“El mundo que se viene va a ser bipolar, con poco margen de maniobra para terceros. Vamos a tener que caminar por desfiladeros muy delgados. Los Estados no pueden ser Bambis que van por la pradera.” — Fabián Calle, analista internacional, septiembre de 2026
El dilema del Sur tuvo su semana más intensa, en estos últimos 5 días no faltó nada. Chile confirmó que los aranceles de Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) siguen en el 12,5% y sin acuerdo (al momento de escribir este artículo), sin declaración conjunta, sin fecha para el próximo encuentro. Mientras el número dos de la Oficina del Representante Comercial de EEUU (USTR) negociaba en Santiago, el secretario de Defensa Pete Hegseth reunía a los ministros de la región y les pedía tres cosas: a) integrar las operaciones antinarco a una coalición liderada por EEUU; b) aumentar los presupuestos militares y c) abandonar la Corte Penal Internacional (CPI). Las dos presiones llegaron a Santiago en la misma semana.
Mientras tanto, Argentina firmó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 867/2026 y el Decreto P868/2026, para el aumento del presupuesto de defensa, Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y procedimiento sancionatorio contra 45 personas y empresas vinculadas a la exploración petrolera en las Islas Malvinas.
El Brent superó los USD 96 el barril, tras una suba del 9,3% en una semana. Trump dijo que la posición de EEUU sobre las Malvinas está “bajo revisión”.
En cinco días, el dilema del Sur mostró sus dimensiones más profundas. Y también el sendero.
LA SEMANA QUE LO CONFIRMO
En mis dos artículos anteriores de esta saga describía el dilema de Chile y la trampa del procesamiento en el Triángulo del Litio. La semana del 3 al 8 de septiembre se encargó de corroborar los dos.
Chile no obtuvo acuerdo arancelario. En mi primer artículo señalaba que el arancel era el instrumento, no el objetivo. Washington usaría la presión comercial para obtener concesiones estratégicas reales. Lo que la negociación de agosto confirmó es que EEUU no necesita conceder nada en los plazos que Chile necesita. El precio del alineamiento sigue subiendo, ahora también incluye salida de la CPI y adhesión a una coalición antinarco bajo mando estadounidense.
En el segundo artículo mostraba que el Sur tiene las reservas, pero no el procesamiento. La semana de septiembre agregó una capa más que es que el Sur tampoco tiene capacidad militar proyectable en sus propias aguas estratégicas. La Base Naval Integrada en Tierra del Fuego que anunció Milei es la respuesta a una pregunta que la saga venía planteando implícitamente, ¿qué capacidades propias está construyendo el Sur mientras negocia su posición entre dos potencias?
Durante décadas la Argentina jugó al TEG con tres fichitas. Nuestros aliados eran Cuba, Angola y Caracas, como lo describió el analista Fabián Calle esta semana. En política internacional, eso no alcanza. Lo que la semana del 3 al 8 de septiembre mostró es que, lentamente, ese tablero está cambiando.
EL ESTRECHO DE MAGALLANES COMO EL ORMUZ DEL SUR
El mundo tiene seis pasos estratégicos, y quien controla esos pasos controla el mar, y quien controla el mar controla la globalización. Ya vimos en esta saga lo que ocurre cuando uno de esos pasos se cierra, con Brent cerca de USD 100 y el 25% del comercio marítimo mundial de crudo sin poder transitar normalmente el Estrecho de Ormuz, los mercados energéticos globales llevan meses en tensión estructural.
El Estrecho de Magallanes es el único paso natural Atlántico-Pacífico para grandes unidades de batalla. Los portaaviones son animales de 100.000 toneladas. El Canal de Panamá no los admite. El Paso Drake es navegable pero extremo. Magallanes es el camino. Y Magallanes es argentino-chileno.
