Washington, 29 de abril-Total News Agency-TNA- El ex subdirector del FBI, Dan Bongino, reveló que encontró una “mina de oro” de documentos secretos vinculados al Russiagate dentro de bolsas de incineración de la propia agencia, en una denuncia que vuelve a poner bajo presión los orígenes de la investigación Crossfire Hurricane contra Donald Trump.
Bongino, en diálogo con Sean Hannity, afirmó que el material encontrado era mucho más grave de lo que imaginaba y que uno de los documentos, de unas cien páginas, era tan sensible que no podía salir de la oficina. Según su relato, el archivo contenía información clave sobre lo que el FBI sabía durante la investigación sobre una supuesta colusión entre la campaña de Trump y Rusia.
“Creía que conocía el Russiagate, pero fue diez veces peor”, sostuvo Bongino, quien aseguró que el contenido del documento lo dejó “aterrorizado” por la cantidad de funcionarios que, según él, conocían el trasfondo del caso y no lo frenaron.
El ex funcionario dijo que los papeles estaban dentro de una bolsa destinada a la destrucción de documentos clasificados. Para Bongino, el hecho de que no hayan sido incinerados podría indicar que alguien dentro del sistema quiso preservar la evidencia para que la verdad saliera a la luz.
El caso vuelve a golpear una herida política profunda en Estados Unidos. Crossfire Hurricane fue la investigación abierta en 2016 por el FBI para analizar presuntos vínculos entre la campaña de Trump y actores rusos. Durante años, ese expediente alimentó acusaciones, filtraciones, operaciones políticas y una ofensiva institucional que el trumpismo considera uno de los mayores abusos de poder de la historia reciente estadounidense.
Las declaraciones de Bongino se suman a las acusaciones formuladas por la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien meses atrás sostuvo que sectores de la administración de Barack Obama promovieron una narrativa falsa sobre la interferencia rusa para dañar a Trump. Esas afirmaciones derivaron en nuevas revisiones y pedidos de investigación dentro del Departamento de Justicia.
El punto más explosivo es político e institucional: si los documentos mencionados por Bongino confirman que altos funcionarios sabían que la hipótesis de colusión era débil o falsa, el caso podría convertirse en una prueba de manipulación estatal contra un presidente electo. Para el entorno de Trump, el hallazgo reforzaría la denuncia de que agencias federales fueron utilizadas con fines partidarios.
Sin embargo, el contenido completo de esos documentos aún no fue difundido públicamente, por lo que las afirmaciones de Bongino deberán ser contrastadas en sede oficial y eventualmente judicial. Aun así, el impacto ya es fuerte: el FBI, el Departamento de Justicia y los antiguos responsables de inteligencia vuelven a quedar en el centro de una controversia que nunca terminó de cerrarse.
El trasfondo es claro. Para el trumpismo, el Russiagate no fue solo una investigación fallida, sino una operación política montada desde sectores del Estado profundo para debilitar a un presidente que había llegado al poder contra el establishment. Para sus críticos, en cambio, las nuevas denuncias deben ser probadas con documentación completa y no solo con declaraciones públicas.
La revelación de Bongino llega en un momento en que Trump busca reforzar el control sobre las agencias federales y revisar el rol que tuvieron altos funcionarios de inteligencia durante su primer mandato. En ese tablero, la aparición de documentos supuestamente destinados a ser quemados puede reabrir una batalla institucional de enorme alcance.
Si el contenido de esas cien páginas confirma lo denunciado, el caso podría derivar en una nueva ofensiva judicial y política contra ex autoridades del FBI, del Departamento de Justicia y de la comunidad de inteligencia. Por ahora, la frase de Bongino sintetiza el golpe: “Todo esto fue una farsa desde el principio”.




