Buenos Aires, 15 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Estados Unidos redobló este miércoles la presión sobre Irán al exhibir como un éxito operativo las primeras 48 horas del bloqueo naval contra los puertos iraníes, en una jugada que combina coerción militar, asfixia económica y negociación diplomática contrarreloj. El Comando Central estadounidense (CENTCOM) aseguró que 10 buques ya fueron obligados a dar media vuelta desde que comenzó la operación el lunes y que ningún barco vinculado a puertos iraníes logró romper el cerco. La medida, ordenada por Donald Trump tras el fracaso de las conversaciones del fin de semana en Islamabad, se aplica sobre el tráfico que entra o sale de puertos iraníes y, según la propia versión oficial, no busca impedir la navegación hacia puertos no iraníes.
La foto, sin embargo, no es tan lineal como intenta mostrar Washington. Datos marítimos recogidos por Reuters y Associated Press indican que algunos buques sancionados o ligados al comercio con Irán consiguieron atravesar el estrecho de Ormuz, aunque eso no implica necesariamente haber quebrado el bloqueo, ya que la interdicción se hace efectiva más allá del paso, en el golfo de Omán y el mar Arábigo. Esa precisión es importante porque muestra que la batalla naval no se está librando exactamente sobre el cuello de botella de Ormuz, sino sobre la salida comercial iraní hacia el océano. Aun así, el impacto ya es severo: el tránsito marítimo cayó a una fracción del nivel habitual y los cargamentos iraníes de crudo prácticamente desaparecieron de la ruta desde que arrancó la operación.
Dos superpetroleros sancionados por Estados Unidos, el ALICIA y el RHN, cruzaron el estrecho de Ormuz hacia Irán para cargar cuatro millones de barriles de petróleo valorados en 400 millones de dólares. Según Tanker Trackers, ambos buques han transportado un total de 60 millones de barriles de crudo iraní desde 2023 a pesar del bloqueo estadounidense.
En ese marco, Trump endureció el tono político y trató de instalar que la guerra está cerca de terminar, pero sólo si Teherán acepta moverse rápido. La Casa Blanca negó este miércoles haber pedido formalmente una extensión del alto el fuego, aunque admitió que las conversaciones para una segunda ronda siguen “productivas” y que, si avanzan, volverían “muy probablemente” a Pakistán, que ya emerge como el mediador central del conflicto. En paralelo, la diplomacia paquistaní siguió moviéndose a toda velocidad: el jefe del Ejército, Asim Munir, se reunió en Teherán con el canciller Abbas Araghchi para intentar acercar posiciones antes de que la tregua expire la semana próxima.
El nudo de la discusión sigue siendo el mismo: el programa nuclear iraní. Fuentes regionales citadas por AP indicaron que Estados Unidos reclama una moratoria de 20 años al enriquecimiento de uranio, mientras que Irán contraofertó una suspensión de cinco años. La distancia sigue siendo enorme y el propio vocero de la cancillería iraní, Esmail Baghaei, dejó claro que Teherán considera “indiscutible” su derecho a enriquecer uranio, aunque acepta discutir el tipo y el nivel de enriquecimiento. A eso se suma la advertencia del director del OIEA, Rafael Grossi, quien insistió en que cualquier acuerdo serio necesitará controles “muy detallados”, porque sin inspectores internacionales todo pacto correría el riesgo de quedar reducido a una simple declaración política.
Mientras la negociación intenta respirar, otros frentes siguen ardiendo. En Líbano, el gabinete de seguridad israelí discutió un posible alto el fuego, pero Benjamin Netanyahu mantiene la ofensiva contra Hezbollah y el Ejército israelí continúa empujando sobre el sur del país. Al mismo tiempo, el costo global de la guerra ya empezó a incomodar a aliados occidentales: ministros de Finanzas de 11 países, encabezados por el Reino Unido, reclamaron en Washington la implementación plena del cese del fuego y advirtieron que una reanudación de los combates o nuevas disrupciones en Ormuz golpearían de lleno sobre energía, inflación, crecimiento y cadenas de suministro. Es decir, la presión sobre Irán ya no sólo se mide en barcos y misiles, sino también en el nerviosismo creciente de las economías que dependen del Golfo.
En el frente interno de Estados Unidos, el Senado volvió a darle aire a Trump al rechazar, por cuarta vez desde el inicio de la guerra, una resolución para limitar sus poderes militares. La votación terminó 52 a 47 en contra de frenar la campaña, con el republicano Rand Paul votando junto a los demócratas y el demócrata John Fetterman haciéndolo con la mayoría republicana. El dato confirma que el presidente conserva respaldo parlamentario para seguir apretando, aunque también empieza a asomar una impaciencia con fecha de vencimiento. Por ahora, la ecuación de Trump es clara: bloqueo, sanciones y amenaza para forzar un acuerdo rápido. El problema es que cada día sin pacto vuelve más frágil la tregua y más caro el precio internacional de sostener este pulso.



