Los bonos argentinos completaron diez ruedas consecutivas de retroceso, el riesgo país superó los 600 puntos y los ADR volvieron a caer en Wall Street. La tendencia negativa comenzó antes del viaje presidencial a Nueva York, empujada por tasas estadounidenses superiores al 5%, menor acumulación de reservas y dudas sobre la economía y 2027. Sin embargo, la ausencia de una bilateral entre Javier Milei y Donald Trump terminó privando al Gobierno de la señal política que esperaba exhibir ante los inversores y pudo sumarse como un factor adicional de decepción en un mercado extremadamente sensible a la relación con Washington.
Buenos Aires – 25 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA– Los activos argentinos volvieron a sufrir este viernes una fuerte presión vendedora: el riesgo país superó los 600 puntos básicos, llegó intradiariamente a la zona de 628/630 y posteriormente se ubicó alrededor de las 611 unidades, mientras los bonos soberanos en dólares registraron pérdidas de hasta casi 3% y los ADR argentinos acompañaron con retrocesos que alcanzaron aproximadamente el 3%. El indicador elaborado por JP Morgan completó así diez ruedas consecutivas de aumento y regresó a niveles que no exhibía desde comienzos de abril.
La pregunta inevitable después de la gira presidencial por Nueva York es si una parte de esa caída puede relacionarse con un resultado político que quedó por debajo de las expectativas oficiales: Javier Milei no consiguió una reunión bilateral con Donald Trump. La evidencia disponible obliga, sin embargo, a diferenciar entre el origen del deterioro y un posible efecto adicional sobre las expectativas. Los bonos argentinos ya venían cayendo antes de que quedara definitivamente expuesto que no habría encuentro formal entre ambos presidentes. El riesgo país se encontraba en 490 puntos el 14 de septiembre, subió a 510 el día 16, alcanzó 555 el martes 22 y llegó a 578 puntos el jueves 24. Es decir, la tendencia estaba instalada mucho antes del cierre de la agenda diplomática neoyorquina.
Eso no significa que la política exterior resulte irrelevante para las cotizaciones. La administración Milei construyó una parte importante de su estrategia financiera sobre la alianza con Washington, el respaldo político de Trump y la expectativa de que esa relación facilite inversiones, financiamiento y acceso a organismos multilaterales. Una bilateral presidencial en Nueva York habría permitido al Gobierno exhibir una nueva fotografía de respaldo estadounidense precisamente en momentos en que los bonos necesitaban una señal para quebrar su racha negativa. Esa imagen nunca llegó.
En lugar de una bilateral con Trump, Milei mantuvo un contacto mucho más breve con el secretario de Estado Marco Rubio en un pasillo, mientras el presidente norteamericano desarrolló encuentros formales con otros mandatarios, incluso con el Primer Ministro británico con el que sí hablo sobre Malvinas. El viaje produjo anuncios económicos relevantes, entre ellos iniciativas estadounidenses para movilizar miles de millones de dólares hacia infraestructura, energía y minerales críticos argentinos, pero esos anuncios tampoco consiguieron modificar la dirección de los títulos públicos.
Desde esa perspectiva, la ausencia del encuentro con Trump podría haber funcionado como una oportunidad perdida más que como el detonante de la caída. Hasta este viernes no surgieron informes de operadores o bancos de inversión que atribuyan directamente las ventas de bonos al desencuentro diplomático. Los factores mencionados por el mercado son otros y comenzaron a operar varios días antes.
El primero es internacional y particularmente potente. La Reserva Federal de Estados Unidos elevó su tasa de interés el 16 de septiembre y anticipó que podrían producirse nuevos ajustes para combatir una inflación que continúa por encima de su objetivo. Simultáneamente, el rendimiento del bono estadounidense a diez años superó el 5% anual, niveles no vistos desde 2007. Cuando un título del Tesoro norteamericano ofrece semejante retorno, los inversores exigen rendimientos todavía mayores para mantener deuda de países de elevado riesgo como Argentina.
El efecto resulta especialmente severo sobre la deuda argentina porque sus bonos ya operan con rendimientos de dos dígitos. El aumento del costo internacional del dinero aleja nuevamente la posibilidad de que el Tesoro argentino regrese voluntariamente a los mercados externos, uno de los pasos que el equipo económico esperaba poder concretar cuando el riesgo país descendiera a niveles mucho más cercanos a 400 puntos.
Pero el castigo argentino está siendo mayor que el de otros emergentes, lo que revela que la explicación externa no alcanza. Durante ruedas en las que la deuda de países comparables permaneció estable, los bonos argentinos siguieron perdiendo terreno. Analistas comenzaron por eso a identificar una prima estrictamente local relacionada con reservas, actividad, sostenibilidad política del programa económico y proximidad creciente de la discusión electoral de 2027.
