Santa Fe-25 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA- Máximo Kirchner volvió a tensar la interna del Partido Justicialista con un mensaje cargado de advertencias hacia el propio peronismo, en medio del reacomodamiento de poder que encabeza Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires y tras el nuevo avance judicial contra la ex presidente Cristina Kirchner, condenada en la Causa Vialidad.
Durante un encuentro político en Santa Fe, el diputado nacional y referente de La Cámpora cuestionó a los dirigentes peronistas que, según su mirada, miran hacia otro lado frente a la situación judicial de su madre. “Por los que ignoran a Cristina, Perón nunca hubiera vuelto a la Argentina”, afirmó, en una frase que apuntó directamente al corazón de la discusión interna del PJ.
El planteo dejó expuesta una incomodidad creciente dentro del kirchnerismo duro: la percepción de que una parte del peronismo empieza a discutir nuevas conducciones sin salir con fuerza en defensa de la ex presidente condenada por corrupción. En términos políticos, Máximo Kirchner pareció reclamar que el movimiento no abandone a quien todavía considera su jefa, aunque la Justicia ya haya dejado firme una condena de seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
La frase más reveladora llegó cuando sostuvo: “Y que quede claro para algún distraído o distraída, siempre estamos para sumar”. Llama la atencion la “suplica” dado que fue La Cámpora y su madre quienes digitaban y “dejaban afuera” a muchos. El mensaje sonó menos como una invitación amable y más como una señal de alerta: al parecer, Máximo Kirchner teme que sectores del peronismo intenten dejar al cristinismo afuera de algún armado futuro, especialmente después de que Kicillof asumiera la conducción del PJ bonaerense sin su presencia.
La ausencia del diputado en la primera reunión del consejo partidario encabezada por el gobernador bonaerense fue leída como otro capítulo del fuego amigo entre La Cámpora y el kicillofismo. Aunque asistió Mayra Mendoza, una de las dirigentes más cercanas a Máximo Kirchner, su presencia no alcanzó para disimular la distancia política entre ambos sectores.
La tensión venía en aumento luego de los cuestionamientos de Mendoza contra el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, y contra el propio Kicillof, en medio de una disputa por el control territorial, la estrategia electoral y la conducción del peronismo post condena de Cristina Kirchner. El gobernador busca mostrarse como una alternativa con volumen propio, mientras La Cámpora intenta preservar su centralidad dentro del dispositivo partidario.
En Santa Fe, Máximo Kirchner también reivindicó la conducción de su madre y sostuvo que, aunque no pueda competir electoralmente, sigue siendo la jefa política del espacio. Ese argumento apunta contra quienes creen que la condena judicial abrió una etapa nueva dentro del peronismo, con dirigentes dispuestos a discutir liderazgo, candidaturas y estrategia sin quedar atados al mandato del Instituto Patria.
El diputado también buscó recuperar banderas clásicas del kirchnerismo, como la estatización de YPF, el desarrollo de Vaca Muerta y la construcción del gasoducto, al afirmar que el actual superávit energético no surgió por generación espontánea sino por decisiones tomadas durante gobiernos peronistas. Con ese planteo, intentó combinar defensa judicial, relato de gestión y disputa interna.
Pero el dato político central fue otro: Máximo Kirchner salió a marcar la cancha en un peronismo que ya no se ordena de manera automática detrás de Cristina Kirchner. Su discurso funcionó como advertencia, reproche y pedido de auxilio interno. Reprochó que no defiendan lo suficiente a la ex presidente condenada, advirtió que el cristinismo sigue dentro del juego y dejó entrever que no aceptará ser corrido de las negociaciones futuras.
La interna peronista entra así en una etapa cada vez más cruda. Kicillof busca consolidar poder propio en Buenos Aires; La Cámpora intenta impedir que la renovación se haga sin su autorización; y Cristina Kirchner, desde su prisión domiciliaria, continúa operando como símbolo, jefatura y problema para un partido que no logra resolver si la sigue, la discute o empieza a caminar sin ella.





