Por Adalberto Agozino
El informe elaborado por el centro de estudios Stimson Center constituye una de las radiografías geopolíticas más ambiciosas y favorables que haya recibido Marruecos en los últimos años desde un think tank estadounidense de reconocido prestigio e influencia.
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Buenos Aires – El documento no solo describe la evolución económica y diplomática del reino alauí, sino que lo sitúa en una categoría que hasta hace poco parecía reservada a potencias regionales más consolidadas: la de “potencia intermedia estratégica”, capaz de influir simultáneamente sobre Europa, África y Oriente Próximo.
El informe parte de una premisa central: Marruecos ha dejado de ser únicamente un actor periférico del Magreb para convertirse en un nodo geopolítico esencial entre el Atlántico, el Mediterráneo y el Sahel. Esa mutación, según el análisis, no es fruto de una coyuntura pasajera, sino el resultado de una política de Estado sostenida durante más de dos décadas bajo el reinado de Mohammed VI. El documento interpreta esa continuidad estratégica como uno de los mayores activos del país en una región frecuentemente atravesada por crisis institucionales, golpes de Estado, conflictos armados y fragmentación política.
La cuestión del Sáhara ocupa el núcleo político del informe. El texto considera que Rabat ha conseguido alterar profundamente el equilibrio diplomático internacional en torno al conflicto y consolidar una narrativa favorable a su propuesta de autonomía. La lectura del Centro Stimson es inequívoca: la iniciativa marroquí es presentada como la única solución “seria, creíble y realista” para una disputa que arrastra décadas de bloqueo diplomático.
El informe otorga una relevancia especial a la evolución de las posiciones occidentales. El reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara durante la Administración de Donald Trump aparece descrito como un punto de inflexión estratégico cuyas consecuencias siguen redefiniendo el tablero regional. Más importante aún para los autores del documento es el hecho de que la posterior Administración de Joe Biden no revirtiera aquella decisión, interpretada así como una política estructural de Washington y no como una mera maniobra coyuntural.
La resolución 2797 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en octubre de 2025, es presentada como otro hito decisivo. Según el informe, el nuevo marco diplomático sitúa el plan de autonomía marroquí en el centro de las negociaciones internacionales y reconoce explícitamente a Argelia como parte involucrada en el conflicto. Para Rabat, esta evolución representa una victoria diplomática de enorme alcance porque desmonta la tradicional presentación del contencioso como una simple disputa entre Marruecos y el Frente Polisario.
El documento también enfatiza la dimensión territorial y económica de la estrategia marroquí en las provincias del sur. Las inversiones en infraestructuras, puertos atlánticos, carreteras, proyectos energéticos y zonas industriales son interpretadas como un mecanismo de integración irreversible del Sáhara dentro de la visión nacional de largo plazo del reino. La costa atlántica sahariana aparece definida como un futuro corredor comercial hacia África Occidental y un eje central de la estrategia africana marroquí.
El análisis del Centro Stimson subraya además el progresivo aislamiento diplomático de Argelia. Aunque evita un lenguaje abiertamente confrontativo, el informe describe cómo Rabat ha conseguido reforzar sus relaciones africanas mientras Argel afronta crecientes tensiones con países del Sahel y con la nueva arquitectura política emergente en África occidental. La ruptura diplomática entre ambos países en 2021, el cierre del espacio aéreo argelino y la suspensión del gasoducto Magreb-Europa son mencionados como síntomas de una rivalidad estructural que continúa condicionando el equilibrio estratégico del norte de África.
Sin embargo, el documento sostiene que la evolución reciente favorece claramente a Marruecos. La apertura de consulados africanos y árabes en Dajla y El Aaiún, así como el apoyo explícito de numerosos Estados africanos y árabes al plan marroquí, son interpretados como pruebas tangibles de una legitimidad internacional creciente. El texto sugiere incluso que la diplomacia marroquí ha logrado convertir la cuestión sahariana en un instrumento de proyección continental.
La relación con Unión Europea ocupa otro capítulo central del informe. Para los autores, Marruecos se ha transformado en un socio prácticamente indispensable para Bruselas en materias tan sensibles como migración, seguridad mediterránea, lucha antiterrorista y transición energética. La UE aparece no solo como el principal socio comercial del reino, sino también como el espacio económico respecto del cual Marruecos ha desarrollado una estrategia de integración productiva cada vez más sofisticada.
El informe insiste en que Marruecos ya no puede ser considerado únicamente una economía agrícola o turística. La transformación industrial del país constituye uno de los ejes más celebrados del análisis. El sector automovilístico es presentado como el más avanzado del continente africano, con una capacidad exportadora que supera ya a sectores históricos como el fosfato. El texto destaca la consolidación de un ecosistema industrial integrado alrededor de gigantes como Renault Group y Stellantis, cuyas plantas marroquíes producen más de un millón de vehículos anuales.
