Buenos Aires – 19 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA | La campaña presidencial de 2027 comenzó mucho antes de lo previsto y la paradoja es que, mientras en la Casa Rosada se quejan del adelantamiento electoral, es el propio Gobierno el que comenzó a mover sus piezas para asegurar la reelección de Javier Milei. El Presidente permaneció nueve días con escasa actividad pública en la residencia de Olivos, mientras su hermana Karina Milei reabrió el diálogo con Mauricio Macri, La Libertad Avanza (LLA) y el PRO pusieron en funcionamiento una mesa política conjunta y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, aceleró conversaciones con gobernadores. Al mismo tiempo, las encuestas dejaron de mostrar un escenario cómodo para el oficialismo: el último estudio de la Universidad de San Andrés (UDESA) ubicó al peronismo dos puntos por encima de LLA y registró 61% de desaprobación de la gestión presidencial.
El vocero presidencial, Adrián Ravier, admitió el martes que el país está “entrando en una parte electoral” y sostuvo que los tiempos se adelantaron, generando —según dijo— “todo tipo de especulaciones absurdas”. La explicación apuntó especialmente a las versiones surgidas durante los nueve días en que Milei permaneció prácticamente fuera de la escena pública.
Pero pocos minutos después, el propio Ravier hizo aquello que cuestionaba: habló directamente de las elecciones de 2027.
“Nos imaginamos reelectos en primera vuelta”, aseguró el portavoz cuando le preguntaron cómo proyectaba el Gobierno los próximos meses. La frase transformó una conferencia supuestamente dedicada a explicar la gestión en una definición de campaña con más de un año de anticipación.
La contradicción se repite dentro del propio oficialismo. Fuentes del Gabinete atribuyeron el adelantamiento electoral a la “ansiedad periodística”, que, según argumentan, termina generando ansiedad entre dirigentes políticos. Sin embargo, la maquinaria libertaria comenzó a trabajar desde hace semanas con objetivos explícitamente electorales.
Karina Milei retomó personalmente el contacto con Mauricio Macri y delegados de ambos espacios conformaron una mesa de trabajo entre LLA y el PRO que se reunirá cada quince días. Formalmente el mecanismo comenzó para coordinar una agenda legislativa, pero dirigentes de ambas fuerzas reconocen que detrás del acercamiento está la construcción de una eventual alianza para 2027.
El diálogo resulta especialmente significativo después de meses de enfrentamientos entre libertarios y macristas. La necesidad electoral parece haber conseguido lo que no pudieron numerosas negociaciones políticas: sentar nuevamente alrededor de una misma mesa a sectores que hasta hace poco intercambiaban acusaciones públicas.
La estrategia se extiende a las provincias. Santilli tiene autorización para negociar con gobernadores tanto la reforma electoral como entendimientos políticos hacia 2027, mientras la Casa Rosada analiza incluso las fechas en que cada distrito celebrará sus elecciones para evitar que una multiplicación de comicios provinciales complique la campaña presidencial.
También está en juego la eliminación o suspensión de las PASO, uno de los objetivos centrales del Ejecutivo. El Gobierno pretende resolver esa discusión durante los próximos meses junto con el Presupuesto 2027 y otras reformas políticas. Para el peronismo, en cambio, las primarias son una herramienta indispensable para ordenar una interna en la que conviven Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y gobernadores con estrategias diferentes.
La preocupación oficial tiene respaldo en los números. La última ESPOP de UDESA, realizada entre el 5 y el 11 de agosto, colocó al peronismo con 26% de intención de voto y a LLA con 24%, una diferencia técnicamente dentro del margen de error, mientras aproximadamente una cuarta parte de los consultados todavía no definió su voto o evitó responder. Mucho más incómodo para el Gobierno es el balance de gestión: sólo 35% aprueba la administración nacional frente a 61% que la desaprueba.
Otros estudios continúan mostrando a Milei con capacidad competitiva considerable. Opinaia, por ejemplo, registró que 55% de los argentinos lo votaría o podría llegar a votarlo, 17 puntos por encima del universo dispuesto a apoyar a un candidato kirchnerista. Esa dispersión entre encuestas explica buena parte de la ansiedad que oficialmente se atribuye a terceros: nadie puede asegurar todavía que el Presidente tenga garantizada la reelección, pero tampoco surgió un candidato opositor capaz de desplazarlo con claridad.
La aceleración electoral coincide, además, con una economía que empezó a ofrecer señales menos confortables para la estrategia presidencial. El riesgo país volvió a superar los 500 puntos, la morosidad familiar acumula veinte meses consecutivos de crecimiento, el consumo muestra debilidad y las encuestas registran preocupación por empleo y salarios, mientras el Gobierno intenta sostener como principales activos políticos la desaceleración inflacionaria, el equilibrio fiscal y los resultados en seguridad.
La propia quietud presidencial terminó funcionando como catalizador. Sin grandes anuncios de gestión durante varios días, las versiones sobre cambios, candidaturas, alianzas y reorganización libertaria ocuparon el espacio que dejó vacante la agenda ejecutiva. La Casa Rosada puede cuestionar el adelantamiento de los tiempos, pero Karina Milei negocia con Macri, Santilli conversa con gobernadores y el vocero presidencial ya pronostica una victoria en primera vuelta.
La campaña de 2027, por lo tanto, no parece haber sido impuesta únicamente desde afuera. El propio Gobierno comenzó a correrla.
Fuentes consultadas: Presidencia de la Nación, Agencia Noticias Argentinas (NA), Universidad de San Andrés (UDESA), Opinaia, TN, El País, El Observador y antecedentes políticos de Total News Agency (TNA).




