Por Daniel Romero
Buenos Aires – 18 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA | El empresario José Luis Manzano volvió a demostrar una cualidad que en la Argentina vale casi tanto como el capital: saber sobrevivir a todos los gobiernos sin perder el asiento en la mesa. Mientras Javier Milei proclama un alineamiento estratégico casi litúrgico con Estados Unidos y su administración introduce restricciones dirigidas a empresas estatales extranjeras en licitaciones sensibles —con las excepciones que, como suele ocurrir, dicta la realidad—, el exministro menemista acaba de ampliar su poder sobre el sistema energético argentino mediante la compra del 70% de Metrogas por US$780 millones a través de Edenor, con la evidente venia de la Casa Rosada. Al mismo tiempo, su grupo empresario controla la compañía que posee el 40% del megapuerto de Chancay, en Perú, donde es socio directo de la estatal china COSCO Shipping Ports, dueña del 60% restante. La escena tiene algo de ironía geopolítica: mientras desde los atriles se habla de Washington y Beijing como si hubiera que elegir una sola bandera, los negocios parecen haber encontrado hace tiempo la manera de saludarlas a ambas.
El ingreso de Manzano a Chancay se produjo por una vía indirecta, aunque perfectamente identificable. En mayo de 2024, Transition Metals AG, subsidiaria suiza de Integra Capital, adquirió a Glencore el 55% de las acciones clase A de Volcan Compañía Minera por US$20 millones, con financiamiento adicional de hasta US$40 millones para obligaciones vinculadas con la operación. Según la propia Integra Capital, aquella compra terminó otorgándole el control del 63% de los derechos de voto de Volcan.
Volcan había participado desde años antes en el desarrollo de Chancay junto a COSCO. Posteriormente escindió su negocio portuario y creó Inversiones Portuarias Chancay S.A.A., sociedad que conserva el 40% del proyecto, mientras COSCO mantiene el 60%. Integra Capital reconoce públicamente que, a través de esa estructura, quedó posicionada dentro de uno de los proyectos logísticos más estratégicos de América Latina.
El puerto no es precisamente un muelle pintoresco para recibir cruceros. Chancay fue inaugurado en noviembre de 2024 con la participación del presidente chino Xi Jinping y está diseñado para convertirse en un gran nodo directo entre la costa del Pacífico sudamericano y Asia, con rutas hacia Shanghái y capacidad para recibir portacontenedores de hasta 24.000 TEU. COSCO Shipping Ports, empresa controlada por el Estado chino, no sólo es accionista mayoritaria sino también operadora del complejo, una pieza central de la expansión marítima de Beijing que desde el comienzo despertó atención en Washington.
Ese socio de COSCO es ahora, simultáneamente, uno de los empresarios más beneficiados por las transformaciones del sector energético argentino. La geopolítica puede ser complicada; los negocios, aparentemente, bastante menos.
El 10 de agosto, YPF aceptó la oferta de Edenor por el 70% de Metrogas, valuada en US$780 millones. Edenor está controlada por el grupo empresario encabezado por Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti, gran “amigo” de Sergio Massa, mientras Integra ya poseía previamente un 9,23% de Metrogas mediante Integra Gas Distribution. La operación deja bajo un mismo núcleo empresario a la mayor distribuidora eléctrica del país y a la principal distribuidora de gas natural, que abastece a aproximadamente 2,5 millones de usuarios en Buenos Aires y concentra más del 25% del mercado gasífero argentino.
La convivencia entre Manzano y el mileísmo y masismo resulta todavía más entretenida cuando se mira su historia política reciente.
En noviembre de 2023, después del balotaje presidencial, el propio empresario reconoció públicamente que había votado a Sergio Massa, aunque tuvo la prudencia —virtud nunca menor en estos ámbitos— de elogiar inmediatamente el rumbo que comenzaba a plantear Milei. Manzano mantuvo durante años una relación cercana con el exministro de Economía y distintos medios lo describieron como uno de sus padrinos políticos y empresariales. La relación entre el grupo Vila-Manzano y el massismo fue ampliamente señalada desde la etapa en que Massa construía el Frente Renovador y buscaba proyectarse como candidato presidencial.
La mutación posterior fue veloz y, sobre todo, eficaz. Con Milei en la Casa Rosada, el conglomerado no quedó relegado: avanzó en electricidad, gas, hidrocarburos, minería y activos vinculados con infraestructura. Cambió el Gobierno, cambiaron los discursos y hasta cambió el vocabulario económico; algunos empresarios, en cambio, conservaron admirablemente la capacidad de quedar siempre del lado correcto de la ventanilla.
