Ormuz-28 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA- Irán ofreció reabrir el estrecho de Ormuz si Estados Unidos levanta el bloqueo contra sus puertos y pone fin a la guerra, en una propuesta que intenta aliviar la presión económica sobre el régimen sin resolver el punto central del conflicto: el programa nuclear de Teherán.
La iniciativa fue transmitida a Washington por canales regionales, con mediación de Pakistán, mientras el canciller iraní Abbas Araghchi se encontraba en Rusia, aliado estratégico del régimen. Según reportes internacionales, la propuesta permitiría descomprimir parcialmente la crisis marítima, pero postergaría las conversaciones sobre el desarrollo nuclear iraní, lo que genera fuerte resistencia en la administración de Donald Trump.
El secretario de Estado Marco Rubio fue tajante: cualquier acuerdo debe impedir de manera verificable que Irán avance hacia un arma nuclear. “No podemos dejar que se salgan con la suya”, afirmó, al dejar en claro que Estados Unidos no aceptaría una salida limitada al estrecho si el régimen mantiene intacta su amenaza nuclear.
El bloqueo estadounidense, vigente desde mediados de abril, busca impedir que Irán exporte petróleo y utilice esos ingresos para sostener su aparato militar, financiar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y alimentar a sus aliados regionales. En paralelo, Teherán mantiene restringido el paso por Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado.
El resultado es un doble bloqueo que golpea de lleno al mercado energético global. El crudo Brent superó los 108 dólares por barril, casi un 50% por encima del nivel previo al inicio de la guerra, mientras crece la presión sobre aliados del Golfo que dependen del estrecho para exportar su petróleo y gas.
La situación también empieza a impactar sobre la logística internacional. Decenas de países, encabezados por Bahréin, reclamaron la reapertura inmediata de la vía marítima, mientras el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, advirtió ante el Consejo de Seguridad que la crisis ya se traduce en “tanques de combustible vacíos, estanterías vacías y platos vacíos”.
Europa también elevó el tono. El canciller alemán Friedrich Merz cuestionó que Washington haya entrado en el conflicto sin una estrategia clara de salida, mientras que el canciller francés Jean-Noël Barrot advirtió que los estrechos son “arterias del mundo” y no propiedad de ningún Estado. Aun así, París también condenó el cierre impulsado por Irán, que mantiene bajo amenaza una ruta esencial para la economía mundial.
La jugada iraní parece responder a una urgencia interna. Sin salida para su petróleo, el régimen corre el riesgo de saturar su capacidad de almacenamiento, especialmente en la isla de Kharg, corazón exportador del crudo iraní. Si los tanques se llenan, Irán podría verse obligado a cerrar pozos, una decisión técnicamente costosa y políticamente peligrosa para un régimen debilitado por sanciones, guerra y presión social.
La propuesta de Teherán busca, entonces, romper el cerco sin entregar la carta nuclear. El régimen intenta reabrir su válvula económica, conservar capacidad de negociación y evitar que la crisis energética derive en un colapso interno mayor. Para Estados Unidos e Israel, aceptar ese esquema implicaría aliviar la presión sobre Irán sin obtener garantías estratégicas de fondo.
El punto central sigue siendo el mismo: Ormuz no puede ser usado como instrumento de chantaje por una potencia regional que amenaza la navegación global mientras sostiene un programa nuclear bajo sospecha y financia estructuras armadas en Medio Oriente.
La administración Trump enfrenta una decisión delicada. Mantener el bloqueo aumenta la presión sobre Irán, pero también eleva el costo energético global. Aflojar sin un acuerdo nuclear verificable podría darle oxígeno al régimen y permitirle recomponer ingresos sin modificar su conducta estratégica.
Por ahora, la propuesta iraní no destraba la crisis: apenas cambia el terreno de la disputa. Teherán ofrece abrir el estrecho, pero pretende dejar para después el problema que originó la guerra. Y para Washington, ese punto no es negociable.





