El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el oeste de Colombia dejó al menos 254 muertos según la suma de reportes regionales, mientras el Gobierno mantenía un balance oficial más bajo y miles de familias continuaban buscando personas desaparecidas. Pereira y Cali concentran la mayor cantidad de víctimas, hospitales y escuelas quedaron destruidos o seriamente dañados, más de cien réplicas mantienen en alerta a la población y equipos nacionales e internacionales trabajan contra reloj entre los escombros. Estados Unidos activó asistencia especializada, la Unión Europea comprometió €2 millones y desplegó Copernicus, México preparó personal militar de búsqueda y rescate y la Cruz Roja movilizó equipos hacia Chocó, donde comunidades aisladas siguen sin servicios básicos.
Bogotá – 12 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA.- La dimensión del terremoto que sacudió el lunes a Colombia continuó agravándose este miércoles mientras los rescatistas removían toneladas de escombros en las ciudades más afectadas y los balances regionales elevaban a al menos 254 la cantidad de muertos, por encima de las cifras consolidadas inicialmente por el Gobierno nacional. Pereira acumulaba 101 fallecidos y Cali otros 95, en una catástrofe que ya constituye el terremoto más mortífero registrado en el país durante este siglo.
El sismo tuvo una magnitud de 7,4 y se produjo a las 7:34 del lunes 10 de agosto, con epicentro próximo a San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y una profundidad cercana a los 100 kilómetros. El Servicio Geológico Colombiano (SGC) mantiene el registro del evento como uno de los movimientos más poderosos de las últimas décadas, mientras especialistas explicaron que la profundidad relativamente elevada permitió disipar parte de la energía y posiblemente evitó una destrucción todavía mayor.
Las cifras oficiales atravesaron desde el comienzo una actualización desigual. El presidente Abelardo de la Espriella había informado el martes 181 muertos, 2.595 heridos, 195 desaparecidos, 1.136 viviendas destruidas, 48 edificios colapsados, 8.357 casas averiadas y 807 establecimientos educativos afectados. Sin embargo, los reportes elaborados directamente por ciudades y departamentos superaron rápidamente ese número y llevaron el total comprobado por fuentes locales a más de 250 víctimas fatales.
La diferencia entre los balances oficiales y regionales se explica en parte por la enorme dificultad para consolidar información procedente de zonas con comunicaciones interrumpidas, hospitales saturados y comunidades rurales todavía aisladas. Reuters reportó que extensos sectores de Chocó, especialmente comunidades indígenas cercanas al epicentro, permanecían sin electricidad ni servicios básicos y con dificultades para recibir ayuda humanitaria.
En Pereira, corazón de la región cafetera, la cifra de fallecidos alcanzó 101 y los equipos de emergencia continuaban revisando edificios colapsados mientras familiares aguardaban información sobre personas todavía no localizadas. La ciudad sufrió severos daños residenciales y sanitarios, con evacuaciones de pacientes y restricciones de circulación destinadas a permitir el ingreso de maquinaria pesada y evitar saqueos.
Cali acumulaba otros 95 muertos y miles de personas afectadas por daños en viviendas, hospitales y edificios públicos. Allí los equipos de rescate consiguieron recuperar con vida a varias personas después de permanecer atrapadas durante horas, mientras refugios temporales comenzaron a recibir a familias que perdieron completamente sus hogares.
Entre los rescates que adquirieron especial repercusión se encuentra el de Diana Troncoso, una biomédica de 31 años extraída con vida de los restos de un edificio de cuatro pisos derrumbado en el barrio Torres del Limonar, en Cali. Vecinos habían advertido a los organismos de socorro que todavía podían encontrarse más de veinte personas bajo los escombros de ese complejo residencial.
Las cifras de desaparecidos también presentan diferencias importantes según la fuente utilizada. Mientras el Gobierno contabilizaba inicialmente menos de doscientas personas formalmente reportadas como desaparecidas, la plataforma ciudadana Colombia Te Busca acumuló casi cuatro mil personas todavía sin localizar sobre más de 4.600 búsquedas iniciadas por familiares. Ese registro no equivale automáticamente a una lista oficial de desaparecidos, porque muchas personas pueden estar incomunicadas o ser encontradas posteriormente, pero refleja la magnitud de la ruptura de comunicaciones y la incertidumbre que atraviesa a miles de familias.
