Buenos Aires-19 de Agosto de 2026-Total News Agency -. La estabilidad monetaria abre la puerta a una transformación sobre: hipotecas a largo plazo, financiamiento productivo, mercado de capitales, leasing y crédito para las PyMEs. Con un sistema financiero amplio y bien desarrollado, la Argentina podrá sostener una década de crecimiento.
Por Guillermo H. B. Castaño
El país que se acostumbró a vivir sin crédito
Hay una consecuencia de la inflación que suele quedar escondida detrás de los índices de precios y las tasas de interés: una economía que convive durante muchos años con inflación elevada termina perdiendo algo mucho más importante que el poder adquisitivo de su moneda. Pierde la capacidad de financiar el futuro.
Durante décadas, la Argentina se acostumbró a pensar en semanas, meses y no en años. Una familia que quería comprar una vivienda debía hacerlo prácticamente al contado. Una empresa para ampliar su capacidad productiva debía financiarse con capital propio. Una PyME encontraba enormes dificultades para acceder a un préstamo de largo plazo. Y el Estado, en numerosos períodos, absorbía gran parte del escaso ahorro disponible.
El resultado fue una economía con muy poco crédito en relación con su tamaño. Esta no es una característica secundaria: es una de las causas profundas de la baja inversión y de la escasa acumulación de capital que limitaron el crecimiento argentino durante décadas.
Un país puede tener excelentes empresarios, recursos naturales extraordinarios y trabajadores calificados. Pero si una empresa no puede financiar una máquina, si una familia no puede financiar una vivienda y si un emprendedor no puede conseguir capital para crecer, una parte considerable de ese potencial permanece desperdiciado.
Por eso, la economía argentina no debe medirse solo por la inflación. Debe medirse también por la capacidad del sistema financiero para volver a cumplir una función esencial: transformar ahorro en inversión.
1. La estabilidad cambia las reglas del juego
El crédito de largo plazo necesita una condición fundamental: previsibilidad. Un banco puede prestar dinero durante quince o treinta años solamente si puede estimar razonablemente qué ocurrirá con la moneda, los salarios, las tasas de interés y la capacidad de pago del deudor.
Cuando la inflación es muy elevada, esa previsibilidad desaparece. El problema no es solamente que las tasas nominales sean altas. El problema es que resulta prácticamente imposible calcular el valor real de las cuotas y del capital dentro de diez o veinte años.
Por eso, la estabilidad monetaria tiene una consecuencia que va mucho más allá de la reducción del IPC: permite recuperar el tiempo económico. Cuando la inflación comienza a converger hacia niveles compatibles con una economía normal, aparecen nuevamente horizontes que antes parecían imposibles. Un banco puede prestar a cinco años. Después a diez. Una familia puede pensar en una hipoteca. Una empresa puede evaluar una inversión cuyo retorno llegará dentro de varios años.
La estabilidad comienza así a reconstruir una institución que Argentina perdió durante décadas: el crédito.
2. El crédito ya comenzó a recuperarse
No se trata solamente de una hipótesis. Los datos del Banco Central muestran que la intermediación financiera con el sector privado viene recuperándose.
En marzo de 2026, el crédito total al sector privado —pesos y moneda extranjera— registró un crecimiento interanual real de 19,6%. El crédito en pesos, aunque cayó 0,5% en términos reales durante ese mes, acumulaba un aumento de 13,2% interanual. Al mismo tiempo, el financiamiento en moneda extranjera aumentó 7,7% mensual y 53,5% interanual, medido en moneda de origen.
La fotografía más reciente confirma la tendencia, aunque con un matiz importante: la recuperación hipotecaria está siendo traccionada en buena medida por bancos públicos, mientras que la originación de los bancos privados cayó con fuerza en términos interanuales, debido a cierto aumento de la mora 8% en préstamos bancarios. Aun así, el ratio crédito/PIB total se ubicaba a mediados de año en torno al 12,3-12,5%, todavía muy bajo en comparación histórica y regional, pero en claro proceso de recuperación desde niveles extremadamente deprimidos.
Eso significa que el potencial de crecimiento es alentador. Argentina no necesita simplemente recuperar algunos puntos de crédito: necesita reconstruir un sistema financiero capaz de acompañar el crecimiento de toda la economía.
3. El regreso de las hipotecas
Quizás ningún indicador sea más simbólico que el regreso del crédito hipotecario. Durante años, para una familia argentina comprar una vivienda significó ahorrar durante décadas, recibir una herencia o endeudarse en condiciones poco sostenibles. La hipoteca de largo plazo prácticamente desapareció como instrumento masivo. Ahora empieza a regresar.
