Washington-13 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a endurecer al máximo su discurso contra Irán y aseguró este viernes que las fuerzas norteamericanas están “destruyendo por completo” al régimen persa, en una escalada verbal que acompaña el agravamiento de la guerra iniciada el 28 de febrero junto a Israel. Con un tono desafiante, provocador y sin margen para una salida negociada inmediata, el mandatario afirmó que su país dispone de una potencia de fuego “sin precedentes”, munición “ilimitada” y “todo el tiempo del mundo” para seguir golpeando a la estructura militar iraní.
El mensaje fue difundido durante la madrugada a través de Truth Social, la red utilizada habitualmente por el jefe de la Casa Blanca para fijar posición en medio de las crisis internacionales. Allí, Trump sostuvo que Estados Unidos está destruyendo al régimen iraní en el plano militar, económico y “de cualquier otra forma”, y fue todavía más lejos al afirmar que la Armada iraní “ha desaparecido”, que su Fuerza Aérea “ya no existe”, y que los misiles, drones y otros medios de combate del país persa están siendo diezmados. En esa misma publicación, además, aseguró que los líderes iraníes “han sido borrados de la faz de la tierra”, una frase de enorme dureza que vuelve a mostrar hasta qué punto la administración republicana eligió una lógica de guerra total.
La declaración no quedó allí. En otra frase de alto voltaje político y simbólico, Trump pidió observar “lo que les sucede hoy a estos desquiciados sinvergüenzas”, en aparente alusión a nuevas acciones militares o a golpes adicionales que podrían producirse en las próximas horas. La formulación, más propia de una amenaza directa que de un mensaje diplomático, confirma que la estrategia de Washington no apunta por ahora a una pausa, sino a profundizar la presión sobre el régimen iraní hasta reducir drásticamente su capacidad de respuesta.
El trasfondo de ese mensaje es un conflicto que ya dejó consecuencias militares, energéticas y políticas de gran magnitud. En el terreno bélico, las operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel ampliaron la destrucción de infraestructura militar iraní y golpearon activos navales, aéreos y logísticos del régimen. En paralelo, la tensión en el Golfo Pérsico y en el estrecho de Ormuz disparó una fuerte volatilidad en los mercados energéticos, con el barril de Brent nuevamente por encima de los 100 dólares y con temores crecientes a nuevas alteraciones en el abastecimiento global.
Ese impacto económico ya se siente también dentro de Estados Unidos, donde la suba del petróleo comenzó a reflejarse en el precio de los combustibles. El propio Trump reconoció en las últimas horas que el aumento del crudo puede beneficiar financieramente al mayor productor mundial de petróleo, pero dejó en claro que, desde su perspectiva, la prioridad estratégica está en impedir que Irán consolide o desarrolle capacidad nuclear. El presidente volvió a presentar al régimen iraní como un “imperio malvado” y reiteró que jamás permitirá que llegue a contar con armas nucleares ni que desestabilice aún más a Oriente Medio.
En medio de ese cuadro, la guerra sigue dividiendo a la opinión pública norteamericana. Mientras la Casa Blanca insiste en mostrar fortaleza y control, crecen las dudas sobre el costo político interno del conflicto, sobre todo por el alza de la energía y por la posibilidad de una escalada aún mayor en la región. A eso se sumó este viernes la noticia de un accidente de una aeronave de reabastecimiento en Irak, en el que murieron cuatro militares estadounidenses, un episodio que volvió a poner sobre la mesa el peso humano y estratégico de una guerra que, lejos de enfriarse, parece entrar en una fase todavía más imprevisible.
Con sus últimas declaraciones, Trump dejó en claro que no piensa moderar el tono ni retroceder. Por el contrario, eligió exhibir decisión, capacidad destructiva y voluntad de sostener la campaña mientras sea necesario. El problema, como suele ocurrir en los conflictos abiertos en Oriente Medio, es que la potencia de fuego puede ordenar una ofensiva, pero no siempre garantiza un desenlace controlable. Y mientras el presidente norteamericano redobla su apuesta, el mundo observa con creciente inquietud si este viernes será apenas otro día de guerra o el inicio de una nueva vuelta de tuerca en una confrontación que ya alteró el tablero internacional.





