Islamabad – 12 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció este viernes que se alcanzó un “texto definitivo y consensuado” para un acuerdo de paz entre Irán y Estados Unidos, en una movida diplomática que podría abrir la puerta al fin de la guerra en el Golfo Pérsico, la reapertura plena del Estrecho de Ormuz y una negociación más amplia sobre el programa nuclear iraní.
“La paz nunca ha estado tan cerca”, afirmó Sharif en la red social X, al confirmar que Islamabad trabaja con ambas partes para cerrar los próximos pasos del entendimiento. El anuncio llegó poco después de que el canciller iraní, Abbas Araghchi, asegurara que un memorando de entendimiento con Washington se encontraba “más cerca que nunca”, aunque evitó confirmar públicamente los términos finales y pidió esperar a que el proceso diplomático sea formalizado.
Según pudo reconstruir Total News Agency, el memorando que circula en las negociaciones consta de 14 puntos y fue revelado parcialmente y se citó a una fuente cercana al equipo negociador. El documento prevé un cese inmediato de hostilidades en todos los frentes, el levantamiento del bloqueo marítimo, la reapertura de la navegación a través del Estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días y la retirada de fuerzas estadounidenses de zonas adyacentes a Irán.
El borrador también contempla compromisos económicos de alto impacto. Estados Unidos se comprometería a no imponer nuevas sanciones durante las negociaciones, suspender restricciones sobre exportaciones de petróleo iraní, productos petroquímicos y derivados, y desbloquear 24.000 millones de dólares de activos iraníes en un plazo de 60 días. La mitad de esos fondos debería estar disponible para Teherán antes del inicio de las negociaciones finales.
Además, el texto atribuido a las conversaciones prevé que Estados Unidos y sus aliados presenten programas de reconstrucción para Irán por al menos 300.000 millones de dólares, una cifra que, de confirmarse, convertiría el acuerdo en una de las operaciones diplomáticas y financieras más ambiciosas de las últimas décadas en Medio Oriente.
Sin embargo, la versión iraní no coincide plenamente con la lectura estadounidense. Fuentes de Washington sostienen que el documento incluye objetivos centrales para el presidente Donald Trump: el desbloqueo del Estrecho de Ormuz, la estabilización del Golfo, la inclusión del frente libanés y, sobre todo, el desmantelamiento del programa nuclear iraní. Para la Casa Blanca, no habría alivio económico sin cumplimiento verificable.
Un alto funcionario estadounidense, citado bajo reserva, estimó en “80 a 85 por ciento” la probabilidad de que el acuerdo sea firmado en los próximos días. La posible ceremonia podría realizarse durante el fin de semana en Europa, y Suiza ya se ofreció como sede. El vicepresidente JD Vance afirmó que los términos del memorando tienen “potencial para transformar la región y conducir a una paz duradera”.
La cautela, no obstante, domina en todas las capitales involucradas. En Teherán, el régimen intenta presentar el eventual acuerdo como una victoria diplomática luego de semanas de presión militar y económica. En Washington, la administración Trump busca mostrar que logró sentar al régimen iraní frente a un texto que incluiría la cuestión nuclear, el petróleo, Ormuz y la seguridad regional.
El capítulo más sensible es el nuclear. Irán insiste desde hace años en que su programa tiene fines civiles, pero Estados Unidos, Israel y otros países occidentales sostienen que el régimen desarrolló capacidades que lo acercan a la posibilidad de fabricar un arma atómica. Para Washington, cualquier acuerdo que no incluya verificación, reducción de capacidades y control del uranio enriquecido sería políticamente inviable.
También aparece el frente libanés. El funcionario estadounidense que detalló parte del contenido aseguró que el documento incluye a Líbano, Irán, los países de la costa del Golfo e Israel. Ese punto es clave porque Teherán busca atar el final de la guerra con Estados Unidos al cese de las hostilidades en Líbano, donde Hezbolá, su asociado terrorista, continúa siendo una pieza central de presión contra Israel.
La contradicción es evidente: el régimen iraní reclama que se detengan las operaciones israelíes en Líbano, pero no aparece con la misma firmeza obligando a Hezbolá a cesar sus ataques ni a respetar los entendimientos previos. Para Israel, esa ambigüedad es inaceptable. El gobierno israelí no participó directamente de la negociación y mantiene reservas sobre un acuerdo que, según teme, podría aliviar la presión sobre Irán sin neutralizar a sus proxies regionales.
El Estrecho de Ormuz es otro eje decisivo. Por esa vía circula una porción estratégica del petróleo mundial, y su cierre o restricción altera de inmediato los precios internacionales de la energía. La reapertura plena del paso marítimo es una exigencia de Estados Unidos, de las monarquías del Golfo y de buena parte del comercio global. Para Irán, en cambio, Ormuz es una carta de presión militar y económica.
La mediación de Pakistán le otorga al proceso una señal política particular. Islamabad mantiene canales con Teherán, vínculos estratégicos con actores del Golfo y una relación compleja pero activa con Washington. Su intervención aparece como una vía alternativa luego de semanas de negociaciones cruzadas, filtraciones, amenazas y mensajes contradictorios.
Aun así, el anuncio de Sharif no equivale todavía a una firma definitiva. Las versiones de prensa internacional coinciden en que existe un texto muy avanzado, pero también señalan que persisten diferencias sobre el alcance nuclear, los plazos de verificación, el rol de Israel, la situación de Hezbolá y la secuencia entre alivio económico y cumplimiento iraní.
La Casa Blanca también enfrenta presiones internas. Sectores republicanos exigen que cualquier pacto incluya condiciones duras, verificables y sin concesiones anticipadas al régimen iraní. Del lado iraní, las facciones más radicalizadas resisten un acuerdo que pueda ser leído como una capitulación frente a Estados Unidos después de meses de guerra y sanciones.
El documento, en caso de firmarse, podría inaugurar una tregua de al menos 60 días y abrir una negociación final sobre seguridad regional, navegación, sanciones, petróleo, reconstrucción y programa nuclear. Pero si la letra chica fracasa, el riesgo de una nueva escalada seguirá latente.
Por ahora, el mundo observa una negociación que combina promesa de paz, presión militar, intereses energéticos y una desconfianza estructural entre enemigos históricos. Pakistán afirma que el texto final ya existe. Irán dice que el memorando está cerca. Estados Unidos habla de una posibilidad alta de firma. Pero en Medio Oriente, la distancia entre un borrador diplomático y una paz real suele medirse no en palabras, sino en misiles, petróleo, milicias y garantías verificables.





