Por Daniel Romero
Washington – 26 Junio 2026 – Total News Agency – TNA-. El frágil memorándum entre Estados Unidos e Irán para desactivar la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz empezó a mostrar sus primeras grietas. Un carguero que navegaba por la nueva ruta omaní respaldada por la Organización Marítima Internacional (OMI), organismo dependiente de la ONU, fue alcanzado por un proyectil cerca de la costa de Omán, mientras la Guardia Revolucionaria iraní volvió a advertir que ningún buque debe cruzar el estrecho sin autorización de Teherán.
El episodio confirma la advertencia que Total News Agency había anticipado en cables anteriores: Irán buscaría la forma de no cumplir plenamente el memorándum, ganar tiempo y mantener capacidad de presión sobre la principal arteria energética del planeta. La reapertura de Ormuz era presentada como el primer gesto concreto del acuerdo; sin embargo, Teherán ya comenzó a reinterpretar las condiciones de navegación y a imponer su propio criterio de paso.
El buque atacado fue identificado por reportes internacionales como el Ever Lovely, con bandera de Singapur. Según el United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO), sufrió daños en el puente de mando, aunque no se informaron víctimas ni impacto ambiental. El ataque ocurrió a unas 7,5 millas náuticas de la costa de Omán, dentro de una ruta alternativa abierta para aliviar la congestión de embarcaciones atrapadas en el Golfo.
La OMI suspendió de manera temporal su operación de evacuación y escolta de buques tras el incidente, para revisar las garantías de seguridad. La decisión implica un golpe directo a la arquitectura que buscaba normalizar la navegación en el estrecho después de meses de bloqueo, guerra, amenazas cruzadas y acumulación de cargas varadas.
El contexto vuelve más grave el ataque. Horas antes, la rama naval de la Guardia Revolucionaria iraní había difundido una advertencia contra los barcos que usaran la nueva ruta sin permiso de Irán. El mensaje, captado en comunicaciones radiales y replicado en redes, fue explícito: los buques debían transitar únicamente por rutas autorizadas por la IRGC y con permiso iraní. De lo contrario, “asumirían las consecuencias”.
La amenaza fue luego reforzada por la agencia estatal iraní IRNA, que difundió la posición de la fuerza naval de la Guardia Revolucionaria. Según esa declaración, la nueva ruta marítima coordinada por Omán y la ONU se habría establecido sin consulta previa con Teherán, por lo que fue calificada como “inaceptable” y “totalmente peligrosa”. El mensaje final fue todavía más directo: “Se tomarán medidas contra los infractores”.
La disputa no es meramente técnica. Irán pretende conservar poder de veto sobre el tránsito marítimo en Ormuz, incluso después de haber aceptado un memorándum que debía encaminar la reapertura del paso. En la práctica, Teherán intenta transformar una vía internacional en una zona administrada bajo condiciones propias, con advertencias militares y posible cobro de costos o tasas, algo que Washington rechaza de plano.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtió durante reuniones con ministros del Consejo de Cooperación del Golfo que ningún país tiene derecho a cobrar por el uso de aguas internacionales y que cualquier intento de bloquear o condicionar el paso por Ormuz será considerado un problema grave para Estados Unidos y sus aliados. “Si eso se detiene, entonces tendremos un problema”, afirmó.
La ruta omaní había sido anunciada como un intento de destrabar el tránsito marítimo sin pasar por aguas controladas por Irán. En las horas previas al ataque, los datos de tráfico mostraban un aumento de embarcaciones utilizando ese corredor. Se registraron decenas de cruces por la ruta coordinada desde Omán, mientras petroleros y portacontenedores intentaban salir del Golfo después de semanas de bloqueo e incertidumbre.
Entre los buques que lograron abandonar la zona figuraron embarcaciones vinculadas a Maersk, incluida la Maersk Baltimore y otro buque fletado. La naviera confirmó que pudieron salir el jueves, mientras operadores internacionales comenzaban a mover cargas demoradas ante la percepción de que el riesgo había bajado. El ataque al carguero cambió esa lectura de forma inmediata.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del comercio mundial. Antes de la guerra, por allí circulaba cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del planeta. Cualquier interrupción afecta precios internacionales, seguros marítimos, costos de flete, abastecimiento energético y estabilidad de países importadores.
