
Justamente, “El país de las ultimas cosas” trata un poco de eso, del salvataje de algunas cosas y personas en una especie de Arca de Noé, y por eso Chomski, siempre consultando a Paul Auster, decidió armar una producción internacional entre la Argentina y los estudios Pinewood de Republica Dominicana. “Son una especie de sucursal de los mismos estudios ingleses donde se filmaron todas las películas de James Bond, pero que trabajan en Santo Domingo con un gigantesco tanque para filmaciones submarinas, con buzos cameramen y toda esa parafernalia acuática. Pero, además del tanque, Pinewood tiene interés en hacer unas pocas películas independientes, y ahí es donde entramos nosotros. Me hubiera gustado usar el tanque para hacer que las escenas oníricas fueran acuáticas, pero la cámara submarina y los buzos eran muy caros para nuestro presupuesto. Apenas llegábamos a los 150 efectos especiales que necesitaba el guión. Y acá hubo algo en lo que la cuarentena nos benefició, y es que pasamos más tiempo eligiendo y mejorando los efectos en la post producción, que se hizo larguísima, y por eso teníamos más tiempo para trabajar con esos efectos y también con el diseño de sonido, que para mí es algo importante. Y trabajar con Auster y sus sugerencias. Le enviaba los cortes del crudo del rodaje y él me los devolvía con un montón de anotaciones, y entonces se los volvía a mandar con esas correcciones, y él volvía a mandar otras sugerencias nuevas. El tiempo es muy caro en el cine, pero gracias a esta desgracia de la pandemia pudimos tener todo el tiempo del mundo para perfeccionar la película”.
Algo de lo que Chomski puede hablar largamente es de la experiencia de trabajar con Paul Auster: “Para empezar, él no es solo un gran cinéfilo que conoce cualquier referencia de alguna película que le digas, sino que él mismo es un director que filmó cuatro películas, incluyendo ‘Smoke’. Lo conocí a través de un contacto cuando vino a la Feria del Libro después de 2001, y ahí vimos que los personaje de ‘El país de las ultimas cosas’ deambulaban por esa Buenos Aires con hordas de cartoneros. Para que pueda armar la producción él me vendió una opción de los derechos de la novela por un dólar, y me los seguía renovando por un dólar cada vez que se vencían. Y él fue el que apoyó mi idea de inspirarnos en ‘Stalker’ de Tarkovsky, sin dejar que la película quedara anclada en un país o un acento determinado.”
“Y esto es un detalle gracioso”, agrega Chomski, “porque cuando vi que íbamos a filmar en Republicana Dominicana, de golpe me di cuenta de que es un país sin actores profesionales, y que incluso si usaba actores no profesionales todos iban a tener acento dominicano e iban a anclar la situación. Así que entendimos que era importante tener acentos de todo el mundo ya sea de países hispanoamericanos, portugueses o franceses y que no los íbamos a subtitular, así damos una idea de Arca de Noé donde hay cada uno de los últimos que son rescatados simbólicamente”.
Mientras espera el estreno de esta película que tanto tiempo le llevo producir, Chomski ya sueña con otros proyectos imposibles: “Algo que me encantaría hacer es una serie biográfica sobre Licio Gelly y la logia Propaganda 2, que sería un proyecto internacional por todas sus ramificaciones, incluyendo haber llevado a Perón a la masonería”.





