Por Daniel Romero | Opinión
Buenos Aires – 19 Agosto 2026 – Total News Agency – TNA | Hay palabras que la burocracia utiliza cuando pretende quitar dramatismo a decisiones que, expresadas sin maquillaje, resultarían mucho más difíciles de defender. “Optimización”, “concentración”, “sinergia operativa” y “racionalización de recursos” integran ese diccionario. El traslado de la Escuela de Aviación Naval (ESAN), la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima y el Taller Aeronaval Punta Indio hacia la Base Aeronaval Comandante Espora puede envolverse con cualquiera de esas expresiones. Pero cuando una base pierde su escuela, sus aeronaves, su unidad operativa y su taller, estamos frente a algo bastante más sencillo de comprender: Punta Indio está siendo vaciada de aquello que la convertía en una base aeronaval operativa.
No es únicamente una cuestión sentimental, aunque un siglo de historia debería bastar para exigir algo más que una explicación contable. Es una cuestión de defensa nacional.
La Base Aeronaval Punta Indio (BAPI) fue creada el 25 de febrero de 1925 como parte de una concepción estratégica destinada a proteger el acceso al Río de la Plata. Todavía en noviembre de 2025 la propia Armada Argentina exhibía allí aeronaves con asiento permanente, entre ellas los Beechcraft TC-12B Huron y medios de instrucción, mientras celebraba los 50 años de incorporación de los B-200.
Menos de un año después hablamos de trasladar prácticamente todo lo que daba vida militar permanente a la instalación.
Podrá discutirse si jurídicamente corresponde utilizar todavía la palabra “cierre”. La Armada no publicó hasta ahora una resolución que diga simplemente: “se cierra Punta Indio”. Pero parece un debate bastante parecido a discutir si una fábrica continúa funcionando después de llevarse las máquinas, los operarios y el departamento técnico.
En 2025 ya había sido desactivado el comando de la histórica Fuerza Aeronaval Nº1, quedando Punta Indio reducida a la base, la Escuela de Aviación Naval, la Escuadrilla Aeronaval de Vigilancia Marítima y el taller. Ahora precisamente esas capacidades son las que se trasladan.
No estamos, entonces, ante un hecho aislado.
Estamos ante otro escalón en un largo proceso de contracción de las Fuerzas Armadas argentinas, particularmente doloroso en el caso de la Armada, una institución que pasó de operar portaaviones, aviación embarcada, destructores modernos, submarinos y una poderosa aviación antisubmarina a administrar cuidadosamente los pocos sistemas que continúan disponibles.
La Aviación Naval Argentina alguna vez estuvo entre las más importantes de América Latina. Combatió en Malvinas con una eficacia reconocida incluso por su adversario, lanzó los Super Étendard y misiles Exocet contra la flota británica y sostuvo operaciones desde bases continentales bajo condiciones extraordinariamente difíciles.
Hoy discutimos cómo ahorrar dinero mudando escuelas y talleres.
La Escuela de Aviación Naval fue creada en 1921 y se instaló definitivamente en Punta Indio en 1963. Durante más de seis décadas, desde allí se formaron generaciones de aviadores. Su bandera está vinculada además con la Guerra de Malvinas y con una tradición operacional que forma parte del patrimonio militar argentino.
Una nación que pretende reconstruir su defensa debería preguntarse cómo ampliar esas capacidades. Nosotros seguimos preguntándonos cuáles podemos mantener.
La explicación de que todo será más eficiente en Comandante Espora contiene una parte razonable. Espora constituye el gran corazón de la Aviación Naval, posee infraestructura de mantenimiento y está vinculada operacionalmente con la Flota de Mar y la Base Naval Puerto Belgrano. La concentración puede reducir costos y simplificar cadenas logísticas.
Pero las Fuerzas Armadas no son una cadena de supermercados.
Una estructura militar no se diseña solamente buscando dónde cuesta menos pagar electricidad, personal o mantenimiento. La dispersión geográfica también es una capacidad militar. Tener bases alternativas significa poder desplegar aeronaves desde distintos puntos, sobrevivir a contingencias, dificultar la neutralización de los medios propios y mantener presencia sobre áreas estratégicas diferentes.
