Tucumán-12 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- En medio del drama que viven cientos de familias por las inundaciones en el sur tucumano, una escena de violencia política irrumpió con una crudeza difícil de justificar y más difícil aún de naturalizar. El diputado nacional Federico Pelli, de La Libertad Avanza, fue agredido de manera feroz este miércoles por un militante peronista identificado como Marcelo “Pichón” Segura, quien le aplicó un violento y cobarde cabezazo en el rostro cuando el legislador intentaba hacer pasar colchones y otros elementos de asistencia para los damnificados del temporal.
El episodio ocurrió sobre una ruta de la provincia, en un contexto de emergencia social, cuando la prioridad debía estar puesta en ayudar a quienes perdieron parte de lo poco que tenían. Sin embargo, la asistencia quedó en segundo plano cuando el agresor buscó imponer presencia, control y temor en medio de la distribución de ayuda. Según se observa en los videos que circularon con fuerza durante las últimas horas, Pelli intentó avanzar con el operativo solidario y le preguntó al hombre quién era para impedir el paso. La respuesta fue tan desafiante como reveladora: “el que no los va a dejar pasar”. Segundos después, llegó el golpe.

El cabezazo impactó de lleno en el rostro del legislador, que cayó aturdido y ensangrentado, con una fuerte hemorragia nasal, mientras testigos del hecho pedían a los gritos que el agresor fuera esposado de inmediato. La imagen posterior, con una importante mancha de sangre sobre el asfalto, terminó de mostrar la dimensión de un ataque que no puede ser relativizado ni maquillado como un simple altercado. No fue una discusión subida de tono: fue una agresión física directa, brutal y cobarde contra un representante electo que se encontraba colaborando en una situación crítica.

Pelli, de 42 años, estaba acompañado por la diputada Soledad Molinuevo y por el intendente de Concepción, Alejandro Molinuevo, cuando se produjo el episodio. Los colchones y la ayuda quedaron tirados en el suelo mientras el foco pasaba a la violencia desatada por un hombre al que distintos sectores vinculan con el peronismo tucumano. Desde el espacio libertario sostuvieron además que Segura tendría cercanía con el ministro del Interior de Tucumán, Darío Monteros, una conexión que, de comprobarse, aportaría un componente político todavía más delicado a un hecho ya de por sí gravísimo.
La repercusión fue inmediata. El presidente Javier Milei se hizo eco del ataque y afirmó en redes sociales que “esto es lo que tenemos del otro lado”, en una definición que buscó enmarcar el episodio como una muestra del clima de intolerancia que denuncian desde el oficialismo. A su vez, el gobernador Osvaldo Jaldo repudió el hecho y sostuvo que la violencia no tiene lugar en la vida democrática ni en la convivencia entre tucumanos, especialmente en un momento en que la provincia debería estar enfocada en la solidaridad frente al desastre climático.
También se expresó el ex peronista (fue funcionario de Alberto Fernandez) Lisandro Catalán, presidente de La Libertad Avanza en la provincia, quien advirtió sobre la “prepotencia de los que se creen impunes” en Tucumán y aseguró que el espacio irá “hasta las últimas consecuencias” con las denuncias judiciales. Esa frase resume, en buena medida, el punto central que deja este caso: el agresor no solo debe ser repudiado públicamente, sino que debe responder ante la Justicia con todo el peso de la ley. No alcanza con condenas discursivas ni con mensajes de ocasión. Cuando la violencia se ejerce de este modo, frente a testigos, cámaras y en medio de una emergencia humanitaria, el Estado tiene la obligación de actuar.
La agresión ocurrió, además, un día después de que el propio Pelli cuestionara públicamente la situación estructural de la provincia y atribuyera las inundaciones no solo al temporal, sino también a años de mala política, escuelas sin infraestructura y abandono estatal. En ese contexto, el ataque adquiere también una dimensión simbólica inquietante: la respuesta de un aparato territorial que, antes que explicar el desastre, reacciona con violencia frente a quien lo denuncia.
Mientras las lluvias dejaban casas anegadas, clases suspendidas y vecinos desesperados, una de las postales más duras de la jornada no fue solo la del agua entrando en los hogares, sino también la de un dirigente atacado a golpes por intentar asistir a las víctimas. Tucumán merece ayuda, orden y justicia. Y este hecho exige, sin rodeos, que el agresor responda judicialmente por lo que hizo.





