West Palm Beach, 2 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó al máximo la tensión con Cuba al afirmar, durante una cena privada del Forum Club en el Raymond F. Kravis Center for the Performing Arts, en West Palm Beach, que su gobierno podría “tomar el control” de la isla “casi de inmediato”, aunque aclaró que antes pretende terminar el “trabajo” en Irán.
La frase, lanzada en el estilo habitual de Trump, entre la advertencia política y la puesta en escena, encendió las alarmas diplomáticas en la región. Según reportes internacionales, el mandatario sugirió que, al regresar de Irán, podría enviar al Caribe al portaaviones USS Abraham Lincoln y ubicarlo frente a la costa cubana como gesto de presión militar.
Sus colaboradores intentaron bajar el tono y presentaron la intervención como una broma, pero el contexto volvió difícil tomarla como una simple exageración. Ese mismo día, la Casa Blanca anunció un nuevo paquete de sanciones contra el régimen cubano, dirigido a sectores clave como energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad.
La orden ejecutiva firmada por Trump amplía la presión sobre funcionarios, empresas y redes vinculadas al aparato de poder de La Habana, al tiempo que abre la puerta a sanciones secundarias contra actores extranjeros que mantengan vínculos con sectores alcanzados por las restricciones. Para Washington, el régimen cubano representa una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
Desde La Habana, la respuesta fue inmediata. El presidente Miguel Díaz-Canel denunció el endurecimiento del bloqueo y lo calificó como una política “genocida”, mientras que el canciller Bruno Rodríguez habló de “castigo colectivo” contra el pueblo cubano. El régimen buscó mostrar fuerza interna con una movilización masiva frente a la embajada de Estados Unidos, en una jornada marcada por consignas de soberanía y resistencia.
La escalada no aparece como un hecho aislado. Desde comienzos de año, Trump viene aumentando la presión sobre Cuba, en especial después del derrumbe del sostén venezolano y del bloqueo energético que golpea con dureza a la isla. La falta de combustible, los apagones y la crisis económica dejaron al régimen en una situación de mayor fragilidad.
En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, endureció el discurso sobre la presencia de inteligencia extranjera en territorio cubano y sobre la relación de La Habana con actores hostiles a Estados Unidos. En Washington, además, el debate político ya incluye hasta dónde puede avanzar la administración republicana sin quedar atada a límites legislativos ante una eventual operación militar.
Pese a la tensión, ambos países mantuvieron contactos diplomáticos recientes. En abril hubo reuniones de alto nivel en La Habana, aunque el nuevo giro de Trump parece haber cerrado cualquier clima de distensión.
La comunidad internacional observa con preocupación el movimiento estadounidense. Países europeos, entre ellos Alemania, ya rechazaron la posibilidad de una intervención militar y pidieron una salida diplomática. Sin embargo, el mensaje de Trump fue claro: después de Irán, Cuba podría convertirse en el próximo gran foco de presión de la Casa Blanca.





