Por Daniel Romero
Buenos Aires, 29 de agosto de 2025-Total News Agency-TNA-Argentina debería observar con preocupación el impacto geopolítico del supuesto descubrimiento ruso de 511.000 millones de barriles de petróleo bajo el mar de Weddell —zona pretendida por el Reino Unido y también reclamada por Chile y por nuestro país—, un volumen que, de confirmarse, duplicaría las reservas probadas de Arabia Saudita y reabriría la disputa por recursos en el continente blanco. El caso vuelve a poner a prueba la vigencia del Sistema del Tratado Antártico y obliga a reforzar la defensa de los intereses nacionales con instrumentos diplomáticos, jurídicos y capacidades efectivas de presencia y control de parte de las FF.AA.
El marco jurídico.— El Tratado Antártico prohíbe la explotación de minerales e hidrocarburos y consagra a la Antártida como espacio de paz y ciencia. Especialistas en foros parlamentarios europeos alertaron que parte de la recolección de datos sísmicos podría “interpretarse como prospección”, extremo que Moscú niega al afirmar que sus campañas son estrictamente científicas. La naturaleza de los estudios —habituales en exploración petrolera— mantiene abiertas las dudas. Recordemos que Rusia también había asegurado que no pretendía invadir Ucrania.
Un tablero más tenso.— Potencias como Rusia y China ampliaron en los últimos años su huella logística y científica y bloquearon iniciativas para expandir áreas marinas protegidas, alimentando el temor de que los intereses estratégicos desplacen a las salvaguardas ambientales. En ese clima, la superposición de reclamos (Reino Unido, Argentina y Chile) y la falta de mecanismos coercitivos robustos argentinos complican la prevención de eventuales avances sobre recursos.
Cancillería y conducción del servicio exterior.— A la par del desafío externo, fuentes diplomáticas consultadas por TNA describen un proceso de desprofesionalización en la Cancillería argentina: los profesionales de carrera no solo han quedado al margen de la conducción, sino también de los principales escritorios y de embajadas estratégicas. La rotación política, vacancias prolongadas y la relegación de cuadros especializados erosionan la continuidad de la política exterior, debilitan la memoria institucional y restan capacidad técnica para sostener la posición argentina en foros clave —incluidos los vinculados a la Antártida, el Atlántico Sur y la gobernanza de recursos—.
La mirada argentina.— En un escenario donde gana terreno la “diplomacia armada”, la guerra no es opción, pero rige el principio de disuasión: si vis pacem, para bellum, (Si quieres paz, prepárate para la guerra). Para hacer valer derechos y obligaciones, la Argentina requiere densificar su presencia científica y logística en el Sector Antártico Argentino; recomponer y profesionalizar la Cancillería con criterios de mérito; modernizar capacidades de vigilancia, ciberinteligencia y control marítimo; jerarquizar salarios y carrera del personal de defensa y seguridad; y activar una ofensiva jurídica y diplomática coordinada con países afines para blindar el régimen antártico.
Riesgos y oportunidades.— Si el yacimiento se verifica, crecerá la presión por reinterpretar el statu quo. Los datos sísmicos alineados con formaciones petroleras conocidas pueden alentar tentaciones extractivas. Una estrategia argentina consistente —anclada en ciencia, derecho y cooperación— puede transformar el escenario en oportunidad: liderar estándares de transparencia sísmica, trazabilidad de datos y verificación internacional dentro del propio sistema del tratado.
La prueba central es política: si la comunidad internacional defenderá el andamiaje que mantuvo en paz a la Antártida por más de seis décadas. Para la Argentina, la coherencia entre discurso soberano y medios —diplomáticos, jurídicos y materiales— será determinante. Sin una Cancillería profesional, sin disuasión creíble y sin presencia científica sostenida, el país corre el riesgo de quedar relegado en una disputa que ya comenzó, aunque todavía se presente con ropaje “científico”.