Lima – 25 Julio 2026 – Total News Agency – TNA-. La costa central de Perú mantiene una extensa zona de máximo acoplamiento entre las placas de Nazca y Sudamericana, capaz de generar un terremoto de magnitud aproximada de 8,8 frente a Lima y Callao, acompañado por un tsunami que afectaría zonas costeras densamente pobladas y podría inutilizar durante semanas servicios esenciales de agua, energía, transportes y comunicaciones.
La advertencia no corresponde a una predicción sobre una fecha determinada. Los terremotos no pueden anticiparse con día y hora, pero las mediciones geodésicas permiten identificar las zonas donde las placas permanecen trabadas, acumulan deformación y poseen el potencial de liberar grandes cantidades de energía. El Instituto Geofísico del Perú —IGP— ubica una de esas áreas frente a la región central del país y estima que su ruptura podría producir un movimiento del orden de magnitud 8,8.

La denominación tradicional de “silencio sísmico” alude al tiempo transcurrido sin una ruptura capaz de liberar la energía acumulada en ese segmento de la zona de subducción. El IGP señala que los conceptos modernos de acoplamiento sísmico, sustentados en mediciones GPS de alta precisión, ofrecen una evaluación más sólida que la antigua idea de una simple “laguna sísmica”.
El último gran terremoto que destruyó Lima y Callao ocurrió el 28 de octubre de 1746. Desde entonces transcurrieron casi 280 años sin un evento de escala comparable en el mismo segmento central. El IGP considera que la deformación acumulada desde aquel terremoto podría generar un sismo similar al de 1746, estimado en magnitud 8,8, con una ruptura de varios cientos de kilómetros frente a la costa.
El mecanismo tectónico se origina en el avance de la placa oceánica de Nazca por debajo de la placa Sudamericana. Ambas convergen frente a la costa peruana a una velocidad aproximada de siete a ocho centímetros por año. En algunos sectores, el contacto se desliza gradualmente; en otros permanece bloqueado, deforma la corteza y acumula tensión hasta superar la resistencia de las rocas.
Las áreas de mayor acoplamiento identificadas por el IGP se ubican frente a Lima, al sur de Nasca y frente a Moquegua y Tacna. La zona central es la de mayor potencial, con una extensión superior a 350 kilómetros y capacidad para producir un terremoto considerablemente mayor que el de Pisco de 2007.
Un movimiento de magnitud 8,8 liberaría alrededor de 32 veces más energía que uno de magnitud 7,8. El daño efectivo dependería de la profundidad, la distancia a la costa, la duración de la ruptura, el tipo de suelo y la resistencia de las construcciones, pero Lima Metropolitana y Callao quedarían sometidos a intensidades extremas durante varios minutos.
El escenario empleado por INDECI para simulacros nacionales proyecta intensidad IX en Callao, Lima Metropolitana, Pucusana, Ancón, Chancay, Huaral, Huacho, Asia, Mala y Chincha, con intensidad VIII en amplias zonas de Cañete, Pisco, Huaura, Barranca, Huarmey y el interior andino.
La Superintendencia de Banca, Seguros y AFP —SBS—, al actualizar las reservas para riesgos catastróficos, citó proyecciones de INDECI según las cuales un terremoto de magnitud entre 8,5 y 8,8 podría causar más de 110.000 muertos, alrededor de dos millones de heridos, 353.497 viviendas destruidas y otras 623.882 inhabitables en Lima Metropolitana y Callao. (SBS)
Esas cifras corresponden a un escenario de planificación y no a un balance inevitable. Expresan el nivel de exposición de una metrópolis donde conviven edificios modernos, viviendas antiguas de adobe, construcciones informales, asentamientos sobre laderas y barrios levantados en suelos blandos que amplifican las ondas sísmicas.
Los distritos asentados sobre depósitos aluviales, rellenos, arenas saturadas o terrenos ganados al mar presentan mayor riesgo de amplificación, licuefacción y hundimientos. En Callao, sectores de La Punta, Chucuito, Ventanilla y el área portuaria combinan sacudimiento intenso con exposición directa a una inundación por tsunami.
Cientos de miles de viviendas se encuentran además sobre laderas de cerros, muchas sin muros de contención ni estudios geotécnicos. La caída de rocas, el colapso de escaleras y accesos estrechos y la interrupción de caminos podrían aislar durante días a comunidades enteras.
El terremoto podría romper simultáneamente redes de agua potable, alcantarillado, energía eléctrica, telefonía y fibra óptica. El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres —CENEPRED— actualizó en 2026 un escenario específico para evaluar los daños sobre transportes, comunicaciones, agua, saneamiento, energía e hidrocarburos ante un sismo de magnitud 8,8 y un tsunami en Lima y Callao. (Sigrid CENEPRED)
El colapso de puentes y vías principales dificultaría el ingreso de ambulancias, bomberos y maquinaria pesada. Los hospitales podrían sufrir daños estructurales o perder agua, electricidad y comunicaciones precisamente cuando deban recibir cientos de miles de heridos.