El ataque también tensiona el memorándum preliminar entre Estados Unidos e Irán, que había establecido un período de 60 días para negociar los términos definitivos del acuerdo. El texto incluía el cese de hostilidades, la reapertura progresiva de Ormuz, la suspensión de nuevas sanciones durante la negociación y garantías vinculadas a la navegación. Pero el comportamiento iraní muestra que Teherán no está dispuesto a ceder sin conservar palancas de presión.
Como adelantó TNA, el riesgo no era solo que Irán incumpliera formalmente el memorándum, sino que buscara reinterpretarlo, administrarlo a su favor y usar el plazo de negociación para recomponer posiciones. El ataque contra un carguero en la ruta avalada por la ONU encaja en esa lógica: no rompe abiertamente el acuerdo, pero instala miedo, frena el tráfico y fuerza a los demás actores a negociar bajo presión.
La creación o reactivación de una autoridad iraní sobre el paso marítimo refuerza esa estrategia. Teherán sostiene que solo las rutas declaradas por la República Islámica son seguras y autorizadas. Esa postura entra en conflicto con el principio de libre navegación por vías internacionales y con el esfuerzo de Omán y la OMI para habilitar una salida neutral.
Los países del Golfo observan la situación con preocupación. El ministro de Exteriores de Baréin, Abdullatif bin Rashid al Zayani, agradeció el respaldo de Estados Unidos, pero subrayó que es “fundamentalmente importante” que Irán cumpla sus obligaciones. La frase resume la desconfianza regional: nadie quiere volver a una guerra abierta, pero tampoco aceptar que Teherán convierta el estrecho en un instrumento de extorsión.
Para Washington, el desafío es delicado. Una respuesta militar podría romper el proceso diplomático. La pasividad, en cambio, podría ser interpretada por Irán como una señal de debilidad y alentar nuevos episodios. Por eso, Rubio intenta sostener una línea doble: apoyo a la negociación, pero advertencia explícita de que la navegación no puede quedar sometida al permiso de la Guardia Revolucionaria.
El incidente también expone el límite de la ONU en escenarios donde una potencia regional decide operar por fuera de los canales multilaterales. La OMI puede coordinar rutas, registrar tráfico y recomendar medidas de seguridad, pero no tiene capacidad militar para garantizar que los buques no sean atacados. Esa función recae, en los hechos, en Estados Unidos, sus aliados del Golfo y eventualmente escoltas navales internacionales.
El ataque al Ever Lovely no provocó víctimas, pero sí produjo un daño político y estratégico mayor: volvió a sembrar dudas sobre la viabilidad del corredor omaní, obligó a suspender la operación de evacuación y demostró que Irán conserva capacidad para alterar el tráfico sin necesidad de cerrar formalmente todo el estrecho.
Esa parece ser, precisamente, la estrategia. Teherán no necesita declarar un cierre total para condicionar el mercado energético. Le alcanza con instalar la percepción de riesgo, exigir permisos, amenazar a quienes se aparten de sus rutas y atacar selectivamente embarcaciones para que aseguradoras, navieras y operadores recalculen costos.
El memorándum, entonces, entra en su primera prueba real. Si Irán cumple, deberá permitir el tránsito seguro por rutas coordinadas internacionalmente. Si insiste en exigir autorización propia y amenaza con represalias, quedará claro que el acuerdo fue utilizado como una pausa táctica para ganar tiempo, reducir presión militar y conservar poder de chantaje sobre Ormuz.
El mundo energético vuelve a mirar el estrecho. Y la pregunta ya no es si Irán firmó un compromiso, sino si alguna vez tuvo intención de cumplirlo sin convertir cada cláusula en una nueva herramienta de presión.





