
En un momento en que los espías vuelven a ser protagonistas en los medios, tanto por las guerras como por problemas judiciales, aparece “Proyecto Silverview”, último libro de John Le Carré, eminencia indiscutida de la novela de espionaje. Nouvelle que escribió en 2014 y dudó cuándo debía publicarla. Antes de morir, en 2020, le pidió a Nick Cornwell, el menor de sus hijos, también escritor, que la revisara para su publicación. El europeísta Le Carré estaba indignado con el Brexit “la mayor estupidez perpetuada por el Reino Unido” y con la incompetencia alcanzada por los servicios de inteligencia, a los que había que reformar o directamente hacer desaparecer, drásticas ideas de quien había pertenecido a ese sector del Estado. Un cierto réquiem a los servicios de inteligencia se trasunta en esta novela donde, junto a la clásica relación entre maestro e iniciado, hay lealtades y traiciones, espías cansados, viejos topos que descubren que no han hecho nada para cambiar el mundo y que los activistas son mejores, y -como consagrado ironista- en el más rentable de los casos han participado de la corrupción de sectores del poder. Para Mick Herron, escritor de policiales, Le Carré muestra que “en el área de inteligencia cualquier cosa que no sea pragmatismo puede ser un grave riesgo para la seguridad, y que mientras los villanos de sus novelas traicionan a su país por ideología o, peor aun, por dinero, su gente decente lo hace por amor o idealismo”. En “Proyecto Silverview”, mientras a un antiguo jefe de inteligencia le advierten de la traición de un miembro destacado de la fuerza por otro, un treintañero financista, que cansado de los entuertos de la City decide convertirse en comerciante, adquiriendo la librería “El viejo marinero” (según poema de Coleridge) aunque no sepa nada de libros, pero el cliente Eward le explicará quiénes son Sebald y Chomsky, y le propondrá crear “La república de los libros” un lugar de encuentro para la gente de ese pueblo costero. El sesentón Edward Avon vive en la casona Silverview, tiene a su mujer enferma de cáncer, una hija seductora, y es un espía que no hace nada por casualidad, menos aun traicionar. A partir de ahí la atrapante trama de quien supo encontrar su propia cúspide entre los inolvidables Graham Greene y Ian Fleming.





