Buenos Aires-5 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Mientras el presidente Javier Milei se empeña en ratificar una y otra vez a Manuel Adorni, la crisis política alrededor del jefe de Gabinete no deja de irradiar tensión hacia el resto del oficialismo. Lejos de apagarse, el llamado “efecto Adorni” se convirtió en un punto de condensación de las diferencias internas entre el sector que orbitan Karina Milei, Martín Menem y Eduardo “Lule” Menem, y el universo de Santiago Caputo, en una disputa cada vez menos disimulada por espacios de poder, control de áreas sensibles y capacidad de influencia sobre la segunda etapa del Gobierno. El respaldo presidencial existe y fue visible en los últimos días, pero no alcanzó para ocultar que debajo de la foto persisten recelos, facturas cruzadas y movimientos sin coordinación.
La secuencia de apoyo a Adorni fue deliberada. Milei lo recibió a solas en Olivos a comienzos de la semana, volvió a mostrarse con él en el acto por Malvinas y autorizó una serie de reuniones de gestión con ministros para reforzar la idea de continuidad. En el entorno de los hermanos Milei la lectura fue clara: no hay decisión de eyectarlo, al menos por ahora. Sin embargo, ese gesto de protección no logró clausurar la inquietud dentro de La Libertad Avanza, donde varios sectores admiten por lo bajo que el avance judicial sobre los vuelos a Punta del Este, las dudas patrimoniales y la exposición mediática del funcionario ya empezaron a afectar la gestión y a recargar el clima interno.
En ese marco, la pelea entre tribus libertarias volvió a emerger con fuerza. Según el material aportado para este cable, en el karinismo circuló la sospecha de que la difusión del video de Adorni caminando junto a Marcelo Grandio en una pista de San Fernando habría sido motorizada como una represalia interna, en medio del desplazamiento de influencia de Santiago Caputo dentro del Ministerio de Justicia tras la salida de Sebastián Amerio y la llegada de Juan Bautista Mahiques. Otras versiones libertarias, también reflejadas en el mismo material, rechazan de plano esa hipótesis y adjudican la filtración a sectores enquistados en la PSA. Lo significativo no es sólo cuál versión sea cierta, sino que ambas hayan circulado con naturalidad dentro del oficialismo: eso revela hasta qué punto la desconfianza entre las distintas terminales del poder libertario ya forma parte del paisaje cotidiano.
El frente de Justicia también se convirtió en otro campo de fricción. La salida de Amerio del ministerio y su desembarco posterior como procurador del Tesoro marcaron un corrimiento concreto de piezas en un área decisiva. A eso se sumó el envío al Senado de una primera tanda de pliegos para cubrir vacantes judiciales, una movida encabezada por Mahiques que, según distintas lecturas en el oficialismo, no termina de encajar del todo con los nombres y preferencias del universo de Caputo. El ruido se potenció además por la inclusión del hijo de Horacio Rosatti en una terna y por la velocidad con la que el Gobierno decidió reactivar un tablero judicial donde se cruzan ambiciones institucionales, equilibrio interno y cálculo político.
La puja también se trasladó al Congreso. La reciente decisión de la Cámara Contencioso Administrativo Federal que ordenó al Gobierno cumplir la ley de financiamiento universitario dejó al desnudo otra diferencia táctica dentro del oficialismo. Mientras algunos sectores apostaban a sostener acuerdos parlamentarios o administrar políticamente el conflicto, otros confiaban en una salida judicial que evitara tener que ejecutar una norma resistida por la Casa Rosada. El fallo terminó frustrando esa expectativa y abrió un nuevo pase de facturas entre quienes defendían una salida más negociada y quienes privilegiaban una estrategia más cerrada y judicializada. En el corazón del poder libertario nadie ignora que ese episodio volvió a tensionar la convivencia entre los distintos armadores del Gobierno.
Por ahora, la decisión superior sigue siendo sostener a Adorni y evitar que su crisis personal se transforme en una crisis de gabinete. Pero la fotografía completa muestra algo más incómodo: el oficialismo no sólo enfrenta el desgaste externo de un funcionario cercado por causas y sospechas, sino también una lucha interna por el control de áreas, nombres y métodos en la que conviven el karinismo, los Menem y el dispositivo de Caputo. El Gobierno intenta exhibir cohesión, pero cada nuevo episodio confirma que la unidad libertaria sigue dependiendo menos de una coordinación orgánica que de la voluntad arbitral del Presidente y de su hermana. Y cuando el poder se sostiene así, cualquier sacudón en una pieza sensible termina amplificando todas las fisuras del tablero.