La importancia estratégica de Puerto Tanger Med aparece como uno de los símbolos más visibles de esta transformación. El informe describe el complejo portuario como uno de los mayores éxitos logísticos del Mediterráneo y de África, capaz de competir con infraestructuras europeas históricamente dominantes. Tanger Med es presentado como un punto neurálgico de las cadenas globales de suministro y como la evidencia más clara de la voluntad marroquí de posicionarse como plataforma industrial y exportadora entre Europa y África.
El documento también dedica amplio espacio al ascenso energético del reino. Marruecos es descrito como uno de los líderes africanos en transición energética, especialmente en energía solar, eólica e hidrógeno verde. El complejo solar Noor Ouarzazate aparece convertido en el emblema internacional de esa ambición. El informe sostiene que Rabat aspira a transformarse en proveedor estratégico de energía verde para Europa, aprovechando tanto su cercanía geográfica como sus recursos naturales excepcionales.
La apuesta por el hidrógeno verde ocupa un lugar destacado dentro de esa visión. El Centro Stimson considera que Marruecos posee condiciones especialmente favorables para integrarse en las futuras cadenas energéticas globales, gracias a su potencial solar y eólico, a su estabilidad política y a su capacidad para atraer inversiones internacionales. Los proyectos vinculados al hidrógeno, al amoníaco verde y a los combustibles industriales son descritos como parte de una estrategia de reposicionamiento económico de largo alcance.
El informe observa igualmente un giro estratégico hacia los minerales críticos y las baterías eléctricas. La enorme reserva de fosfatos del país y su creciente papel en la producción de materiales vinculados a vehículos eléctricos son presentados como factores que podrían convertir a Marruecos en un actor central de la economía energética del siglo XXI. El texto presta particular atención a la instalación de empresas chinas vinculadas al sector de baterías, un fenómeno que revela tanto las oportunidades como las tensiones geopolíticas asociadas a la competencia tecnológica global entre Washington y Pekín.
En materia africana, el análisis considera que Marruecos ha conseguido desarrollar una de las políticas continentales más activas del norte de África. El regreso a Unión Africana en 2017 es interpretado como una maniobra estratégica destinada a disputar desde dentro la legitimidad diplomática de la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática. Paralelamente, la expansión de bancos, compañías de telecomunicaciones y empresas marroquíes por África occidental y central aparece como el componente económico de una diplomacia de influencia cuidadosamente diseñada.
La relación con Estados Unidos es descrita como excepcionalmente sólida. El informe recuerda que Marruecos fue el primer país en reconocer a Estados Unidos en el siglo XVIII y destaca la profundidad actual de la cooperación militar, de inteligencia y contraterrorista. Los ejercicios African Lion y el estatuto de aliado principal no miembro de la OTAN son señalados como pruebas de una asociación estratégica consolidada.
En paralelo, el documento sostiene que Rabat ha sabido mantener relaciones pragmáticas con múltiples polos de poder sin romper su alineamiento occidental. El acercamiento económico a China, especialmente en infraestructuras y tecnologías vinculadas a baterías, es presentado como un ejemplo de la capacidad marroquí para diversificar alianzas sin alterar su arquitectura estratégica principal.
Pese al tono ampliamente favorable, el informe no ignora las fragilidades internas del país. El desempleo juvenil, especialmente en zonas urbanas, la persistente desigualdad regional y la crisis hídrica aparecen como amenazas estructurales que podrían limitar la sostenibilidad del modelo marroquí. La escasez de agua es descrita como uno de los principales desafíos existenciales del reino, agravado por las sequías recurrentes y el cambio climático.
También se señalan limitaciones en materia educativa, participación femenina y burocracia administrativa. Sin embargo, el Centro Stimson interpreta estos problemas más como desafíos de gestión dentro de una trayectoria ascendente que como síntomas de estancamiento estructural.
La conclusión del informe es clara: Marruecos dispone hoy de las bases necesarias para convertirse en una de las principales potencias de influencia del continente africano y del espacio mediterráneo durante las próximas décadas. El reino aparece retratado como un Estado estable, con visión estratégica, creciente sofisticación industrial y una diplomacia extraordinariamente activa.
En un contexto internacional marcado por la fragmentación geopolítica, las tensiones energéticas y la competencia por nuevas cadenas industriales, el análisis del Centro Stimson sugiere que Rabat ha logrado algo poco frecuente en el norte de África contemporáneo: transformar la estabilidad política en una plataforma de proyección internacional, desarrollo industrial y expansión diplomática





