizado.
Un equilibrio complejo
La decisión de no firmar el comunicado expone la tensión entre ideología y realidad económica. Para la Argentina, el desafío es sostener relaciones con ambas potencias sin quedar atrapada en la disputa.
El Gobierno de Milei intenta jugar en los dos tableros: alineamiento político con Estados Unidos y pragmatismo económico con China. Pero en un escenario de creciente confrontación global, esa estrategia podría volverse cada vez más difícil de sostener.