La preocupación central de Washington en el Atlántico Sur no es Argentina. Es la debilidad británica como supervisora de un paso estratégico que hoy adquiere relevancia que no tenía desde la Segunda Guerra Mundial. China lleva dos décadas construyendo una presencia portuaria global con una lógica que recuerda a la Royal Navy del siglo XIX (puertos, trenes, minas, recursos que salen y van a China). Ya está en Yibuti, en el Medio Oriente, en Chancay (Perú). Durante el gobierno kirchnerista intentó obtener un puerto en Ushuaia y no lo logró. La pregunta estratégica no era si China quería ese puerto, sino qué iba a hacer quien controla el Estrecho cuando China tenga la marina que está construyendo.
En 20 años China va a disputarle los mares a Estados Unidos. Eso no es especulación, es el plan naval chino documentado y en ejecución. Y el Estrecho de Magallanes es el único paso natural por donde esa disputa puede pasar entre ambos océanos.
LA BASE DE USHUAIA Y LA IRONIA QUE NADIE SEÑALO
El DNU 867/2026 asigna fondos para la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. La asignación de fondos es cercana a los USD 140 millones, mientras que la inversión total ronda los USD 500 millones. Argentina recuperaría la inversión con creces en turismo, comercio y relevancia estratégica.
No va a ser una base estadounidense, como algunos quieren instaurar, va a ser una base argentina, como Puerto Belgrano o la base naval de Mar del Plata, que puede ser usada por los países que Argentina autorice. El punto que casi nadie señaló es la única base militar extranjera que existe hoy en Argentina, que es la que tiene la antena satelital del ejército chino en Neuquén. La Argentina no tiene ninguna otra instalación militar extranjera en su territorio. La base de Ushuaia no rompe ese principio, por el contrario lo refuerza desde el otro lado.
El Decreto 868/2026 agrega una capa que conecta directamente con mi segundo artículo de esta saga. Las empresas que quieran acceder al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) deberán acreditar que ni ellas ni sus socios directos o indirectos participan en actividades alcanzadas por la Ley 26.659, que sanciona la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin autorización nacional.
En el segundo artículo analizamos el RIGI como el instrumento que atrajo a Ganfeng Lithium con el 46,7% del capital de Cauchari-Olaroz y el 51% de su entidad financiadora. Ahora ese mismo instrumento lleva atada una cláusula de soberanía en el Atlántico Sur. La inversión en litio en Jujuy quedó jurídicamente conectada con la reclamación sobre Malvinas. Es la jugada más sofisticada del tablero argentino en lo que va de la saga.
Trump, en ese contexto, dijo que la posición de EEUU sobre las Malvinas está “bajo revisión”. Milei lo había anticipado en su discurso, el apoyo a Washington ha demostrado que Argentina “puede ser un aliado valioso en las décadas por venir”. Según varios analistas internacionales las dos cosas que más molestan a Gran Bretaña son que Argentina se lleve bien con EEUU y que dialogue pragmáticamente en lugar de confrontar; y lo cierto es que las dos están ocurriendo al mismo tiempo.
LA NEVA COMPLEMENTARIEDAD
Durante décadas, la relación económica Argentina-EEUU fue de competencia. Soja contra soja, pollo contra pollo, carne contra carne. La Argentina era un rival en los mercados agrícolas globales, no un socio complementario. EEUU podía conseguir lo mismo en otro lado.
Eso cambió, hoy día la Argentina de 2026 tiene gas y petróleo no convencional con rutas que no pasan por Ormuz, tiene litio, tiene cobre (el doble de las reservas de Chile, según algunas estimaciones), y tiene potencial para centros de datos de inteligencia artificial que requieren energía barata y tierras disponibles. “Este año la energía va a generar más recursos que la soja”, y por primera vez en décadas, Argentina no tiene carencia de dólares.
La complementariedad tiene una dimensión que la hace más durable que las alianzas anteriores, los recursos son provinciales. Aunque cambie el signo del gobierno nacional, los gobernadores de Jujuy, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego van a seguir extrayendo litio, petróleo y gas. La matriz productiva se federalizó, y el vínculo estratégico entre Argentina y EEUU en materia de recursos no depende de un solo ciclo electoral.
