Valladolid-13 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El cierre de campaña del PSOE en Castilla y León se convirtió este viernes en mucho más que un acto electoral regional. La presencia conjunta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y del exjefe del Ejecutivo José Luis Rodríguez Zapatero transformó el mitin de Valladolid en una reivindicación política del histórico “No a la guerra”, utilizado ahora como herramienta de movilización de la izquierda y como contraste directo con la derecha española y el legado de José María Aznar. El candidato socialista, Carlos Martínez, quedó acompañado por una escena de fuerte densidad nacional, en la que también tuvo protagonismo el ministro Óscar Puente.
El mensaje central fue claro: mientras España, según la narrativa socialista, reivindica la paz, la derecha vuelve a mirar a Aznar y a la foto política de la guerra de Irak. Sánchez recuperó esa memoria al recordar la oposición de Zapatero a la intervención de 2003 y la conectó con su actual rechazo a una acción que el socialismo considera ilegal contra Irán. Con esa línea, el jefe del Gobierno buscó situar al PSOE como heredero de una tradición de resistencia frente a aventuras militares promovidas por Estados Unidos, al tiempo que intentó convertir esa posición en un factor de movilización electoral de cara a los comicios autonómicos del domingo.
La apelación no fue casual. En una campaña marcada por el avance del PP y el crecimiento de Vox, los socialistas eligieron tensar el contraste ideológico para tratar de activar a su electorado más fiel. El “No a la guerra” reapareció así como una consigna de identidad, pero también como una herramienta de campaña, en un momento en que el conflicto con Irán y el papel de Donald Trump vuelven a atravesar el debate político español. En ese marco, Sánchez insistió en que una amplísima mayoría de los españoles no quiere la guerra y agradeció públicamente la “valentía” de Zapatero, enlazando aquella decisión de 2004 de retirar las tropas de Irak con la postura actual del Gobierno.
A su turno, Zapatero profundizó esa línea y volvió a presentar como una de las decisiones más definitorias de su mandato la salida de las tropas españolas del escenario iraquí. Su intervención tuvo un tono autobiográfico, con referencias a la llamada que recibió de George Bush y a la dificultad política de aquella determinación. Pero además funcionó como respaldo explícito a Sánchez, a quien colocó en la misma tradición de resistencia frente a una acción militar que considera ilegal. El exmandatario también aprovechó para elogiar al actual Ejecutivo por otras medidas, entre ellas la regularización de inmigrantes y la Ley de Memoria Democrática, en un intercambio de reconocimientos mutuos que reforzó la imagen de continuidad entre ambos liderazgos.
El acto se celebró en la Cúpula del Milenio de Valladolid, un lugar cargado de simbolismo para el sanchismo, ya que allí tuvo uno de los hitos decisivos de su remontada interna en las primarias socialistas de 2017. La organización destacó una fuerte convocatoria, con miles de personas dentro y fuera del recinto, en una imagen que el oficialismo quiso leer como muestra de entusiasmo en la recta final de una campaña difícil para el PSOE en una comunidad donde el PP lleva décadas de hegemonía.
En ese clima, Óscar Puente aportó el tono más combativo y personalista. Reivindicó a Sánchez como un líder forjado en la adversidad, dijo que fue capaz de plantarse ante un “abusón”, en alusión a Trump, y terminó de empujar la consigna del “No a la guerra” frente a un público claramente alineado con ese mensaje. La intervención del ministro volvió a nacionalizar aún más un cierre de campaña que, por momentos, pareció menos centrado en la disputa autonómica con Alfonso Fernández Mañueco y más en la batalla ideológica del socialismo español contra la derecha.
Por su parte, Carlos Martínez intentó devolver el eje al terreno de Castilla y León, con críticas a los casi 40 años de gobiernos del PP, al abandono de la comunidad y al negacionismo de la violencia machista que atribuyó a Vox. También defendió un proyecto “100% feminista” y llamó a la movilización frente al hartazgo acumulado en una región golpeada por la despoblación, la falta de respuestas estructurales y el desgaste de una continuidad política muy prolongada. Sin embargo, el peso de Sánchez y Zapatero terminó imponiendo una lectura nacional del acto.
En definitiva, el PSOE decidió exprimir hasta el último minuto una bandera histórica que considera movilizadora y moralmente rentable: la del rechazo a la guerra. La jugada busca unir memoria, identidad y actualidad internacional para reactivar a su base en una comunidad adversa. Quedará por ver si ese recurso alcanza para torcer una tendencia esquiva o si, como sugieren los sondeos previos, el mensaje sirve más para ordenar al electorado progresista que para alterar el mapa de poder en Castilla y León.





