Moscú, 4 de mayo de 2026-Total News Agency-TNA- El gobierno de Vladímir Putin declaró de manera unilateral un alto el fuego con Ucrania entre el 8 y el 9 de mayo, en coincidencia con el Día de la Victoria, una de las fechas más sensibles del calendario ruso, mientras advirtió que responderá con un “ataque masivo con misiles” contra Kiev si el gobierno de Volodímir Zelenski intenta interrumpir las conmemoraciones.
La decisión fue comunicada por el Ministerio de Defensa de Rusia, que sostuvo que la medida fue adoptada por orden del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas rusas, Vladímir Putin. La fecha elegida no es casual: este año se cumplen 81 años de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la llamada Gran Guerra Patria, como Rusia denomina al frente oriental de la Segunda Guerra Mundial.
El Día de la Victoria se celebra cada 9 de mayo desde 1945, cuando Moscú anunció la rendición alemana firmada en Berlín la noche del 8 de mayo, que por la diferencia horaria ya era 9 de mayo en la capital soviética. Es decir, Rusia conmemora esta efeméride desde hace 81 años, aunque recién en 1965 fue convertida en jornada no laborable dentro de la entonces República Socialista Federativa Soviética de Rusia.
Se trata de una efeméride a la que Rusia se aferra con enorme intensidad histórica, política y emocional, y mucho más en la actualidad. Para el Kremlin, el Día de la Victoria no es solo una conmemoración militar: es un símbolo de identidad nacional, sacrificio colectivo y legitimidad política. Bajo el liderazgo de Putin, la fecha ganó un peso todavía mayor como herramienta de cohesión interna y como marco discursivo para justificar su visión del conflicto con Ucrania.
Sin embargo, este año el acto tendrá una señal inédita de debilidad operativa: el Ministerio de Defensa ruso informó que el desfile anual no contará con el habitual despliegue de material militar pesado por temor a ataques de largo alcance con drones ucranianos. La tradicional exhibición de poder en la Plaza Roja quedará así limitada por el propio impacto de la guerra.
Desde Kiev, Zelenski respondió con su propio anuncio de alto el fuego, previsto desde la medianoche del 5 al 6 de mayo, antes del plazo fijado por Moscú. El presidente ucraniano sostuvo que su país actuará de manera recíproca y reclamó a Rusia pasos reales para terminar la guerra, no solo pausas simbólicas atadas a una fecha patriótica.
La tensión se mantiene elevada. Mientras Moscú habla de tregua, Ucrania denunció nuevos ataques rusos con misiles contra zonas civiles, entre ellas la localidad de Merefa, en las afueras de Járkov, donde murieron al menos siete personas. También se reportaron víctimas en el sur del país, mientras Rusia denunció ataques con drones ucranianos en la región fronteriza de Bélgorod.
El trasfondo diplomático también aparece condicionado por otros frentes internacionales. Las conversaciones impulsadas por Estados Unidos para intentar encaminar una salida al conflicto quedaron relegadas por la guerra de Irán y por la creciente inestabilidad en Medio Oriente, mientras en el terreno los ataques se intensificaron durante las últimas semanas.
La tregua rusa, entonces, llega envuelta en una contradicción: se presenta como un gesto de pausa, pero aparece acompañada por una amenaza directa de represalia sobre la capital ucraniana. Para el Kremlin, preservar el Día de la Victoria es preservar uno de los pilares simbólicos del Estado ruso moderno. Para Ucrania, en cambio, la fecha vuelve a ser utilizada por Moscú como una herramienta política en medio de una guerra que no cede.