El círculo que esta complementariedad habilita es concreto, minerales y energía generan dólares. Los dólares permiten bajar retenciones al agro, y la baja de retenciones dispara la producción alimentaria. El modelo anterior, el del “chiringuito” manufacturero protegido que nos llevó al 54% de pobreza, nunca pudo sostener ese ciclo. Esto no es un argumento político, es aritmética.
LAS LINEAS ROJAS DEL DESFILADERO
Las líneas rojas americanas son tierras raras, puertos estratégicos, 5G y 6G, la hidrovía, energía nuclear y armamento. Si uno entiende esas líneas, después se puede hacer un montón de cosas.
El marco no es nuevo, y aunque parezca raro el kirchnerismo tampoco las cruzó, pese a la épica retórica antiimperialista. No hubo armamento soviético, no hubo puertos chinos, no hubo 5G chino en infraestructura crítica. Hubo una antena satelital en Neuquén (la única instalación militar extranjera en territorio argentino) que quedó como el límite preciso de hasta dónde se puede llegar. Más allá de ese punto hay tabla (la línea roja).
Lo que la semana del 3 al 8 de septiembre mostró es que Argentina está construyendo el sendero activamente, no solo describiéndolo. El RIGI atrae capital para el litio pero ahora exige que los inversores no operen en Malvinas. La Base Naval en Ushuaia define quién puede usar las aguas australes argentinas. Las sanciones contra las 45 empresas vinculadas al proyecto Sea Lion envían un mensaje a Chile, a Uruguay y a cualquier otro país que pueda convertirse en plataforma logística de la explotación petrolera en zona en disputa.
El sendero exige las dos cosas al mismo tiempo, saber qué no se puede hacer y construir lo que se necesita para hacer lo que sí se puede. Durante décadas, Argentina supo muy bien lo primero y no hizo casi nada de lo segundo. La base de Ushuaia, a USD 120 millones y cuarenta años de demora, es el primer signo concreto de que el segundo movimiento está ocurriendo.
CERRANDO IDEAS
En El Imperio Contraataca, Han Solo es perseguido por un Destructor Estelar y no puede huir, la solución no fue elegir bando ni esperar rescate, fue maniobrar en el campo de asteroides donde el Imperio no podía seguirlo. Un camino donde nadie quería ir. Estrecho y peligroso, era el único disponible.
El Sur no tiene hiperpropulsión. Tiene litio, cobre, gas, petróleo, el Estrecho de Magallanes y una posición geográfica que en el mundo bipolar que se viene adquiere relevancia que no tuvo desde la Guerra Fría. El campo de asteroides está mapeado, las líneas rojas están definidas. Solo falta aprender a maniobrar sin chocar contra ninguna de las dos paredes.
Esta trilogía arrancó con un país atrapado entre dos potencias y terminó con el mapa del único camino que existe. El dilema de Chile mostró que el alineamiento político con Washington no exime de sus aranceles. El Triángulo que no procesa mostró que tener las reservas sin refinería es seguir vendiendo la lana y comprando el pulóver hecho, como describió Prebisch hace setenta años. Y esta semana mostró que el Sur empieza, lentamente, a construir cornamenta propia, una base naval, una cláusula de soberanía en el RIGI, cuarenta y cinco sanciones que dicen que este territorio no está disponible para el que llegue primero.
El desfiladero es real, el margen de maniobra es estrecho, pero el sendero existe. La pregunta no es si el Sur puede caminarlo. Es si aprende a hacerlo antes de que los dos elefantes decidan que ya no les conviene que haya sendero.
*CEO & Founder GS2 | Seguridad Estratégica, Inteligencia Aplicada y Gestión de Riesgos | Asesoría para Empresas, Finanzas e Infraestructura Crítica
No dejes que el algoritmo oculte las noticias. Si confías en este sitio para obtener información confiable, por favor dedica un momento a seleccionarnos como tu fuente preferida en Google: haz clic aquí y marca el casillero o pulsa el botón de TotalNewsAgency.com para ver siempre nuestras noticias verificadas en tus preferencias.




