Buenos Aires – 18 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA | El riesgo país argentino volvió a superar este martes los 500 puntos básicos y alcanzó los 506 puntos, su nivel más alto desde fines de mayo, en una jornada marcada por nuevas caídas de los bonos soberanos en dólares y una creciente diferenciación negativa de los activos locales respecto del resto de los mercados emergentes. El movimiento combina un escenario financiero internacional más exigente con factores domésticos que empiezan a pesar cada vez más: menor ritmo de acumulación de reservas, actividad económica que no consigue consolidar una recuperación homogénea, deterioro del empleo y los ingresos en sectores vinculados al mercado interno y encuestas que muestran un aumento del rechazo al gobierno de Javier Milei cuando la elección presidencial de 2027 comienza a ingresar en los cálculos de los inversores.
El indicador elaborado por JP Morgan sumaba 18 unidades durante la rueda y llegaba a 506 puntos básicos. Apenas semanas atrás había perforado los 410 puntos y alcanzado un mínimo de alrededor de 403 unidades, el registro más bajo en más de ocho años. La reversión fue rápida: durante agosto los bonos argentinos denominados en dólares acumulan pérdidas cercanas al 4% y el riesgo país aumentó más de 60 puntos.
El riesgo país representa la sobretasa que los inversores exigen para mantener deuda argentina respecto de los bonos del Tesoro estadounidense. Cuanto mayor es la cifra, más caro resulta para el Estado —y posteriormente para provincias y empresas— volver a financiarse voluntariamente en los mercados internacionales.
El problema para la administración libertaria no es solamente haber quebrado nuevamente la barrera psicológica de los 500 puntos, sino la razón por la cual los bonos argentinos comenzaron a comportarse peor que sus pares.
GMA Capital señaló que la calma cambiaria de los últimos días no se trasladó al resto de los activos y destacó que, mientras los emergentes mostraron un comportamiento mucho más estable, el riesgo argentino siguió aumentando. La conclusión que gana espacio entre los operadores es que la última corrección dejó de responder principalmente al contexto internacional y empezó a reflejar cuestiones específicamente argentinas.
El dólar mayorista logró mantenerse cerca de los $1.492, dentro del régimen de bandas cambiarias establecido por el Gobierno. Para este 18 de agosto, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) fija una banda inferior de $745,79 y una superior de $1.865,14, un margen suficientemente amplio como para que la actual cotización no represente por sí misma una señal de tensión cambiaria extrema.
Pero estabilizar el dólar no equivale a despejar todas las dudas financieras.
Juan Manuel Franco, economista jefe de SBS, señaló que el deterioro responde a una combinación de volatilidad externa y menor ritmo de compras del BCRA en el mercado de cambios. Los inversores observan con particular atención la capacidad del organismo de seguir sumando reservas genuinas después de que esa acumulación se convirtió en uno de los principales argumentos del Gobierno para intentar reducir el riesgo argentino.
El propio BCRA mantiene como uno de sus objetivos centrales la recomposición de reservas internacionales dentro del nuevo régimen monetario y cambiario. La autoridad monetaria publica diariamente tanto la evolución de las reservas como las bandas de intervención y su capacidad de acumulación continúa siendo una variable seguida de cerca por los mercados.
La preocupación aparece porque la Argentina necesita demostrar que puede afrontar sus vencimientos de deuda sin depender permanentemente de instrumentos extraordinarios de financiamiento o asistencia externa. Mientras el riesgo país permanezca por encima de los 500 puntos básicos, el retorno pleno al mercado internacional continuará siendo más costoso de lo que el equipo económico pretende.
Desde Fundación Mediterránea remarcaron otro problema estructural: la Argentina continúa cargando con una historia de defaults, restricciones al movimiento de capitales y modificaciones abruptas del rumbo económico cuando cambia el signo político del Gobierno. Ese último elemento comienza a recuperar importancia cuando todavía faltan más de doce meses para las elecciones de 2027.
La política ya ingresó definitivamente en las pantallas de los operadores.
La última encuesta nacional de la Universidad de San Andrés (UDESA) ubicó al peronismo con 26% de intención de voto frente a 24% de La Libertad Avanza (LLA), una diferencia situada dentro del margen de error pero que muestra una competencia prácticamente empatada. El mismo relevamiento registró apenas 35% de aprobación de la gestión de Milei frente a 61% de desaprobación.
Esos números no determinan una elección que se realizará recién en 2027, pero sí modifican la valuación del riesgo político. Los tenedores de bonos compran actualmente deuda cuyos vencimientos se extenderán mucho más allá del actual mandato y, por lo tanto, intentan anticipar si el programa económico vigente sobrevivirá a un eventual cambio de gobierno.
