El Presidente volvió a llamar “ladrón” a Luiz Inácio Lula da Silva y ratificó su respaldo político a Flávio Bolsonaro, que llegará al balotaje del 25 de octubre después de imponerse en la primera vuelta. La intervención vuelve a tensar una relación bilateral ya deteriorada y coloca a la Argentina en una posición de fuerte exposición política frente a la elección de su principal socio comercial.
Buenos Aires – 07 Octubre 2026 – Total News Agency – TNA-. El presidente Javier Milei volvió a involucrarse directamente en la campaña electoral brasileña al llamar otra vez “ladrón” a su par Luiz Inácio Lula da Silva y ratificar su respaldo a Flávio Bolsonaro, que disputará contra el mandatario brasileño el balotaje presidencial del próximo 25 de octubre.
Milei compartió este miércoles en su cuenta de Instagram una publicación del Instituto Cato que vinculaba el desgaste político de Lula y del Partido de los Trabajadores (PT) con los escándalos de corrupción que atravesaron a esa fuerza. Sobre la imagen del presidente brasileño escribió en letras mayúsculas: “LULA LADRÓN”.
La intervención se produjo apenas tres días después de una primera vuelta en la que Flávio Bolsonaro terminó en primer lugar con 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% obtenido por Lula. Ninguno superó el 50%, por lo que ambos volverán a enfrentarse en segunda vuelta el 25 de octubre.
La elección mostró además un fuerte crecimiento de la derecha brasileña. Bolsonaro ganó en 14 estados y en el Distrito Federal, se impuso en regiones clave como el Sur, Sudeste, Centro-Oeste y Norte y consiguió ampliar en varios distritos el desempeño que había obtenido su padre en 2022. Lula mantuvo una posición dominante en el Nordeste, donde continúa concentrando buena parte de su apoyo electoral.
La ventaja inicial de Bolsonaro fue acompañada, sin embargo, por una abstención extraordinariamente alta. Más de 33 millones de brasileños, alrededor del 21% del electorado, no participaron de la primera vuelta, mientras los votos blancos y nulos también aumentaron. Ese enorme universo de electores convierte al balotaje en una competencia todavía abierta y explica por qué ambas campañas se concentran ahora en conquistar votantes moderados, desencantados o ausentes.
Milei no ocultó nunca su preferencia.
El pasado 25 de julio viajó a São Paulo para participar del lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro y compartió escenario con él y con el gobernador paulista Tarcísio de Freitas. Durante aquel acto volvió a calificar a Lula como “ladrón”, “presidiario” y referente de lo que denominó “basura socialista”.
La reacción de Brasil fue inmediata.
El gobierno de Lula llamó a consulta a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, después de considerar las declaraciones de Milei una afrenta directa al jefe de Estado brasileño. Desde entonces, la relación política entre ambos gobiernos se mantiene en un nivel mínimo, sin reuniones bilaterales relevantes entre los presidentes.
El nuevo mensaje aparece además en un momento particularmente sensible porque Milei volverá a compartir escena con integrantes de la familia Bolsonaro apenas once días antes del balotaje.
El 14 de octubre está previsto que viaje a Washington para participar como invitado de honor de la Official Hispanic Heritage Gala, donde coincidirá con Eduardo Bolsonaro, hermano del candidato presidencial brasileño.
La sucesión de gestos consolida una posición que ya no puede ser interpretada solamente como afinidad ideológica privada. El Presidente argentino está interviniendo públicamente en la principal elección de América del Sur y respaldando de manera explícita a uno de los candidatos que disputa el poder en el país con el que Argentina mantiene su relación económica más importante.
Brasil es el principal socio comercial argentino, destino central de exportaciones industriales y pieza fundamental del Mercosur. El vínculo bilateral tiene además un peso decisivo para sectores como automotriz, autopartista, energético, agrícola y manufacturero, lo que vuelve especialmente sensible cualquier deterioro político prolongado.
La Casa Rosada ha sostenido hasta ahora que las diferencias ideológicas no deberían afectar la relación comercial. Pero la reiteración de ataques personales contra Lula introduce inevitablemente una dimensión adicional.
También merece precisión el antecedente judicial del presidente brasileño.
Lula fue condenado en causas derivadas de Lava Jato y permaneció encarcelado durante 580 días. En 2021, sin embargo, el Supremo Tribunal Federal (STF) anuló aquellas condenas porque consideró que la 13ª Vara Federal de Curitiba no tenía competencia para juzgar esos casos. Posteriormente, el máximo tribunal confirmó además que el entonces juez Sergio Moro había actuado con parcialidad en la causa del triplex de Guarujá. Como consecuencia, Lula recuperó sus derechos políticos y volvió a competir electoralmente.
Ese antecedente permite entender por qué el calificativo utilizado por Milei funciona actualmente como una acusación política y no como la descripción de una condena penal vigente.
La campaña brasileña también está lejos de ser una confrontación entre un candidato sin controversias y otro condicionado exclusivamente por sus antecedentes judiciales.
Flávio Bolsonaro enfrenta actualmente una investigación federal conocida como Dark Horse, relacionada con sospechas de lavado de dinero, evasión de divisas y corrupción. El candidato niega las irregularidades y, hasta el momento, no existe una condena en su contra por ese expediente.
El escenario obliga entonces a leer la intervención de Milei dentro de una disputa política brasileña profundamente polarizada y atravesada por cuestionamientos cruzados de corrupción, institucionalidad y modelo económico.
La estrategia electoral de Lula está siendo reorganizada después del resultado de la primera vuelta. Su comando reconoce dificultades para captar jóvenes y mujeres y busca recuperar parte de los más de nueve millones de votos obtenidos por candidatos eliminados, además de movilizar a los millones de ciudadanos que se abstuvieron.
Bolsonaro, por su parte, intenta conservar el voto duro heredado del bolsonarismo y ampliar su llegada hacia sectores moderados que rechazan al PT pero no necesariamente acompañan todos los rasgos políticos asociados a su padre.
En ese contexto, cada gesto externo puede convertirse en argumento de campaña.
El respaldo de Milei fortalece la identificación regional de Flávio Bolsonaro con los movimientos de derecha que también orbitan alrededor del presidente estadounidense Donald Trump, pero al mismo tiempo ofrece a Lula una herramienta para denunciar una intervención extranjera en la política interna brasileña.
La Argentina queda así expuesta a una apuesta poco frecuente entre países con semejante grado de interdependencia: su Presidente no solamente expresó preferencia por un candidato extranjero, sino que volvió a atacar personalmente al jefe del Estado vecino mientras la elección todavía está en desarrollo.
El 25 de octubre Brasil elegirá presidente. Sea cual sea el resultado, el día siguiente encontrará a Buenos Aires obligado a reconstruir o profundizar una relación indispensable. Si gana Bolsonaro, Milei habrá apostado al candidato vencedor; si Lula retiene el poder, la Argentina deberá administrar cuatro años más con un mandatario al que su Presidente llamó reiteradamente “ladrón”. Ese es el verdadero costo diplomático que comienza a acumularse detrás de una campaña electoral que formalmente pertenece a Brasil, pero en la que Milei decidió convertirse en un actor cada vez más visible.
Fuentes consultadas: resultados electorales de Brasil, Supremo Tribunal Federal, Reuters, AP, Folha de S.Paulo, información oficial brasileña, antecedentes diplomáticos entre Argentina y Brasil y documentación periodística relevada por redaccion de Total News Agency – TNA.
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