Otro elemento es el menor ritmo de acumulación de divisas del Banco Central. Después de fuertes compras durante buena parte del año, septiembre mostró una marcada desaceleración. El jueves la autoridad monetaria apenas consiguió comprar US$8 millones y las reservas brutas retrocedieron hasta unos US$48.845 millones. Para los acreedores, la cantidad de dólares disponibles constituye una variable particularmente sensible porque determina la capacidad futura del Estado para cumplir vencimientos y abandonar gradualmente la dependencia del refinanciamiento doméstico.
También reaparecieron dudas sobre la actividad económica. El mercado observa señales de estancamiento, debilidad del consumo y deterioro financiero de los hogares junto al crecimiento de la pobreza, mientras la morosidad continúa aumentando. Aunque Milei y el ministro de Economía Luis Caputo ratificaron en Estados Unidos que el programa económico continuará sin modificaciones y que están garantizados los fondos necesarios para atender los vencimientos, los inversores empezaron a incorporar una variable que meses atrás aparecía mucho más lejana: la sustentabilidad política del ajuste hasta las elecciones presidenciales de 2027.
Ese cambio resulta visible en la trayectoria del riesgo país. A mediados de julio había perforado los 410 puntos y algunos operadores comenzaban a analizar la posibilidad de una futura reapertura del mercado internacional. Dos meses después superó los 600, una corrección de alrededor de 200 puntos básicos que prácticamente clausuró por ahora esa posibilidad. El deterioro no ocurrió en una sola rueda ni coincide temporalmente con el viaje de Milei: fue progresivo y comenzó antes.
Sin embargo, la dimensión política no debe subestimarse. Los mercados argentinos poseen una sensibilidad histórica extraordinaria a las señales electorales y a la percepción de respaldo internacional. Distintos análisis financieros ya venían señalando que el inicio anticipado de la carrera presidencial, la evolución de la imagen del Gobierno y las dudas sobre el crecimiento comenzaban a influir en la cotización de los bonos.
En ese contexto debe interpretarse la fallida bilateral con Trump. No existen elementos suficientes para afirmar que los fondos vendieron bonos porque el presidente estadounidense no recibió formalmente a Milei, pero tampoco puede considerarse indiferente que una gira presentada como demostración de la alianza estratégica con Washington terminara sin el encuentro político de máximo nivel que buscaba la Casa Rosada. Para un Gobierno cuya proyección internacional está fuertemente asociada al vínculo personal entre ambos mandatarios, la falta de esa fotografía eliminó una posible señal positiva justamente cuando el mercado necesitaba razones para volver a comprar.
Los ADR aportan otra señal. Las acciones argentinas en Nueva York se movieron durante la semana en un contexto internacional adverso, pero varias profundizaron sus pérdidas al mismo tiempo que aumentaba el riesgo soberano. El viernes los papeles de empresas argentinas volvieron a operar mayoritariamente en terreno negativo y el S&P Merval cedió alrededor de 1,5%, confirmando que el deterioro dejó de limitarse a la deuda pública y comenzó a afectar de manera más general la valuación de activos locales.
El comportamiento de las próximas ruedas permitirá determinar cuánto corresponde al shock internacional y cuánto a la percepción argentina. Si los rendimientos de los bonos estadounidenses retroceden y los títulos locales continúan cayendo, aumentará la evidencia de que el problema es fundamentalmente doméstico. Si, en cambio, los activos argentinos recuperan terreno junto con el resto de los emergentes, una parte importante de la caída reciente habrá sido consecuencia del endurecimiento financiero global.
Por ahora, la cronología permite establecer una conclusión más precisa que atribuir todo el movimiento a una fotografía que no ocurrió: Trump no provocó el comienzo de la caída porque los bonos y el riesgo país ya se deterioraban desde diez ruedas antes, pero la falta de una bilateral impidió que Milei regresara de Nueva York con la demostración de respaldo político que podía convertirse en catalizador para detenerla. En un mercado donde el Tesoro estadounidense paga más del 5%, las reservas crecen con dificultad y los inversores vuelven a mirar las elecciones de 2027, el Gobierno necesitaba una noticia suficientemente potente para modificar expectativas; la gira produjo acuerdos e inversiones potenciales, pero no aquella señal presidencial que la Casa Rosada esperaba exhibir como confirmación de que su alianza con Washington permanecía intacta al máximo nivel.
Fuentes consultadas: JP Morgan; Banco Central de la República Argentina; Reserva Federal de Estados Unidos; Departamento del Tesoro estadounidense; Presidencia de la Nación; Reuters; informes de consultoras y operadores financieros.
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