En abril de 2026 se incorporaron aproximadamente 1.534 nuevos deudores hipotecarios al sistema financiero. Más del 95% de esas nuevas operaciones fueron concertadas mediante créditos UVA. En el acumulado de los doce meses, el número de nuevos deudores hipotecarios UVA se acercó a 39.800.
Es un dato todavía pequeño frente a las necesidades habitacionales del país. Pero económicamente es relevante por lo que representa. La hipoteca no solamente financia una vivienda: financia construcción, genera empleo, demanda materiales y moviliza una amplia cadena de actividad económica. Por cada crédito hipotecario aparece un efecto multiplicador mucho más extenso.
Por eso, el regreso de las hipotecas puede transformarse en uno de los grandes motores de crecimiento de la próxima década, siempre que la estabilidad de precios y la recuperación de los ingresos reales se consoliden.
4. La cuestión de las UVA
Los créditos hipotecarios ajustados por UVA merecen un análisis especial. Su ventaja económica es que permiten que la cuota evolucione junto con una unidad de valor vinculada a la inflación, haciendo posible ofrecer plazos mucho más largos que los que permitiría un préstamo tradicional a tasa fija en un contexto de incertidumbre.
Pero también existe un riesgo que no debe ocultarse. Si los ingresos de las familias no evolucionan en línea con el índice de actualización, la cuota puede aumentar más rápidamente que el salario. Por eso, la expansión de las hipotecas debe estar acompañada por una economía con inflación baja, crecimiento del empleo formal y aumento sostenido de los ingresos reales.
La verdadera solución no consiste en prohibir mecanismos de indexación. Consiste en lograr que la economía sea suficientemente estable para que esos instrumentos puedan funcionar sin generar fragilidad social. Se destaca que la mora en estos créditos ronda el 1,2%
5. Crédito productivo: la verdadera prueba
El crédito hipotecario es importante. Pero si Argentina quiere crecer de manera sostenida, necesita algo todavía más decisivo: crédito para producir.
Una empresa que obtiene financiamiento puede comprar maquinaria, automatizar una línea de producción, incorporar tecnología, abrir una nueva planta o aumentar sus exportaciones. Una PyME puede adquirir un vehículo o capital de trabajo. Un productor agropecuario puede renovar maquinaria. En todos estos casos el crédito no constituye simplemente consumo anticipado: es inversión. Y la inversión aumenta la capacidad futura de producción de la economía.
El desafío argentino consiste precisamente en lograr que una proporción creciente del crédito se destine a producir más en el futuro, y no solo a consumir hoy.
6. Las PyMEs y el problema del capital de trabajo
Las pequeñas y medianas empresas representan uno de los sectores que más pueden beneficiarse de la normalización financiera. Durante mucho tiempo una PyME argentina enfrentó una paradoja: tenía un proyecto rentable, pero no podía financiarlo. Debía recurrir a capital propio, crédito comercial de proveedores o instrumentos de muy corto plazo. Esto limita el crecimiento.
Una empresa grande puede financiarse en el mercado de capitales. Una empresa pequeña depende mucho más del sistema bancario. Por eso, la recuperación del crédito PyME debería ser considerada una política de crecimiento y no solamente una cuestión financiera. El objetivo debería ser que una empresa pueda pasar de microempresa a pequeña, de pequeña a mediana y de mediana a grande sin que el sistema financiero se convierta en un obstáculo permanente.
7. Leasing: el instrumento que Argentina debería utilizar mucho más
Existe además una herramienta particularmente importante para la inversión productiva: el leasing. Su ventaja es que permite financiar bienes de capital —maquinaria, vehículos, equipamiento tecnológico o agrícola— utilizando el propio activo como parte fundamental de la estructura de garantía.
Para una PyME esto puede resultar decisivo. En lugar de reunir durante años el capital necesario para comprar una máquina, puede utilizarla inmediatamente y pagarla a lo largo del tiempo. El leasing facilita la renovación tecnológica y la inversión productiva. Una economía que pretende aumentar su productividad necesita que este instrumento tenga una presencia mucho mayor.
8. El mercado de capitales: el segundo gran motor
Argentina no puede pretender financiar una economía moderna exclusivamente a través de los bancos. Necesita desarrollar profundamente su mercado de capitales. Las empresas deben poder financiarse mediante obligaciones negociables, acciones, fideicomisos financieros, fondos comunes de inversión e instrumentos PyME.
