
Con un 28,5% de intención de voto, según un sondeo reciente de Ipsos/Sopra Steria para el diario Le Parisien, la gran incógnita para el próximo 10 de abril será saber quién se disputará con Macron la presidencia dos semanas después.
Como en 2017, la principal rival del liberal es la ultraderechista Marine Le Pen (17,5%), seguida del izquierdista Jean-Luc Mélenchon (14,5%), de Éric Zemmour (11%, extrema derecha) y de Valérie Pécresse (10%, derecha), según la encuesta.
Los candidatos pusieron todo de su parte este domingo de cara a la recta final. Como en 2017, Mélenchon reunió a miles de personas en Marsella (sur) –35.000 según la organización–, así como Éric Zemmour, en su caso en París.
“Esta vez lo sienten como yo, no sabemos por qué, de repente nos dijimos: ‘Vamos a lograrlo'”, dijo Mélenchon en la segunda ciudad de Francia, urgiendo a votarle desde la primera vuelta si se busca impedir que la ultraderecha llegue al poder.
El izquierdista se presenta como el “voto útil” de una izquierda atomizada y el defensor del poder adquisitivo, en un contexto de alta inflación. Además, propone adelantar a 60 años la edad de jubilación, que Macron quiere atrasar a los 65.
“El gran problema para Jean-Luc Mélenchon es que existe una candidatura comunista que no existía en 2017”, estima el politólogo en Sciences Po, Gaspard Estrada, para quien esto podría impedirle llegar al balotaje, en beneficio de Le Pen.
Con un 3,5% de intención de voto, el comunista Fabien Roussel cargó el domingo contra la patronal en Toulouse, un tradicional bastión de izquierdas, mientras que el ecologista Yannick Jadot (6%) criticaba los “lobbies” en un mitin en París.
Para Adélaïde Zulfikarpasic, directora de BVA Opinion, la verdadera cuestión de la campaña es si Mélenchon “puede o no dar la sorpresa”. “Sobre el papel, podría”, si bien “Marine Le Pen es la que tiene una mayor dinámica al alza”, precisa.
Todo ello en un contexto de incertidumbre. “Cuatro de cada diez votantes que se dicen seguros de ir a votar siguen con dudas”, asegura Zulfikarpasic, para quien “puede que todo se juegue en las próximas dos semanas”.
Además de los votantes indecisos, Estrada apunta a la “abstención diferencial”: el electorado de Macron tiende a votar más que el de Jean-Luc Mélenchon o Marine Le Pen, más proclives a no ir a las urnas aunque su intención sea hacerlo.
La ultraderechista, que en su tercer intento de llegar a la presidencia se esfuerza en mostrar una imagen menos radical, viajó el fin de semana a la isla de Guadalupe, donde este domingo manifestantes interrumpieron una entrevista en televisión.
Más allá de la elección, Le Pen y Zemmour se disputan el liderazgo de la ultraderecha en Francia. Aunque el excomentarista llegó a ponerla contra las cuerdas tras su irrupción en campaña a fines de 2021, su candidatura se desinfla.
Para compensar esta caída, en parte causada por la percepción de su proximidad a Rusia en plena guerra en Ucrania, Zemmour radicalizó aún más su discurso y propuso crear un ministerio de la “remigración” para expulsar a un millón de extranjeros en 5 años.
Durante su mitin ante “100.000 personas” en la turística plaza de Trocadero, según reivindicó, Zemmour presentó de nuevo una Francia que correría el riesgo de desaparecer por los migrantes y urgió a una unión de derechas en torno a él.
“Elegí el Trocadero para venir a lavar las afrentas de la derecha”, dijo el polemista. En esta plaza, los candidatos de derecha tradicional en 2012 y 2017 –Nicolas Sarkozy y François Fillon– hicieron campaña, pero sin lograr la victoria.
La campaña electoral, opacada por la guerra en Ucrania, no despierta mucho interés en Francia. La principal televisión, la privada TF1, decidió así recortar su emisión de la noche electoral el 10 de abril para programar una película.
Fuente Ambito