Las autoridades mantienen la emergencia en Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia, mientras las réplicas continúan generando temor entre residentes que se niegan a regresar a edificios dañados. El SGC había registrado 96 movimientos secundarios hasta la mañana del martes, con magnitudes de hasta 4,8, y posteriormente el número superó el centenar. Los especialistas advirtieron que este tipo de actividad puede prolongarse durante días, semanas e incluso meses después de un terremoto de gran magnitud.
La infraestructura de transporte sufrió igualmente un fuerte impacto. Varios aeropuertos suspendieron operaciones durante las primeras horas de la emergencia y numerosas carreteras quedaron afectadas por derrumbes, grietas o caída de estructuras. Las interrupciones complicaron especialmente el traslado de personal médico, equipos de rescate y suministros hacia zonas de Chocó y del eje cafetero.
La Cruz Roja Colombiana activó su sala nacional de crisis y desplegó equipos de búsqueda y rescate provenientes de diferentes departamentos. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) confirmó que los grupos especializados trabajan particularmente en Chocó, donde la prioridad continúa siendo encontrar personas con vida durante la ventana crítica de rescate posterior al terremoto.
La asistencia internacional comenzó a ampliarse a medida que se conoció la gravedad de la tragedia. La Unión Europea comprometió €2 millones para atender a las comunidades afectadas y activó el sistema satelital Copernicus para apoyar el relevamiento de daños y las operaciones de emergencia.
Estados Unidos también activó un equipo especializado de respuesta ante desastres y mantiene coordinación con las autoridades colombianas, mientras México preparó personal militar entrenado en búsqueda y rescate, además de medicamentos, herramientas, comunicaciones satelitales y equipamiento de emergencia, a la espera de la coordinación formal necesaria para su despliegue.
El gobierno de Claudia Sheinbaum dispone para ese tipo de operaciones de unidades especializadas del Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional bajo el esquema del Plan DN-III-E, cuyos contingentes ya fueron utilizados recientemente durante los terremotos de Venezuela. En aquella emergencia México desplegó más de 260 militares y binomios caninos, antecedente que sirve ahora para organizar el contingente destinado a Colombia.
El presidente De la Espriella, quien había asumido pocos días antes del terremoto, recorrió las zonas afectadas y prometió asistencia económica a quienes perdieron sus viviendas, mientras su Gobierno enfrenta cuestionamientos por la lentitud con que inicialmente se consolidaron las cifras nacionales y por las dificultades para llegar a algunas comunidades remotas.
El terremoto se produjo en una zona de elevada actividad sísmica donde convergen varias placas tectónicas. Especialistas explicaron que el movimiento estuvo vinculado con la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, proceso responsable de gran parte de la actividad sísmica andina. La profundidad del evento permitió que las ondas fueran percibidas incluso fuera de Colombia, pero no impidió daños severos en edificios vulnerables y zonas construidas sobre suelos capaces de amplificar las vibraciones.
La experiencia colombiana también volvió a poner bajo examen la calidad de la construcción. El país adoptó normas sismorresistentes desde la década de 1980 y las actualizó posteriormente, pero la enorme cantidad de viviendas informales y edificios antiguos sigue representando un factor decisivo frente a movimientos de esta magnitud. Expertos consultados por Reuters insistieron en que los terremotos no pueden predecirse ni evitarse, pero sus consecuencias dependen ampliamente de la infraestructura, la preparación y la capacidad de respuesta.
Las operaciones de rescate permanecían concentradas este miércoles en Pereira, Cali y sectores de Chocó, donde todavía existen estructuras sin revisar completamente. La prioridad de los equipos internacionales y colombianos sigue siendo localizar sobrevivientes antes de que se cierre la ventana crítica de búsqueda, mientras autoridades forenses, alcaldías y gobernaciones continúan cruzando registros para establecer una cifra nacional definitiva de muertos y desaparecidos.