El puerto del Callao, el aeropuerto internacional, las plantas de combustibles, depósitos logísticos y corredores utilizados para abastecer a la capital forman parte de la infraestructura expuesta. Una interrupción simultánea de esos nodos afectaría la distribución de alimentos, medicamentos y combustible en una ciudad con más de diez millones de habitantes. El IGP ha advertido que el riesgo actual es mayor que en terremotos históricos porque la expansión urbana y demográfica multiplicó la población y los bienes situados sobre las mismas zonas de peligro. (Gobierno del Perú)
El segundo golpe llegaría desde el mar. Los sismos de magnitud superior a 7 con epicentro marino pueden generar tsunamis, y una ruptura de 8,8 frente a Lima desplazaría un enorme volumen de agua hacia la costa central. (Últimos Sismos)
Las estimaciones sobre la altura máxima de las olas varían según el lugar y el modelo utilizado. En los sectores más expuestos, especialistas peruanos han planteado escenarios de hasta 15 metros, mientras las cartas oficiales de inundación delimitan áreas que quedarían cubiertas por el avance del mar y establecen rutas hacia zonas altas o edificios destinados a evacuación vertical.
La llegada del tsunami podría producirse en pocos minutos, dejando un margen muy reducido para esperar órdenes individuales. En las zonas costeras, un terremoto fuerte y prolongado debe ser interpretado como señal natural para evacuar inmediatamente hacia cotas elevadas, sin acercarse al mar para observar su comportamiento.
Los simulacros realizados en Callao muestran la magnitud del desafío. Un ejercicio para un sismo de 8,8 estimó 9.760 fallecidos y más de 223.000 heridos solamente en la provincia constitucional, además de decenas de miles de damnificados y desaparecidos. (Radio Nacional)
En otro simulacro regional de magnitud 8, se calcularon más de 14.000 muertos, casi 240.000 heridos, alrededor de 40.000 viviendas colapsadas y graves daños en instituciones educativas. Las variaciones entre escenarios responden a diferentes magnitudes, horarios, supuestos de ocupación y modelos de exposición. (Gobierno Regional Callao)
La preparación no puede limitarse a repartir mochilas de emergencia. Requiere identificar edificios vulnerables, reforzar escuelas y hospitales, retirar obstáculos de las rutas de evacuación, garantizar reservas de agua, proteger plantas energéticas y establecer sistemas redundantes de comunicación.
Perú desarrolla el Sistema de Alerta Sísmica Peruano —SASPe—, proyectado para beneficiar a más de 18 millones de personas en 76 provincias de la costa. El sistema no predice terremotos: detecta las primeras ondas cerca del epicentro y puede enviar avisos antes de que las ondas más destructivas alcancen ciudades ubicadas a cierta distancia. En Lima, la ventaja podría ser de segundos o decenas de segundos según la ubicación de la ruptura. (Instituto Geográfico del Perú)
Ese intervalo puede permitir detener trenes, abrir puertas de cuarteles, cortar operaciones industriales, resguardar cirugías y ordenar a la población que adopte una posición segura, pero no sustituye la calidad de las construcciones ni los planes de evacuación.
El desafío más urgente se encuentra en la fiscalización de viviendas levantadas sin criterios sismorresistentes. La autoconstrucción progresiva, las ampliaciones sin cálculo estructural, los primeros pisos debilitados para instalar comercios y las edificaciones antiguas de adobe o quincha aumentan el riesgo de colapso.
También deberán revisarse los planes de continuidad gubernamental. Un terremoto de esa escala podría dañar simultáneamente ministerios, municipios, comisarías, centros de salud y redes informáticas. Las autoridades necesitan sedes alternativas, comunicaciones satelitales, depósitos regionales y capacidad de operar aun cuando el centro de Lima quede parcialmente aislado.
El nuevo escenario de CENEPRED para 2026 fue elaborado precisamente para cuantificar la exposición de los servicios indispensables y definir prioridades de restablecimiento. Su aplicación permitirá determinar qué puentes, plantas de agua, subestaciones eléctricas, antenas, ductos y establecimientos deben reforzarse antes del terremoto. (Sigrid CENEPRED)
Fuentes consultadas: Instituto Geofísico del Perú; Centro Sismológico Nacional; Instituto Nacional de Defensa Civil; Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres; Dirección de Hidrografía y Navegación de la Marina de Guerra del Perú; Superintendencia de Banca, Seguros y AFP; Gobierno Regional del Callao.