También existen puentes con el universo de Santiago Caputo. Nuestros analistas, al reconstruir el nuevo mapa empresario libertario, detectaron contactos de Manzano con el asesor presidencial y vínculos con espacios próximos a Caputo. Además, Diego Chaher, abogado que trabajó durante años para el grupo Vila-Manzano, pasó al Gobierno nacional y quedó incorporado al área encargada de empresas públicas y procesos de privatización, movimiento que distintos sectores vincularon políticamente con Santiago Caputo. Los vasos comunicantes entre un grupo históricamente cercano al massismo y el núcleo de poder libertario parecen funcionar con una eficiencia que muchas dependencias estatales envidiarían.
El nombre de Gustavo Elías aparece en un círculo parcialmente diferente pero relacionado con negocios de medios, logística y puertos. El empresario bahiense, propietario de La Nueva y con participación en medios regionales, expresó públicamente en 2022 una valoración positiva de Sergio Massa, a quien describió como un dirigente comprometido y con conocimiento del Estado y del mundo. Durante 2026 su nombre volvió a aparecer asociado a proyectos y versiones relacionadas con puertos estratégicos, particularmente Ushuaia y la Hidrovía, mientras investigaciones y publicaciones periodísticas le atribuyeron relaciones con sectores del massismo y operadores próximos a grupos empresariales vinculados con el entorno de Santiago Caputo.
Ambos aparecen dentro de un ecosistema empresario que cruza medios, energía, puertos y logística, y que ha mantenido relaciones con distintos sectores políticos sin quedar encerrado en una sola fuerza. En la Argentina, la grieta suele ser mucho más sólida en televisión que en determinadas mesas de negocios.
Ese es precisamente el dato que vuelve significativa la expansión de Manzano.
El Gobierno de Milei mantiene un discurso especialmente crítico respecto de la influencia estratégica china. En licitaciones como la Hidrovía y otros proyectos de infraestructura incorporó condiciones destinadas a limitar el ingreso de compañías controladas por Estados extranjeros. Estados Unidos, además, viene presionando para restringir la presencia china en telecomunicaciones, minerales críticos e infraestructura sensible. Sin embargo, los resultados concretos muestran que el catecismo geopolítico admite una interesante cantidad de notas al pie.
Uno de los empresarios que más creció durante la administración libertaria es, al mismo tiempo, socio de una de las mayores corporaciones estatales chinas en uno de los puertos más importantes de la estrategia global de Beijing.
La explicación parece menos ideológica que financiera. YPF necesita desprenderse de activos considerados secundarios y conseguir dólares para concentrar recursos en Vaca Muerta; Edenor presentó una oferta de US$780 millones y el directorio de la petrolera la aceptó dentro de un proceso competitivo. Para una administración que necesita inversión, capital fresco y privatizaciones exitosas, la pureza geopolítica parece haber demostrado una elasticidad notable cuando los dólares aparecen sobre la mesa.
Manzano vuelve así a ocupar un lugar que conoce desde hace décadas: el espacio situado entre la política y los grandes negocios, independientemente de quién gobierne. Fue ministro de Carlos Menem, mantuvo una relación política y empresarial fluida con Massa, votó por él en 2023, estableció puentes con el nuevo poder libertario y, mientras Milei estrecha su alianza con Washington, conserva una posición privilegiada junto a COSCO en el puerto de Chancay y adquiere concesiones del gobierno.
La verdadera paradoja no consiste en que un empresario argentino haga negocios simultáneamente con China y con un gobierno aliado de Estados Unidos. Eso, en rigor, podría llamarse pragmatismo. Lo llamativo es que algunos de los activos más sensibles del país —electricidad, gas, petróleo, minería, puertos y telecomunicaciones— vuelvan a concentrarse alrededor de grupos capaces de atravesar gobiernos de signo opuesto con una plasticidad extraordinaria: massistas ayer, interlocutores libertarios hoy y socios del capital estatal chino al otro lado del Pacífico. Ideologías van, administraciones vienen; ciertos negocios, en cambio, parecen gozar de una estabilidad institucional que la Argentina todavía busca para casi todo lo demás.
Fuentes consultadas: Integra Capital, YPF, Edenor, Volcan Compañía Minera, COSCO Shipping Ports, Reuters, Associated Press, publicaciones económicas argentinas y peruanas y antecedentes de Total News Agency (TNA).