La importancia de este mercado es enorme porque conecta directamente a quienes tienen ahorro con quienes necesitan capital. El banco deja de ser el único intermediario. Una empresa puede emitir una obligación negociable y obtener financiamiento directamente de inversores institucionales y particulares. La Argentina necesita que ese mercado crezca varias veces, no solamente para financiar grandes compañías, sino también para que las PyMEs puedan acceder gradualmente a instrumentos de financiamiento que hoy están reservados a empresas de mayor tamaño.
9. El dólar como fuente de financiamiento productivo
Durante muchos años Argentina tuvo una relación traumática con el crédito en dólares. Pero existe una diferencia fundamental entre endeudarse en dólares para financiar gastos internos y utilizar financiamiento en dólares para generar dólares.
Una empresa exportadora puede tomar un préstamo en moneda extranjera y cancelarlo con los ingresos de sus exportaciones. Ese mecanismo es económicamente muy diferente al endeudamiento en dólares de una empresa cuyos ingresos son exclusivamente en pesos. Los datos del BCRA muestran que el financiamiento bancario en moneda extranjera viene creciendo con fuerza, impulsado especialmente por documentos y prefinanciaciones de exportaciones. Esto puede convertirse en una pieza fundamental de la expansión exportadora argentina.
Esta tendencia puede acelerarse de manera significativa a partir de la flexibilización dispuesta en agosto de 2026, cuando el Gobierno modificó el artículo 23 del Decreto 905/02 mediante el DNU 736/2026 para permitir que los bancos presten en dólares también a empresas que no generan divisas, y no solamente a exportadoras o a compañías con garantías de generadores de dólares. El límite fijado por el BCRA es que estos préstamos no superen, en conjunto, el 15% de los depósitos en moneda extranjera de cada entidad financiera. Con depósitos en dólares del sistema que ya superan los USD 40.000 millones, ese porcentaje habilita hasta unos USD 6.000 millones adicionales de crédito potencial, una cifra importante si se la compara con el tamaño actual del financiamiento en moneda extranjera al sector privado.
La medida tiene, además, un segundo objetivo que no es menor: profundizar el esquema de la Ley de Inocencia Fiscal. La lógica es sencilla. Si los bancos pueden prestar esos dólares a un universo mucho más amplio de empresas, pueden ofrecer una tasa más atractiva a los ahorristas, y eso incentiva a que una porción de los dólares que hoy están fuera del sistema —el clásico «colchón»— vuelva a los depósitos bancarios. Cuanto mayor sea ese ingreso de dólares al sistema financiero, mayor será también la oferta de crédito disponible y, potencialmente, la acumulación de reservas del Banco Central, ya que los tomadores de estos créditos deben liquidarlos obligatoriamente en el Mercado Único y Libre de Cambio.
Ahora bien, la expansión del crédito en dólares no debe analizarse de manera aislada del deterioro que muestra la calidad de cartera en pesos. Los últimos datos disponibles muestran una brecha muy marcada entre la mora bancaria, que ronda el 8%, y la de las fintech y otras entidades no bancarias, que se ubica en torno al 32%. La diferencia, sin embargo, merece un matiz importante: buena parte de esos préstamos fintech en mora corresponden a montos promedio muy bajos, del orden de los $500.000 —apenas unos USD 300 al tipo de cambio actual—, es decir, financiamiento de consumo de corto plazo y bajo ticket, muy distinto en su naturaleza y en su riesgo sistémico de los créditos productivos o comerciales en dólares que aquí se analizan. La lectura correcta no es que el crédito en dólares herede ese riesgo, sino que la Argentina exhibe hoy dos sistemas de crédito con perfiles claramente diferenciados: uno bancario, patrimonialmente sólido aunque todavía acotado, y otro fintech, más inclusivo pero con una morosidad que exige una gestión de riesgo mucho más fina.
10. Del ahorro al crecimiento
Aquí aparece la verdadera revolución. Durante décadas Argentina destruyó una parte considerable de su ahorro mediante inflación, devaluaciones y cambios permanentes de reglas que incluyeron confiscaciones de depósitos. El ahorrista terminó buscando refugio fuera del sistema financiero: dólares en efectivo, inmuebles, activos externos o bienes durables. El dinero dejó de transformarse sistemáticamente en inversión productiva.