Ese temor se potencia cuando dirigentes opositores como el gobernador riojano Ricardo Quintela advierten públicamente que un futuro gobierno peronista podría revisar inversiones, contratos y decisiones económicas tomadas durante la administración de Milei. Para el mercado, la cuestión no consiste solamente en saber quién puede ganar sino cuánto del actual marco económico podría mantenerse después de diciembre de 2027.
El deterioro de los bonos aparece además cuando algunos indicadores de la economía real muestran una recuperación mucho menos homogénea que la reflejada por sectores como energía, minería y agro.
Analistas de Cohen Aliados Financieros señalaron que el mercado volvió a mirar los fundamentos domésticos, especialmente una actividad que no termina de consolidarse y un escenario electoral que comienza a acercarse. IEB también vinculó el movimiento a una economía con disparidades crecientes entre sectores y al deterioro de las encuestas del oficialismo.
La mirada de los inversores comienza así a desplazarse desde inflación y equilibrio fiscal hacia otras variables que durante los primeros años de la administración quedaron parcialmente relegadas: empleo, salarios reales, consumo, cierres empresarios y capacidad de pago de las familias.
Ese movimiento no es menor. La morosidad de las familias viene creciendo de manera sostenida y el monto irregular ya alcanza el 17,5% del crédito otorgado a personas físicas, mientras comercios y pequeñas empresas denuncian retracción del consumo y sectores intensivos en empleo continúan sin mostrar una recuperación consistente.
Para el mercado de deuda, esos problemas sociales poseen una traducción económica directa. Una economía que crece poco recauda menos, una economía con salarios débiles consume menos y una economía con menor actividad necesita más tiempo para generar los dólares y recursos fiscales necesarios para sostener un programa de deuda de largo plazo.
La evolución del riesgo país durante agosto muestra además que el optimismo construido durante el primer semestre tenía límites. El bono Global 2035 (GD35) había acumulado hasta julio una ganancia considerable y llegado a superar en rendimiento relativo tanto a Ecuador como al promedio de los emergentes. Buena parte de esa ventaja desapareció durante las últimas semanas.
La Consultora 1816 relacionó también el cambio con la percepción de que el Gobierno decidió convertir los $1.500 por dólar en una suerte de referencia de corto plazo. En un esquema donde el mercado percibe que la autoridad económica intenta evitar una depreciación mayor, comienza a preguntarse cuánto de la acumulación de divisas podrá realizar efectivamente el Banco Central y qué costo deberá pagar para mantener la estabilidad.
El contexto internacional tampoco ayuda. Los rendimientos de los bonos estadounidenses siguen elevados y cualquier aumento en las tasas de los Treasuries encarece automáticamente el financiamiento de países emergentes. Pero ésa ya no parece una explicación suficiente: cuando títulos comparables permanecen relativamente estables y los argentinos retroceden, el diferencial empieza a ser doméstico.
La jornada bursátil internacional aportó otra señal: el Global X MSCI Argentina ETF (ARGT), utilizado por numerosos inversores extranjeros como vehículo para exponerse al mercado argentino, perdía alrededor de 2,2% este martes en Nueva York.
El Gobierno consiguió durante los últimos años reducir drásticamente la inflación, recuperar el equilibrio fiscal y estabilizar buena parte de las variables financieras que habían llevado al país al borde de una nueva crisis. Sin embargo, la reducción del riesgo país desde niveles superiores a los 2.000 puntos hasta la zona de 400 había incorporado una expectativa adicional: que esas mejoras fueran suficientes para garantizar continuidad política, acumulación sostenida de reservas y una recuperación económica capaz de llegar al mercado interno.
El regreso a los 506 puntos muestra que el mercado empezó a exigir algo más.
Ya no alcanza con mirar el superávit mensual o la cotización del dólar. Los inversores comenzaron a incorporar el comportamiento del empleo, el salario real, la actividad, las reservas y, cada vez con mayor intensidad, las encuestas de 2027. Si esa combinación no mejora, los 403 puntos alcanzados semanas atrás podrían haber sido menos el comienzo de una normalización financiera que un piso transitorio construido sobre expectativas que ahora están siendo revisadas.
Fuentes consultadas: JP Morgan, Banco Central de la República Argentina (BCRA), Universidad de San Andrés (UDESA), Cohen Aliados Financieros, SBS, Fundación Mediterránea, GMA Capital, IEB, Consultora 1816 y antecedentes económicos de Total News Agency (TNA).



