Washington-28 de Abril de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente Donald Trump dejó prácticamente descartada la última propuesta de Irán para poner fin a la guerra en Medio Oriente, al considerar insuficiente un esquema que plantea reabrir el estrecho de Ormuz y levantar tensiones marítimas, pero posterga para una etapa posterior la discusión sobre el programa nuclear iraní.
La oferta de Teherán, transmitida a Washington por canales regionales con participación de Pakistán, propone liberar el paso por Ormuz si Estados Unidos levanta el bloqueo sobre puertos iraníes y avanza hacia el final del conflicto. Sin embargo, para la Casa Blanca, el problema central no es solo la navegación marítima, sino impedir que el régimen iraní conserve margen para avanzar hacia un arma nuclear.
Trump analizó la propuesta el lunes por la tarde en la Sala de Crisis de la Casa Blanca junto a sus principales asesores de seguridad nacional. Según trascendió, el mandatario considera poco probable aceptar un acuerdo que permita a Irán ganar oxígeno económico y político sin entregar garantías concretas sobre su programa nuclear.
El secretario de Estado Marco Rubio fue quien expresó con mayor claridad la línea de la administración. Admitió que la propuesta iraní fue “mejor” de lo esperado, pero advirtió que cualquier pacto debe impedir de manera definitiva que Teherán pueda “correr” hacia una bomba nuclear. En otras palabras: Estados Unidos no aceptará separar Ormuz del expediente nuclear.
La posición norteamericana responde a una lectura estratégica. Para Washington, el régimen iraní intenta usar el estrecho como herramienta de chantaje: primero obstruye una de las rutas energéticas más importantes del planeta, luego ofrece reabrirla a cambio de aliviar el bloqueo y dejar para más adelante el tema que originó la guerra.
El estrecho de Ormuz es una vía crítica para el comercio mundial de petróleo y gas. Por allí circula cerca de una quinta parte del flujo energético global, por lo que cualquier interrupción impacta de inmediato en precios, abastecimiento y estabilidad de los mercados. La crisis ya presionó al alza el crudo y generó preocupación entre aliados del Golfo Pérsico, que dependen de esa ruta para exportar.
La Casa Blanca también mantiene otra exigencia dura: que Irán garantice la apertura permanente del estrecho y entregue o neutralice su uranio enriquecido. La vocera presidencial Karoline Leavitt sostuvo que las demandas de Trump no cambiaron y que el mandatario será quien defina públicamente los próximos pasos.
El trasfondo económico es clave. El bloqueo estadounidense busca cortar los ingresos petroleros de Irán, presionar su capacidad de financiamiento militar y obligar al régimen a negociar desde una posición debilitada. Con dificultades crecientes para exportar crudo, Teherán enfrenta el riesgo de saturar sus depósitos y tener que reducir producción.
La visita del canciller iraní Abbas Araghchi a Rusia también sumó una señal geopolítica. Moscú, aliado de Teherán, intenta ganar protagonismo como mediador mientras conserva su propia agenda frente a Estados Unidos. Para Trump, aceptar una salida limitada podría ser leído como una concesión estratégica a un eje que incluye a Irán y Rusia.
La propuesta iraní tampoco convence a Israel, que considera indispensable desmantelar la amenaza nuclear y reducir la capacidad regional del régimen. Desde esa mirada, abrir Ormuz sin resolver el programa atómico apenas postergaría una crisis mayor.
El mensaje de Washington es claro: no habrá alivio gratis. Irán puede reabrir el estrecho, pero eso no alcanza si mantiene intacta la infraestructura nuclear que preocupa a Estados Unidos, Israel y buena parte de Occidente.
La negociación queda así en un punto crítico. Teherán busca comprar tiempo y recuperar ingresos; Trump pretende una victoria estratégica que cierre el camino nuclear iraní. Entre ambos objetivos, Ormuz sigue siendo el tablero donde se juega una pulseada que combina petróleo, guerra, disuasión y poder global.