La estabilidad puede comenzar a revertir ese proceso. Si los argentinos vuelven a confiar en los depósitos, en los fondos de inversión, en los bonos y en otros instrumentos financieros, el ahorro doméstico puede convertirse progresivamente en capital para empresas y familias. El ahorro es el combustible del crédito. Y el crédito es uno de los combustibles de la inversión.
11. El círculo virtuoso
La Argentina podría entrar en un proceso completamente diferente al de las últimas décadas:
Estabilidad monetaria → Mayor ahorro → Mayor intermediación financiera → Más crédito → Más inversión → Mayor productividad → Más producción → Más empleo → Mayores salarios reales → Mayor ahorro → Más crédito.
Este círculo virtuoso es precisamente el que permite que una economía crezca durante muchos años. La Argentina conoció demasiadas veces el mecanismo inverso. Romper definitivamente ese círculo negativo sería una transformación mucho más profunda que cualquier reforma financiera aislada.
12. El crédito no puede crecer artificialmente
Hay, sin embargo, una consideración indispensable. No se debe confundir expansión del crédito con creación artificial de prosperidad. Un país puede aumentar rápidamente el crédito mediante políticas monetarias expansivas. Pero si ese crédito no está respaldado por ahorro, productividad e ingresos sostenibles, tarde o temprano aparece la factura.
Y esa factura ya tiene nombre y número: mora. El propio Banco Central reporta que la irregularidad de las familias llegó al 12,8% en mayo de 2026, el nivel más alto en más de dos décadas. Dentro de ese universo, la mora de los préstamos personales alcanzó el 15,9% y la de las tarjetas de crédito el 13,1%. Ese dato obliga a mirar la expansión del crédito con una lectura más fina: no alcanza con que haya más préstamos; importa también la calidad de esos préstamos y la capacidad real de repago de los hogares.
Se destaca que las altas tasas activas respecto de las pasivas, son el principal problema en la mora, sin embargo también influyen negativamente el IVA Nación, ese 21% debería reducirse, también representa una carga importante en las cuotas 2 impuestos provinciales como Ingresos Brutos y Sellos, ambos deben ser eliminados lo antes posible.
Al igual que en casi todos los productos que se consumen el Argentina, los impuestos ocupan la mitad del precio y en las cuotas también.
Desde un enfoque de libre mercado, la solución no pasa por más subsidios al crédito ni por líneas blandas financiadas con emisión. Pasa por tres ejes:
– Reglas claras y estables: que los contratos se cumplan, que las garantías se ejecuten con rapidez y que no haya cambios retroactivos en las condiciones de los préstamos.
– Disciplina fiscal y monetaria: que el Estado no compita por el ahorro con déficit crónico ni recurra a la emisión para financiar gastos corrientes.
– Mercado libre de tasas: que las tasas de interés reflejen riesgo y costo de fondeo, sin topes administrativos que distorsionen la oferta de crédito.
El crédito sano debe surgir de una economía sana. El objetivo no es tener más deuda. Es tener más capital productivo financiado de manera sostenible.
Conclusión: Argentina puede volver a financiar su futuro
La recuperación del crédito es algo más que bueno para los bancos. Es una señal de normalización económica. Durante décadas, la Argentina se acostumbró a convivir con una economía sin financiamiento de largo plazo. Ahora comienza a aparecer una posibilidad diferente.
Los datos del BCRA confirman que el proceso ya comenzó, aunque todavía está lejos de completarse. La recuperación del crédito de largo plazo y el crecimiento del financiamiento al sector privado muestran una dirección favorable, pero Argentina continúa teniendo una intermediación financiera reducida en relación con las necesidades de su economía.
El desafío es conseguir que el crédito no vuelva a desaparecer. Para lograrlo será indispensable mantener estabilidad fiscal y monetaria, fortalecer la seguridad jurídica, desarrollar el mercado de capitales y generar condiciones que permitan que el ahorro doméstico se transforme en inversión.
Porque una familia que consigue una hipoteca no solamente compra una casa. Una empresa que consigue crédito no solamente compra una máquina. Una PyME que obtiene capital no solamente aumenta sus ventas. Todos ellos están anticipando el futuro de prosperidad.
Y una economía que vuelve a financiar su futuro es una economía que vuelve a crecer.
Convirtiéndose, probablemente, uno de los signos más claros de que la Argentina finalmente dejó atrás la economía de la crisis y construye la economía del crecimiento.
19/08/26
Guillermo H.B. Castaño. Semper Fidelis Consultora
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