Madrid-23 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El régimen de Irán volvió a exhibir hasta qué punto explota políticamente las posiciones de ciertos líderes occidentales al difundir un video en el que aparece la imagen del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, pegada sobre un misil junto a una frase atribuida a su discurso contra la guerra. La escena, difundida por canales iraníes vinculados al aparato propagandístico del régimen, provocó una inmediata reacción de Israel y abrió en España un nuevo frente de controversia sobre el costo político y diplomático de la postura que Sánchez viene sosteniendo frente a la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel para frenar el desarrollo nuclear y misilístico de Teherán.

La secuencia no fue un episodio menor ni una anécdota de redes. Según trascendió este lunes, el video fue difundido por medios iraníes y replicado luego por la diplomacia israelí, que acusó al presidente español de haberse convertido, voluntaria o involuntariamente, en insumo útil para la propaganda de los ayatolás. En las imágenes se observa a un integrante de la estructura militar iraní adhiriendo al proyectil una pegatina con el rostro de Sánchez y una leyenda en inglés y en farsi que parafrasea sus palabras contra la guerra. El mensaje agradece al jefe del Ejecutivo español su posición y convierte esa toma de postura en material simbólico de una campaña armada dirigida contra Israel.
El episodio no brotó de la nada. Desde el inicio de la guerra con Irán, Pedro Sánchez se colocó entre los dirigentes europeos más duros contra la acción militar de Washington y Jerusalén, a la que calificó como contraria al derecho internacional y desestabilizadora del orden global. En paralelo, el Gobierno español insistió con la consigna del “No a la guerra”, rechazó la utilización de bases españolas para la campaña y se mostró decidido a diferenciarse de la línea más alineada con la Casa Blanca. Esa posición, que en Madrid se presenta como una defensa del multilateralismo y de la legalidad internacional, fue leída en Teherán como una oportunidad propagandística de enorme valor.
En otras palabras, más que una “excelente relación” formal entre España e Irán, lo que quedó expuesto es una sintonía política que el régimen iraní no tardó en capitalizar. Sánchez no aparece como aliado institucional de los ayatolás, pero sus declaraciones fueron utilizadas por la maquinaria comunicacional del régimen como si se tratara de una validación internacional de su relato. Y ese punto es, precisamente, el que volvió más explosiva la reacción israelí. Para Israel, no se trató sólo de una provocación visual, sino de la confirmación de que el jefe del Gobierno español se ha convertido en una referencia funcional al discurso de quienes lanzan misiles contra civiles israelíes y amenazan también al mundo árabe.
La respuesta diplomática israelí fue inmediata y durísima. Desde Jerusalén volvieron a cargar contra Sánchez y le preguntaron públicamente qué se siente al saber que su rostro y sus palabras figuran en misiles disparados por el régimen iraní. El reproche llegó en un contexto ya extremadamente deteriorado entre ambos países. La relación bilateral venía arrastrando una escalada de tensión desde 2023, profundizada por las críticas del presidente español a la conducción de Benjamin Netanyahu, el reconocimiento del Estado palestino y, más recientemente, por la rebaja del nivel de representación diplomática entre ambos gobiernos.
Esa degradación previa ayuda a entender por qué el incidente del misil fue leído como algo mucho más serio que una simple operación mediática. En Israel consideran que el endurecimiento verbal de Sánchez contra la campaña militar sobre Irán, sumado a su confrontación permanente con Netanyahu, terminó generando un marco político ideal para que Teherán intentara presentarlo como una voz occidental útil a su narrativa. Es un movimiento clásico del régimen iraní: apropiarse de las críticas externas a sus enemigos para reciclarlas como legitimación de su propia conducta.
Para el Gobierno español, sin embargo, el foco sigue puesto en la defensa de una posición que define como coherente y consistente. La Moncloa insiste en que su línea es la defensa de la paz, del derecho internacional y del rechazo a la guerra, y sostiene que las consecuencias económicas y energéticas del conflicto obligan a privilegiar la desescalada. Pero el problema político para Sánchez es que esa postura ya no se discute sólo en el terreno diplomático o ideológico. Después del video iraní, también se discute en el terreno simbólico: el de una imagen presidencial convertida en agradecimiento visual del mismo régimen que sigue desarrollando capacidades militares, amenaza a sus vecinos y utiliza el terror como herramienta regional.
El episodio deja así una fotografía incómoda para el presidente español. Aunque no haya evidencia de una alianza formal con Irán, el régimen de los ayatolás encontró en sus palabras material suficiente para montar una operación propagandística de alto impacto. Y en política internacional, a veces, eso alcanza para producir un daño duradero. Porque cuando un misil lleva la cara de un líder europeo como gesto de gratitud, el problema ya no es sólo lo que ese líder quiso decir, sino también quién decidió apropiarse de sus palabras y para qué.
Fuentes consultadas: El video propagandístico iraní con la imagen de Pedro Sánchez y una frase suya pegada a un misil, su difusión por canales vinculados a la Guardia Revolucionaria y por Tasnim y Press TV, así como la reacción pública del Ministerio de Exteriores de Israel, fueron reportados por El País. La postura oficial de Sánchez en defensa del “No a la guerra” y del derecho internacional fue expuesta por La Moncloa en su resumen de la sesión de control del 18 de marzo. La caracterización de España como uno de los gobiernos europeos más críticos de la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán fue recogida por Reuters.