Concentrarlo todo puede resultar barato durante la paz y extraordinariamente caro cuando llega una crisis.
Punta Indio fue creada precisamente porque el Río de la Plata constituye uno de los espacios estratégicos más relevantes del país. Allí confluyen las principales rutas comerciales, buena parte de la infraestructura portuaria, el acceso fluvial hacia el corazón productivo argentino y la salida de la Hidrovía Paraná-Paraguay hacia el Atlántico.
¿Ese escenario perdió importancia estratégica en 2026?
Difícilmente.
La Armada, sin embargo, tendrá menos presencia aeronaval permanente allí.
Los Beechcraft B-200, algunos en configuraciones vinculadas con vigilancia marítima, han sido utilizados durante décadas para tareas de patrullaje, enlace, transporte y control del espacio marítimo. Su traslado hacia Espora podrá mejorar ciertas cuestiones logísticas, pero deja a Punta Indio sin una de sus principales capacidades operativas.
Y esto ocurre cuando el Mar Argentino requiere exactamente lo contrario: más vigilancia, más horas de vuelo, mejores radares, aeronaves modernas y presencia permanente.
La Argentina posee una gigantesca Zona Económica Exclusiva (ZEE) y enfrenta cada año concentraciones de centenares de pesqueros extranjeros en los límites de sus aguas jurisdiccionales. Pretendemos proteger millones de kilómetros cuadrados marítimos mientras reducimos la cantidad de lugares desde donde pueden operar nuestros propios medios.
La matemática militar resulta, cuanto menos, peculiar.
Existe además una contradicción política que el gobierno de Javier Milei debería explicar.
El Presidente ha hablado reiteradamente de recuperar el respeto hacia las Fuerzas Armadas. La compra de los F-16 a Dinamarca constituyó, sin discusión, una decisión importante y largamente necesaria para recuperar la aviación supersónica de combate.
Pero comprar aviones mientras se vacían estructuras no constituye por sí solo una política de Defensa.
Una política militar exige continuidad presupuestaria, munición, combustible, entrenamiento, personal adecuadamente remunerado, mantenimiento, infraestructura y planificación a veinte o treinta años. Un caza nuevo puede protagonizar una ceremonia magnífica; una base, un taller o una escuela que desaparecen difícilmente produzcan imágenes útiles para las redes sociales.
Allí está precisamente el peligro.
El desmantelamiento militar argentino nunca ocurrió de golpe. No hubo un día en el que alguien resolviera eliminar las Fuerzas Armadas. Se produjo mediante pequeñas decisiones aparentemente razonables: un sistema que dejó de volar porque mantenerlo era caro; una unidad que se fusionó porque tenía pocos medios; una base que perdió personal; un buque que no recibió su recorrida; un taller que cerró; una capacidad que se declaró “transitoriamente suspendida”.
Después pasaron diez años.
Luego veinte.
Y nunca volvió.
El último S-2T Turbo Tracker, representante de una capacidad antisubmarina que la Armada sostuvo durante más de seis décadas, realizó su último vuelo operativo en diciembre de 2025. Una nación con una plataforma marítima inmensa quedó sin aquellos aviones precisamente cuando la guerra submarina vuelve a ocupar un papel central en las estrategias navales del mundo.
La Argentina también perdió su aviación embarcada efectiva, sus portaaviones y durante años mantuvo sus Super Étendard Modernisé sin capacidad operativa plena.
Ahora Punta Indio retrocede otro casillero.
El problema es que los casilleros comienzan a terminarse.
Resulta tentador justificar cada reducción mirando solamente la fotografía de hoy. Si existen pocos aviones, ¿para qué mantener varias bases? Si vuelan pocas horas, ¿para qué sostener tantos talleres? Si una escuadrilla tiene escasos medios, ¿para qué conservar su estructura?
Pero esa lógica conduce inevitablemente hacia abajo.
Una política de Defensa debería plantear exactamente la pregunta inversa: ¿qué medios necesitamos para justificar y aprovechar la infraestructura estratégica que todavía tenemos?
Porque los hangares ya existen.
Las pistas ya existen.
Los talleres existen.
