Buenos Aires-27 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente Javier Milei utilizó la cena anual de la Fundación Libertad para enviar un mensaje político y económico contundente: ratificó que no modificará el rumbo de su programa, redobló sus críticas al kirchnerismo y dejó al descubierto tensiones internas y externas dentro del oficialismo, en un evento atravesado por gestos, silencios y señales de poder.

“No nos vamos a apartar un ápice de nuestra ortodoxia”, afirmó Milei, al defender su modelo económico basado en el ajuste fiscal, el control monetario y la reducción del Estado. El mandatario reconoció que la inflación actual “es un número horrible”, pero sostuvo que el esquema implementado terminará por derrotarla, descartando cualquier cambio de estrategia pese a la presión política y económica.
El discurso estuvo cargado de definiciones ideológicas y ataques directos. Milei apuntó contra el kirchnerismo, al que responsabilizó por el endeudamiento estructural del país y la distorsión del sistema económico, y elevó el tono al referirse al gobernador bonaerense Axel Kicillof, a quien calificó como “el soviético que gobierna la provincia de Buenos Aires”, en una de las frases más estruendosas de la noche.

El Presidente también denunció un supuesto “ataque especulativo” contra su programa económico, al que atribuyó a sectores empresariales, políticos y mediáticos, y sostuvo que, pese a ese escenario, el Gobierno logró sostener el equilibrio fiscal. “No fue magia, fue liberalismo puro y duro”, insistió, en línea con su narrativa de confrontación contra lo que denomina la “casta”.
Sin embargo, más allá del discurso, el evento dejó expuestas tensiones políticas relevantes. La relación entre Milei y el expresidente Mauricio Macri volvió a evidenciar frialdad: ambos compartieron el mismo ámbito en el complejo Parque Norte tras meses sin coincidir públicamente, pero evitaron saludarse, en un gesto que reflejó la distancia entre el oficialismo libertario y sectores del PRO.
En contraste, la escena interna mostró otra dinámica. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, se mostró cercana al jefe de Gabinete Manuel Adorni, con quien compartió mesa durante la cena, en un momento en que el funcionario atraviesa cuestionamientos políticos y judiciales. La imagen fue interpretada como una señal de respaldo interno dentro del círculo más cercano al poder.

El encuentro reunió a más de mil invitados, entre dirigentes, empresarios e intelectuales, con la presencia de figuras como Federico Sturzenegger, Diego Santilli, el ensayista Álvaro Vargas Llosa y la dirigente venezolana María Corina Machado, quien participó de manera remota.
Pero el discurso presidencial también dejó una contradicción política difícil de ignorar. Mientras Milei intensificaba sus críticas al kirchnerismo y lo responsabilizaba por los problemas estructurales del país, el Gobierno avanza simultáneamente en el envío de pliegos al Senado para designar jueces, algunos de ellos vinculados a sectores kirchneristas, tal como viene señalando TNA en sus coberturas recientes.
Esa dualidad —confrontación discursiva y pragmatismo institucional— empieza a generar ruido tanto en aliados como en la opinión pública, especialmente en momentos en que el oficialismo necesita sostener acuerdos parlamentarios para avanzar con reformas clave.
El cierre de Milei mantuvo el tono desafiante. Aseguró que la inflación caerá con el tiempo, defendió el ajuste como una carga asumida por el sector público y reiteró su objetivo de convertir a la Argentina en “el país más libre del mundo”.
La cena de la Fundación Libertad dejó así un doble mensaje. En lo económico, el Gobierno no se moverá de su hoja de ruta. En lo político, las tensiones internas, los gestos de poder y las contradicciones estratégicas empiezan a marcar el ritmo de una etapa donde cada decisión tendrá impacto directo en la gobernabilidad.




