La falta de coordinación del Gobierno en torno al Presupuesto 2027 y los cambios en las partidas destinadas a discapacidad terminó lesionando la relación con el PRO, expuso diferencias dentro de La Libertad Avanza y obligó a Karina Milei a intervenir personalmente para evitar que el conflicto parlamentario se transforme en una ruptura política. Las negociaciones con el macrismo continúan, pero el propio PRO admite que todavía está “lejos” un acuerdo electoral para 2027.
Buenos Aires – 26 Septiembre 2026 – Total News Agency – TNA- Un conflicto que comenzó como una discusión técnica sobre las partidas de discapacidad terminó convirtiéndose en uno de los problemas políticos más incómodos para el Gobierno de Javier Milei. La falta de coordinación en torno al Presupuesto 2027 abrió una crisis interna, provocó críticas públicas de Patricia Bullrich, irritó al PRO y obligó a Karina Milei a quedarse en Buenos Aires mientras el Presidente viajaba a Nueva York para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La secretaria general se puso así al frente de un operativo destinado a recomponer vínculos que el propio oficialismo había desgastado por no informar a tiempo cambios sensibles incorporados al proyecto presupuestario.
El episodio expuso una falla particularmente delicada porque no se trató solamente de una diferencia de criterio sobre discapacidad. Bullrich reveló públicamente que no había sido informada de las modificaciones introducidas por el Poder Ejecutivo aun cuando debía defender el proyecto y negociar votos en el Senado. La senadora sostuvo que semejante descoordinación la hacía quedar ante sus interlocutores “como un tonto o como un mentiroso” y recordó que incluso Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, tampoco conocía los detalles de los cambios.
La gravedad política del problema estuvo precisamente allí: mientras el Gobierno intentaba conseguir consensos parlamentarios para aprobar el Presupuesto, sus principales negociadores llegaban al Congreso sin conocer modificaciones de alto impacto. Bullrich advirtió que ese tipo de decisiones constituyen un “error no forzado” porque debilitan la credibilidad de quienes deben sentarse con aliados y opositores a cerrar acuerdos. No cuestionó solamente el contenido de la política sobre discapacidad, sino el funcionamiento mismo del circuito de decisiones dentro del oficialismo.
La respuesta de la Casa Rosada fue intentar cerrar rápidamente la crisis interna. Karina Milei encabezó una reunión de la mesa política en la que se discutieron las diferencias y se pidió a Bullrich que en adelante canalizara sus críticas puertas adentro. El Gobierno declaró públicamente que el conflicto había quedado superado, aunque la propia necesidad de realizar reuniones posteriores, una cena con senadores y nuevas conversaciones con aliados mostró que el daño no desapareció simplemente con esa declaración.
El problema más difícil apareció afuera de La Libertad Avanza. El PRO, que hasta ese momento venía sosteniendo conversaciones periódicas con el oficialismo para avanzar tanto en acuerdos legislativos como en un eventual entendimiento electoral para 2027, publicó un comunicado en el que cuestionó expresamente los cambios sobre discapacidad y sostuvo que “el Gobierno se equivocó”. Aunque el macrismo aclaró que continuará acompañando aquellas iniciativas que considere necesarias para sostener el rumbo económico, la crítica marcó un límite político frente a una decisión que consideró capaz de debilitar herramientas centrales para garantizar prestaciones.
Las diferencias no terminaron allí. La reunión entre La Libertad Avanza y el PRO prevista para esta semana estuvo en duda hasta último momento y finalmente se realizó en la Casa Rosada con la participación de Cristian Ritondo, Fernando De Andreis, Diego Santilli y Eduardo “Lule” Menem. El dato central surgió al finalizar el encuentro: los dirigentes macristas reconocieron que ambos espacios están “lejos de un acuerdo electoral”, aunque descartaron por ahora cualquier decisión que pueda favorecer el regreso del peronismo al poder.
La frase sintetiza el verdadero costo político del conflicto. Hasta hace pocas semanas, las conversaciones entre libertarios y macristas giraban sobre la posibilidad de construir acuerdos provinciales, coordinar estrategias legislativas y explorar un entendimiento más amplio rumbo a 2027. El oficialismo vinculaba incluso parte de esa negociación con la reforma política y la suspensión de las PASO. Hoy esa discusión continúa, pero atravesada por una desconfianza creciente sobre la forma en que la Casa Rosada administra compromisos, informa decisiones y trata a sus aliados.
Dentro del PRO existe además malestar porque dirigentes del partido consideran que La Libertad Avanza pretende conducir la negociación bajo sus propias condiciones mientras mantiene enfrentamientos políticos con administraciones y referentes macristas. Ritondo y De Andreis reivindicaron el apoyo que su espacio viene otorgando al Gobierno y remarcaron que pocas fuerzas opositoras acompañaron a una administración ajena con el nivel de respaldo parlamentario que el PRO brindó a Milei. Esa acumulación de respaldos vuelve todavía más sensible cualquier episodio en el que los aliados se sientan sorprendidos o desautorizados.
El conflicto por discapacidad también deja expuesta una cuestión más amplia dentro del oficialismo: quién decide, quién es informado y quién debe asumir después el costo político de esas decisiones. Karina Milei concentra la conducción política de LLA, Bullrich controla una pieza decisiva en el Senado, Martín Menem conduce Diputados y Santilli debe negociar con gobernadores y aliados. Sin embargo, el episodio mostró que una modificación presupuestaria capaz de alterar consensos ya trabajados puede ingresar al debate sin que varios de esos actores conozcan previamente su alcance.
La Casa Rosada intentó minimizar el conflicto calificándolo como una diferencia de opiniones y posteriormente presentó alternativas para corregir los puntos cuestionados. Pero el problema ya había trascendido el contenido concreto de discapacidad. Para el PRO, la discusión comenzó a funcionar como una señal sobre qué nivel de previsibilidad tendría una eventual alianza electoral con un oficialismo que todavía muestra dificultades para ordenar su propia mesa de decisiones.
La situación obliga ahora a Karina Milei a una tarea más compleja que simplemente recomponer una interna. Necesita sostener simultáneamente la disciplina de La Libertad Avanza, evitar nuevas fugas públicas como las protagonizadas por Bullrich y reconstruir confianza con un PRO que continúa siendo un socio parlamentario relevante, pero que no parece dispuesto a subordinarse sin condiciones al esquema libertario.
Por ahora no existe una ruptura entre ambas fuerzas. El PRO sigue acompañando iniciativas del Gobierno, manifestó coincidencias generales con buena parte del Presupuesto y mantiene abiertas las conversaciones. Pero el calendario electoral avanza y el entendimiento que semanas atrás aparecía como una posibilidad concreta hoy se encuentra bastante más lejos. La paradoja para Milei es que el obstáculo no surgió de una ofensiva opositora ni de una derrota parlamentaria, sino de una falla propia de coordinación que terminó convirtiendo una cuestión presupuestaria sensible en una advertencia política para quienes deberán decidir si en 2027 vuelven a caminar junto al oficialismo.
Fuentes consultadas: Infobae; TN; declaraciones públicas de Patricia Bullrich, Cristian Ritondo, Fernando De Andreis y Diego Santilli; antecedentes de Total News Agency – TNA.
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