Las instalaciones fueron pagadas durante generaciones por los argentinos.
El territorio sigue allí.
Lo verdaderamente caro no es conservar una capacidad. Lo verdaderamente caro será descubrir dentro de quince años que nuevamente la necesitamos y que habrá que reconstruir desde cero aquello que hoy desmontamos para ahorrar.
Tampoco debería ignorarse el factor humano. Las Fuerzas Armadas son organizaciones construidas alrededor de tradiciones, experiencia y conocimiento acumulado. Un taller aeronaval no es simplemente un galpón con herramientas; contiene técnicos especializados que tardaron años en formarse. Una escuela no es únicamente un edificio; construye doctrina, métodos de enseñanza y cultura profesional.
Cuando esas estructuras se dispersan, algo inevitablemente se pierde.
La historia de la Armada Argentina debería ser suficiente advertencia.
Argentina tuvo dos portaaviones: el ARA Independencia y el ARA Veinticinco de Mayo. Operó aviones de ataque embarcados y sistemas antisubmarinos, construyó destructores MEKO 360, corbetas MEKO 140, desarrolló una fuerza submarina y llegó a planificar la fabricación nacional de submarinos TR-1700.
No hace tanto tiempo.
Después comenzaron las “racionalizaciones”.
Hoy el país intenta recuperar lentamente algunas de aquellas capacidades.
Por eso considero equivocado reducir la discusión de Punta Indio a una supuesta eficiencia administrativa. Puede existir una justificación operacional para trasladar determinadas unidades hacia Espora, pero debería estar acompañada por un plan público que explique qué función estratégica conservará Punta Indio, qué medios permanecerán allí y cómo piensa la Armada sostener una presencia aeronaval en el acceso al Río de la Plata.
Si ese plan no existe, entonces no estamos reorganizando una base.
La estamos desmantelando.
Y el problema trasciende ampliamente a Punta Indio. Desde hace décadas, distintos gobiernos argentinos han coincidido en algo pese a sus enormes diferencias ideológicas: Defensa siempre puede esperar. Cambiaron presidentes, ministros, discursos y argumentos, pero las Fuerzas Armadas continuaron perdiendo capacidades.
Unos las abandonaron por prejuicios ideológicos.
Otros por indiferencia.
Otros por restricciones económicas.
Y algunos ahora pueden hacerlo invocando la palabra “eficiencia”.
El resultado material termina siendo exactamente el mismo.
El Gobierno de Milei tiene todavía la posibilidad de romper ese ciclo. La incorporación de los F-16 demuestra que cuando existe decisión política pueden recuperarse capacidades perdidas. Pero esa voluntad debe alcanzar también a la Armada, al Ejército, a los arsenales, a las bases, al entrenamiento y fundamentalmente al personal.
No alcanza con comprar sistemas de armas mientras se achica la estructura que deberá sostenerlos.
No alcanza con homenajear a los combatientes de Malvinas mientras se extinguen paulatinamente unidades que construyeron aquella capacidad de combate.
Y tampoco alcanza con afirmar que la Argentina vuelve a mirar estratégicamente al mundo mientras sus Fuerzas Armadas continúan administrando escasez.
Punta Indio cumplió cien años en 2025. Apenas meses después comenzamos a discutir qué quedará allí cuando se marchen su escuela, su escuadrilla y su taller. Quizás ése sea el dato que mejor sintetiza la política de Defensa argentina de las últimas décadas: heredamos instalaciones construidas cuando el país pensaba cómo defenderse y, un siglo después, debatimos cómo ahorrar cerrándolas o vaciándolas.
Una nación no descubre que necesita Fuerzas Armadas el día en que comienza una guerra. Para entonces ya es tarde. Las capacidades militares se construyen durante décadas y también se destruyen durante décadas, aunque para esto último sólo hagan falta algunas resoluciones administrativas y un nombre suficientemente elegante para presentar el retroceso como modernización.
Fuentes consultadas: Armada Argentina, Gaceta Marinera, Ministerio de Defensa, Boletín Oficial, antecedentes históricos de la Base Aeronaval Punta Indio, documentación sobre la organización de la Aviación Naval Argentina y archivos de Total News Agency





