Buenos Aires-17 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La crisis salarial de la Policía Federal Argentina dejó de ser un malestar silencioso para transformarse en un problema institucional de primera magnitud. En las últimas semanas se multiplicaron las denuncias internas contra la ministra Alejandra Monteoliva por una supuesta promesa de recomposición salarial que no se habría cumplido, mientras la escala vigente de haberes confirma un cuadro de ingresos muy deteriorados en la base de la fuerza. El reclamo de fondo es tan simple como explosivo: salarios de miseria para personal armado, alta exigencia operativa y una conducción política que, según las quejas de efectivos y familiares, no está honrando la palabra empeñada.
El dato más sensible es el nivel de los haberes de marzo. Según la escala salarial difundida para la PFA, un Agente cobra $878.108,49, un Cabo $965.919,34, un Cabo 1° $1.062.511,28 y un Sargento $1.168.762,41. Incluso dentro del escalafón de oficiales subalternos, un Ayudante percibe $956.492,54. La foto es dura: buena parte del personal operativo de base quedó por debajo de la Canasta Básica Total para un hogar tipo de cuatro integrantes en el Gran Buenos Aires, que en febrero fue de $1.112.710, según el INDEC.
Recuadro | Sueldos de la Policía Federal en marzo
Agente: $878.108,49
Cabo: $965.919,34
Cabo 1°: $1.062.511,28
Sargento: $1.168.762,41
Ayudante: $956.492,54
Subinspector: $1.052.141,79En la base operativa de la fuerza, varios rangos quedaron por debajo de la línea de pobreza para un hogar tipo.
Ese desfasaje se agrava cuando se lo compara con otras jurisdicciones. En Entre Ríos, el gobierno provincial informó en febrero que un agente con un año de antigüedad pasaría a percibir $1.302.000. En Santa Fe, tras la última recomposición, el piso de bolsillo para un suboficial ingresante fue fijado en $1.360.000, con suplementos operativos adicionales que elevan aún más el ingreso efectivo de calle. La brecha expone una anomalía cada vez más difícil de justificar: la fuerza federal, que depende directamente de la administración nacional, paga en la base bastante menos que varias policías provinciales.
Recuadro | Comparación rápida
PFA – Agente: $878.108,49
Entre Ríos – Agente (1 año): $1.302.000
Santa Fe – Suboficial ingresante: $1.360.000La diferencia salarial con otras fuerzas ya no es marginal: se volvió estructural.
Sobre ese telón de fondo apareció la denuncia más política: que a fines de 2025 se habría conversado una recomposición del orden del 38% para el primer tramo de 2026 y que finalmente solo llegaron incrementos parciales muy inferiores. Ese compromiso no surge, hasta ahora, de documentación oficial pública verificada, por lo que debe ser leído como una denuncia interna y no como un hecho acreditado. Pero el malestar no se explica solo por esa versión: aun sin tomarla por cierta, la escala salarial vigente y la inflación acumulada del año muestran una pérdida real muy fuerte del poder adquisitivo. En enero y febrero, el IPC acumuló 5,9%, mientras la Canasta Básica Total avanzó 6,8% en el primer bimestre.
La consecuencia práctica de ese deterioro es el éxodo. No encontré una estadística oficial pública que confirme la cifra de bajas “trece veces” superior al promedio histórico, por lo que ese dato también debe tratarse como una denuncia no corroborada. Pero sí existe abundante evidencia periodística reciente sobre un cuadro de reclamos por bajos salarios, pluriempleo, maltrato y abandono del personal dentro de las fuerzas federales. Ese contexto vuelve verosímil que muchos agentes busquen salida en la seguridad privada, aplicaciones de transporte u otras actividades con ingresos más previsibles y menos desgaste institucional.
La figura de Monteoliva también arrastra un antecedente incómodo. En Córdoba, su paso por el Ministerio de Seguridad quedó marcado por el acuartelamiento policial y los saqueos de diciembre de 2013, episodio tras el cual dejó el cargo en medio de una fuerte crisis política. Distintas reconstrucciones periodísticas de la época y revisiones posteriores coinciden en que su salida estuvo directamente vinculada a aquel colapso del control policial y de la conducción política del área. Esa historia vuelve hoy a ser observada con atención, porque el conflicto salarial en la PFA reabre viejas dudas sobre su capacidad para administrar fuerzas de seguridad en contextos de alta tensión interna.
En definitiva, la situación de la Policía Federal combina tres factores que no suelen convivir sin consecuencias: salarios que en varios rangos no cubren la canasta básica, sensación de promesas incumplidas y una conducción ministerial cuestionada por su manejo político del conflicto. En una fuerza armada y central para la seguridad nacional, esa mezcla no es solo un problema gremial o presupuestario. Es, cada vez más, un problema de Estado.





