Buenos Aires, 15 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- El Gobierno de Javier Milei consiguió este miércoles una señal financiera y política de peso en Washington: el Fondo Monetario Internacional y el equipo económico argentino alcanzaron un acuerdo técnico por la segunda revisión del programa vigente, lo que abre la puerta a un desembolso de alrededor de USD 1.000 millones una vez que el directorio ejecutivo del organismo le dé la aprobación final. El entendimiento llegó en pleno viaje de Luis Caputo y Santiago Bausili a la asamblea de primavera del FMI y el Banco Mundial, y fue leído en la comitiva argentina como un respaldo explícito al corazón del plan oficial, justo cuando la Casa Rosada necesitaba una buena noticia después de semanas cargadas de ruido político y del mal trago por la inflación de marzo.
El dato más fuerte para el oficialismo no fue sólo el monto potencial del giro, sino el tono del mensaje del propio Fondo. En su comunicado, el organismo sostuvo que el impulso reformista se fortaleció “significativamente” en los últimos meses, destacó la aprobación del Presupuesto 2026 y de legislación considerada crítica, elogió los cambios en el marco monetario y cambiario, y remarcó que la acumulación de reservas empezó a mostrar una mejora concreta. También afirmó que, sobre la base de “impresionantes ganancias de estabilidad”, se alcanzó un paquete de políticas “sólido y equilibrado” para afianzar la desinflación, la estabilidad externa y el crecimiento, con la mira puesta en un regreso más sostenible al mercado de capitales.
En términos políticos, ese respaldo le da aire a Milei porque el acuerdo técnico llega en un contexto internacional mucho más áspero que el de comienzos de año. El FMI había recortado el martes su proyección de crecimiento para la Argentina en 2026 al 3,5% y elevó su previsión de inflación al 30,4%, en un escenario global alterado por la guerra en Medio Oriente, el shock energético y el endurecimiento de las condiciones financieras. Aun así, el mismo Fondo sostuvo que la Argentina viene soportando relativamente bien esos coletazos por la mejora de sus fundamentos macroeconómicos y por su condición de exportador neto de energía. Ese contraste le permitió a la administración libertaria vender la idea de que, incluso con el mundo más complicado, el programa no sólo sigue en pie sino que conserva crédito político en el principal organismo multilateral.
El paquete acordado con el staff del Fondo también deja pistas sobre cómo imagina el organismo la próxima etapa. El ancla central seguirá siendo el equilibrio fiscal, con una meta de superávit primario de 1,4% del PBI para este año y con margen para asistencia social focalizada. En el plano monetario, el Fondo avaló una política restrictiva, nuevas herramientas para contener la volatilidad de tasas y una mayor transparencia mediante informes trimestrales sobre el cumplimiento del programa monetario. En lo externo, el objetivo es todavía más ambicioso: que las reservas netas aumenten al menos USD 8.000 millones en 2026, apoyadas en compras de divisas por al menos USD 10.000 millones este año y en una estrategia múltiple de financiamiento en moneda dura. El mensaje de fondo es claro: el Fondo quiere una macro más blindada antes de que la Argentina intente volver plenamente a los mercados.
Para Caputo, el anuncio tiene además un valor simbólico especial porque corona meses de negociación en los que el punto más delicado fue justamente la acumulación de reservas, una de las áreas en las que la Argentina venía rezagada y por la que ya había necesitado una dispensa en la primera revisión del programa. Esta vez, el Fondo subrayó que el Banco Central ya compró más de USD 5.500 millones en lo que va del año, un dato que el Gobierno tomó como prueba de que la estrategia empieza a rendir. El ministro celebró el acuerdo, agradeció a Kristalina Georgieva y al equipo técnico, y lo definió como un paso muy importante para consolidar la estabilidad macroeconómica y fortalecer el crecimiento.
La otra pata que fortalece la lectura positiva en la Casa Rosada es el respaldo de Estados Unidos, accionista clave dentro del Fondo. La expectativa del Gobierno es que el board apruebe la revisión sin grandes sobresaltos en las próximas semanas, y esa confianza se apoya también en el buen clima político que el mileísmo viene construyendo en Washington. El martes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, había vuelto a elogiar el desempeño argentino y habló de un “éxito fantástico”, destacando la acumulación diaria de reservas. En un organismo donde el peso norteamericano es determinante, esa señal no es un detalle: vale como aval político adicional para que el entendimiento técnico se transforme rápidamente en desembolso efectivo.
En definitiva, el acuerdo con el FMI le permite al Gobierno volver a correr el eje hacia donde más cómodo se siente: la estabilización, el orden macro y el reconocimiento internacional. Después de una semana en la que la inflación volvió a golpear y el caso Adorni siguió metiendo ruido, el anuncio desde Washington funciona como una bocanada de oxígeno para Milei. Todavía falta el paso formal del directorio, y nadie en el oficialismo desconoce que el frente interno sigue siendo exigente. Pero la señal de este miércoles es inequívoca: el Fondo volvió a subirse al programa argentino y le dio al Gobierno una validación que, en política y en mercados, pesa mucho más que un simple tecnicismo de revisión.




