Jerusalén, 10 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- El régimen de Irán volvió a quedar expuesto en una maniobra de infiltración y terrorismo encubierto dentro de Israel, luego de que el Shin Bet y la Policía de Israel desbarataran en Haifa una célula integrada por ciudadanos israelíes acusados de trabajar para inteligencia iraní, fabricar explosivos y reunir información sensible en plena guerra regional. La investigación apunta a Ami Gaidrov, de 22 años, como pieza central de una estructura que no sólo recibía órdenes directas de un operador iraní, sino que además avanzó en tareas concretas de preparación operativa contra una figura israelí de alto perfil.
El punto que merece quedar claro es que, para las autoridades israelíes, no se trató de una sospecha vaga ni de un contacto casual con agentes extranjeros, sino de una operatoria concreta atribuida al aparato iraní. De acuerdo con la investigación difundida por medios israelíes, Gaidrov mantuvo contacto con un agente iraní desde agosto de 2025, cobró más de 70.000 shekels, alquiló un departamento en Haifa para fabricar explosivos y envió fotos y videos como prueba del cumplimiento de las misiones encomendadas. El cuadro que describen los investigadores es el de una acción de espionaje y sabotaje dirigida por Teherán dentro del territorio israelí.
La gravedad del caso aumenta porque la causa no se limita a la preparación de material explosivo. Siempre según la pesquisa, el detenido también realizó tareas de observación sobre el Puerto de Haifa, zonas de impacto de misiles en el norte de Israel y posibles puntos para instalar vigilancia permanente sobre un área estratégica. Es decir, no se estaba frente a un simple intercambio de información irrelevante, sino ante una misión de inteligencia operativa en un momento de guerra abierta con el régimen iraní y sus aliados regionales.
En paralelo, la investigación sostiene que Gaidrov involucró a otras personas en la compra de materiales, el ocultamiento de explosivos y las pruebas de funcionamiento. Entre los nombres mencionados por la prensa israelí aparecen Sergey Leibman y Edward Shovtiuk, también alcanzados por la pesquisa. Esa derivación refuerza una advertencia que en Israel se repite desde hace meses: Irán intenta reclutar israelíes mediante dinero fácil, criptomonedas y contactos encubiertos para montar redes internas que luego puedan ser usadas en atentados, sabotaje o vigilancia estratégica.
Otro punto que en la cobertura local aparece con fuerza es el posible blanco del plan. Aunque las autoridades no identificaron oficialmente a la figura objetivo en el comunicado inicial, medios israelíes reportaron que la investigación vincula la maniobra con un plan para atacar al ex primer ministro Naftali Bennett. Esa precisión todavía se mueve en el terreno de la reconstrucción periodística, pero ya forma parte del consenso informativo dominante en Israel alrededor del expediente.
En términos judiciales, la causa entró en una fase decisiva: la fiscalía presentó ya una declaración previa a la acusación formal y se espera que en los próximos días se formalicen cargos contra los principales involucrados. Ahí está la distinción que conviene hacer con precisión: la responsabilidad penal final la determinará la Justicia, pero la operatoria fue detectada, desbaratada y expuesta por los organismos de seguridad israelíes como una acción dirigida por el régimen iraní. En otras palabras, no se habla aquí de una especulación política, sino de una amenaza interna que Israel considera comprobada en el plano de inteligencia y de seguridad nacional.
Para Israel, el caso vuelve a mostrar un patrón inquietante: mientras Teherán confronta de manera abierta en el plano militar y regional, también opera en las sombras para golpear desde adentro. Y para el régimen iraní, ese tipo de maniobra encaja con una lógica conocida: usar terceros, reclutas locales y células discretas para hostigar, espiar o preparar atentados sin exponerse de forma directa. La diferencia, esta vez, es que la célula fue descubierta antes de ejecutar su objetivo y dejó a la vista, una vez más, la mano del régimen detrás de una operación clandestina dentro del Estado israelí.





